miércoles, 29 de septiembre de 2021

The Art of the Book of Life

 



































































































Solo (o en compañía de otros)

Tras el final de la famosa serie de cómic, llega la esperada respuesta a una incógnita que ha mantenido a todos los fans en vilo


JOSÉ LUIS VIDAL

07 Abril, 2021 

¿Qué nos atrae de los villanos? Qué tienen estos personajes malvados para que sigamos sus peripecias, nos deleitemos con sus oscuros planes y hasta miremos de reojo cuando, de manera inesperada, hacen algo totalmente inesperado, que nos deja con la sangre helada.


The Walking Dead (Los Muertos Vivientes): ¡Negan vive!


Guion: Robert Kirkman

Dibujo: Charlie Adlard

Grapa

Blanco y negro

32 págs.

2,95 euros

ECC Ediciones


Tal vez, sabiendo que nos acercamos a un producto de ficción, tenemos una buena excusa para adorar a estos malosos que suelen tener mucha más fama que los heroicos protagonistas de sus historias, a los que con suma facilidad arrebatan la fama.

Y como ejemplo perfecto, el protagonista de este one shot, número único que nos desvela el paradero y estado de uno (por no decir el que más) de los mejores villanos que nos ha deparado la serie Los Muertos Vivientes.

Por supuesto, no voy a reventaros el final de ésta, tan solo deciros que después del cierre de longeva serie, quedó el fleco del destino que había tenido Negan que, como muchos de vosotros ya sabréis pasó de ser el enemigo más temido a redimirse con el tiempo, logrando ser aceptado, pese a la reticencia de algunos de los protagonistas.

Pues bien, el título de este cómic ya nos da la primera pista: ¡Negan vive! Este tipo, de pelo engominado, mirada intensa y chupa de cuero ha conseguido seguir sobreviviendo en este duro mundo en el que al menor descuido puedes ser atacado por uno de esos muertos que se arrastran sin un destino, tan solo guiados por el ruido y el olor a carne fresca.

Negan sigue vivito y coleando, pero solo, muy solo. El tiempo y todo lo que ha ocurrido han hecho que se haya alejado de todo rastro de civilización, o lo poco que quede de ella en este mundo prácticamente diezmado por la epidemia.

Pasa los días hablando consigo mismo, sin poder evitar lanzar varios tacos en cada frase, personal marca de la casa. Arrodillado ante la tumba de ese objeto por el que ha sido muy, muy conocido, Lucille, abre su oscuro corazón.

Y todo habría seguido así por mucho tiempo si no fuera por la súbita aparición de lo que Negan piensa que es un espejismo, pero que resulta ser muy real. Tanto como una joven rubia, atractiva y perfectamente vestida y peinada como si hubiera saltado desde ese ya tan lejano pasado en el que las cosas eran 'normales'.

Tras la sorpresa inicial, un en principio desconfiado Negan se relaja y compartirá lo poco que tiene con la hambrienta joven, que se convierte con rapidez en un rayo de esperanza, una luz en esa oscura e imaginaria mazmorra en la que el hombre se ha autorecluido.

Pero claro, si hay un detalle que haya caracterizado a esta fabulosa serie desde un primer momento es que en cualquier momento, de manera inesperada, el peligro puede surgir y romper la magia del momento…

Robert Kirkman y Charlie Adlard, después de la larga y fructífera experiencia que supuso para ellos construir esta exitosa saga, regresan, vuelven a trabajar codo con codo en este número tan especial por muchas razones: la primera, la argumental, ya os la he contestado anteriormente pero, sobre todo, la razón de su existencia parte de esta pandemia y sus desastrosas consecuencias para un sector como el de las tiendas de cómics.

Acciones como ésta demuestran la gran calidad humana de sus autores, y si además nos narran una historia apasionante, ¡qué más se puede pedir!


Malaga Hoy


Javi Aznarez, un dibujante en la ‘troupe’ de Wes Anderson

El ilustrador, que trabaja desde una cueva-galería en Cadaqués, ha llevado un tono más oscuro al universo preciosista del director de cine.


La primera ilustración de Javier Aznárez para Wes Anderson.ANNA HUIX

Begoña Gómez Urzaiz

18 SEPT 2021 

No es fácil para un artista vivir en “el pueblo más pintado del mundo”, como llama el ilustrador Javi Aznarez a Cadaqués. Para acabar de complicar las cosas, la galería que regenta junto a su pareja —­la también artista Elodie des Longchamps— y su socio, Ilich Roimeser, está ubicada en el que es probablemente el rincón más pintoresco de este pueblo de postal. Un lugar en el que, como dice el periodista Cristian Segura en su libro Gent d’ordre (Galaxia Gutenberg), “antiguos militantes de Bandera Roja y empresarios con helicóptero privado pueden coincidir un mediodía en la misma barca”.


El ilustrador Javi Aznarez en su casa-estudio en Cadaqués (Girona).ANNA HUIX

Quienes entran en el Taller de Tabakov quizá esperan encontrar una marina, una bonita acuarela para poner en su segunda residencia. En lugar de eso, se topan con los dibujos de Aznarez, de hombrecillos que juegan a la petanca con sus cabezas y amantes envenenados. “Tengo mi lado oscurito”, admite este autor de cómics de 42 años admirador de Quino y Sempé.

Al Taller de Tabakov, que se llama así en honor a un pintor ruso que dicen que murió allí, en esa misma cueva a tres pasos del mar, suele ir también Octavia Peissel, la productora y mano derecha de Wes Anderson, que veranea en Cadaqués desde niña. Fue ella quien propuso el nombre de Aznarez cuando el director buscaba a un dibujante para su película La crónica francesa, que recrea una revista ficticia basada en The New Yorker.


Cartel de la película 'La Crónica Francesa', realizado por Javi Aznarez.

Tras muchos retrasos debidos a la pandemia, la película se verá a partir del 23 de septiembre en la sección Perlas del Festival de San Sebastián y se estrenará en España el 29 de octubre. Salen todos los habituales de la troupe de Anderson: Tilda Swinton, Bill Murray, Saoirse Ronan, Owen Wilson, Adrien Brody, Timothée Chalamet y también muchos dibujos de Aznarez. “Me pidieron una prueba, me mandaron un encuadre del storyboard en el que se veía al dibujante de la revista [que en el filme interpreta Jason Schwartzman] con ocho pósteres detrás y tenía que reinterpretarlos. Me casqué cuatro dibujos en dos días y ya vieron que era rápido”, cuenta.


Uno de los dibujos del ilustrador. ANNA HUIX

Así entró Aznarez en el universo de Anderson. Y lo que tenía que ser una intervención puntual, terminó convirtiéndose en un trabajo de mucha más envergadura. Es suyo el póster de la película, en el que aparece todo el reparto en las oficinas de la revista, con la ciudad imaginaria de Ennui-sur-Blasé al fondo, así como las más de 30 portadas de la revista que aparecen en el filme. También hizo los dibujos de los créditos finales y los garabatos que adornan las oficinas de la revista en el plató. Su propia mano aparece en un plano. “Wes quería una mano estilizada de pianista, pero yo más bien tengo dedos de carnicero”, ríe.


Taller de Tabakov, la galería que regenta Aznarez en Cadaqués.ANNA HUIX

Su mejor y peor recuerdo del rodaje tuvo lugar en Angulema en 2019, cuando Anderson le pidió, delante de Bill Murray, el director de arte y todo el equipo técnico, que improvisase una caricatura de Jason Schwartzman para llenar un hueco en el decorado. El ilustrador llevaba casi 36 horas despierto porque le había tocado quedarse toda la noche dibujando en los muros del plató. “Por suerte, después de tantas horas trabajando, la mano me iba sola. Estaba como muy tranquilo. Al salir me vinieron los nervios y me empezó a temblar todo el cuerpo”.

Como les ocurre a tantos autores de cómic, el dibujo fue para Aznarez, antes que nada, un mal vicio que tarde o temprano habría que erradicar. Vivía en Barcelona y estudiaba en un elitista colegio del Opus Dei solo para chicos. “Me aburría terriblemente, era incapaz de escuchar a los profesores. Al final, uno, el profesor Viñeta, con ese nombre profético, decidió que me pasaría los textos que íbamos a dar en Literatura para que los ilustrase. También me pedían que hiciese caricaturas en las reuniones del claustro”. Quiso estudiar Bellas Artes, pero sus padres le dijeron que ni hablar. “Logré acabar Empresariales y Marketing en Icade. No fue muy difícil. Aquello era como una sucursal que habían abierto para niños tontos”. Un día, vagando por el Saló del Còmic, dio con el stand de la Joso, la escuela de cómic y artes visuales, y se matriculó por probar. “La primera mañana ya estaba encantado. Por fin podía dibujar tranquilo”.


Otro dibujo del artista. ANNA HUIX

Su primer libro, una historia de humor futurista que publicó en Casterman —la histórica editorial de Tintín—, se gestó a lo largo de dos inviernos en Cadaqués, donde ha hecho también de taxista y de camarero. De octubre a mayo es cuando más se percibe el lado siniestro del pueblo, dice. “Vas por la calle, oyes el ruido del viento y piensas: ‘Aquí podría asesinarme cualquiera y nadie se enteraría’. El sol cae enseguida porque la montaña se lo lleva y te sientes un poco indefenso”. Desaparecen los veraneantes y se quedan los parroquianos habituales, que desayunan todos —también él— en el casino del pueblo, un escenario altamente andersoniano. “Desde luego, Wes podría hacer una peli en Cadaqués, porque hay unos personajes importantes. Aquí es donde vienen a morir los elefantes”. Gente como Juanillo de la Isla, el barquero que cruza a los turistas a Port Lligat, o como los gemelos ingleses que fueron modelos de Dalí. Uno de ellos falleció hace unos meses. Por supuesto, todo el mundo en Cadaqués tiene su propia historia con el pintor.


La cabeza de Tabakov, un pintor ruso que dicen que murió en el taller del ilustrador.ANNA HUIX

Y todos, incluido Aznarez, se mueven por las calles encaladas de la localidad un tanto poseídos por el viento, el que toque ese día. “Es lo primero de lo que se habla en el casino. El garbí, por ejemplo, es un viento estrangulador, muy húmedo y asqueroso que nos deja todo el suelo mojado y nos arruga los papeles de la galería”. Junto a su colaborador habitual, Xavi Homs, Aznarez lleva años desarrollando toda una mitología en torno a los vientos, que ya plasmaron en un libro autoeditado, Ventvolgut estrangulador, y pronto concretarán en otro. Por encima de todos está siempre la tramontana, que en sus dibujos tiene la forma de una mujer desnuda, enorme y felliniana, debido a un recuerdo infantil muy concreto. “Cuando soplaba, mi madre nos llevaba a la playa de Sa Conca, que está más resguardada. Tiene una parte nudista y un día, cuando debía tener unos seis años, vi a una mujer enorme, desnuda, que me impactó mucho. Para mí está relacionado con la ignorancia del Opus Dei y su problema con las mujeres, a las que ven como fuente de todos los problemas”.

Durante años, Aznarez ha compaginado las ventas en la galería y sus propios proyectos con la clase de trabajos alimenticios que sostienen a los creativos freelance. Hizo vídeos para una marca de licores y dibujos para unos sujetadores ortopédicos. Sabe que tras la repercusión de su trabajo con Anderson todo esto podría cambiar. Ya le han pedido una ilustración para The New Yorker, el de verdad. Pero el dibujante no parece especialmente ansioso por capitalizar la oportunidad, buscar agentes en París y Nueva York y hacer todo lo que se supone que toca. En nada se vaciarán las terrazas del pueblo y empezará lo bueno.


El ilustrador en su mesa de trabajo.ANNA HUIX



El Pais


martes, 28 de septiembre de 2021

El oscuro rastro de la pantera negra

La publicación de un libro sobre el excepcional leopardo melánico africano invita a recorrer el mundo azabache de ‘Bagheera’ y de la fiera de Sivanipalli

JACINTO ANTÓN

01 MAY 2021 


Un leopardo negro en Kenia.WILL BURRARD-LUCAS

Parecía que este era el año del leopardo de las nieves y resulta que lo va a ser de la pantera negra. En la estela, en el rastro, por ser más exactos, de los estupendos libros de Vincent Munier y Sylvain Tesson sobre el pálido felino de las cumbres llega The black leopard (Chronicke Books, 2021), de Will Burrard Lucas, la maravillosa historia de la aventura de encontrar y fotografiar al rarísimo y misterioso leopardo negro en África.

Leopardo (Panthera pardus) y pantera son sinónimos y se emplean indistintamente, aunque se suele usar el segundo término para los leopardos asiáticos y especialmente para los leopardos negros de esas regiones que son denominados casi siempre panteras negras (como la buena de Bagheera de El libro de la selva o la feroz pantera negra de Sivanipalli, la otra gran fiera azabache icónica, cazada por Kenneth Anderson). El leopardo negro (pantera negra) es muchísimo más abundante en Asia que en el otro continente en el que vive la especie, África. Eso es así, según los científicos, porque el melanismo, el exceso de pigmento que vuelve negra la piel del animal, proporciona camuflaje adicional en las sombrías selvas del sudoeste asiático (Indonesia, Malasia, Tailandia, India, Sri Lanka), mientras que en la sabana africana te hace demasiado conspicuo, lo que no es un rasgo muy adaptativo: siempre es mejor pasar desapercibido.

Por lo visto el negro en los felinos está también asociado a mutaciones beneficiosas del sistema inmune: algunos felinos negros son más resistentes o inmunes a retrovirus como el virus de inmunodeficiencia felina (VIF) y el virus de la leucemia felina (VLFe). Son varias las especies de felinos que presentan melanismo, es decir que tienen individuos negros: un total de 13 de las 37 actuales, incluyendo leopardos, jaguares y servales, y, como todo el mundo sabe (y algunos temen), los gatos domésticos.

Curiosamente no hay leones ni pumas negros, aunque en las dos especies hay casos de leucismo y albinismo, es decir de fieras blancas. También hay tigres blancos ―yo mismo los he visto―, pero solo conozco una referencia a un tigre negro: el que menciona como caso excepcional el general R. G. Burton en su libro sobre devoradores de hombres (A book of Man Eaters, Mittal, 1856) y que le regaló el rey de Java a Napoleón en 1811. El singular obsequio fue interceptado por los ingleses en el mar a bordo de un barco camino de Francia y se exhibió en una jaula en Picadilly. En la menagerie de la Torre de Londres, por cierto, se mostraba un leopardo negro traído de los Sunderbans bengalíes.


Pantera negra retratada en la India.GETTY

Se calcula que el 11% de los leopardos del mundo son negros; parecen muchos, pero al ser negros y especialmente activos en las horas nocturnas resultan muy difíciles de ver. Pocos animales tan invisibles como un leopardo negro en la oscuridad, la verdad. Sin embargo, en The Leopard in India (Natraj, 2009), J. C. Daniel dedica hasta veinte páginas a los leopardos negros, sombras azabaches de la noche, de los que registra numerosos casos y dice que a menudo tienen los ojos de un azul pálido y que antiguamente se les consideraba una especie aparte, Felis fusca. Destaca que son fieras de mal carácter, incluso para ser leopardos. “Las panteras son notoriamente inciertas, pero las panteras negras son como las extremidades del diablo”, asevera. Pantera negra es, claro, en lo que se convierte la misteriosa serbia Irena Dubrovna (Simone Simon) en Cat People, La mujer pantera, de Jacques Tourneur.

Es cierto que impresionan. Kipling describió la suya, Bagheera, como “una sombra negra, de un negro de tinta toda ella, pero con marcas en la piel, propias de su especie, que según como les daba la luz parecían las aguas que llevan en la trama ciertas sedas”. Astuta, atrevida y sin freno, posee un secreto que solo conoce Mowgli: bajo la barbilla, en el cuello, la marca que deja un collar, pues nació en cautividad, en las jaulas del palacio real de Oodeypore, de donde escapó para infundir en la selva “más terror que Shere Khan”.

La otra gran pantera negra de la literatura es una pantera real. Todavía tantos años después, abro el viejo volumen (1961) de editorial Juventud de La pantera negra de Sivanipalli con un escalofrío. La historia del felino que da nombre al libro es una de las nueve que contiene la colección y pese a que se incluyen aventuras tan terribles como las de La pantera asesina de los montes Yellagiris, El asesino de Hyderabad o El devorador de hombres de Pegepalyam, ninguna ha dejado tanta huella en el recuerdo como esa fiera negra como el carbón que apareció en 1934 en la densa espesura selvática en las cercanías de la aldea de Sivanipalli. Kenneth Anderson, que se había enfrentado a leopardos y tigres antropófagos tan eminentes como el diablo manchado de Gummalapur y la tigresa de Jowlagiri, consideraba a la pantera negra “excepcionalmente peligrosa y agresiva”. En un pasaje el cazador avanza en pos del animal en medio de la noche, la oye deslizarse hacia él y enciende la linterna que lleva sujeta al cañón del rifle: aparecen dos perversos ojos de un color blanco rojizo, pero no puede distinguir al animal, invisible en la oscuridad.


Un fotograma de 'Cat People', de Jacques Tourneur.

En África, como hemos dicho, hay muchos menos leopardos negros. En realidad, nadie sabe cuántos menos, pero han de ser muchos menos, dada la escasa frecuencia de observaciones. De hecho, antes del que fotografió Burrard-Lucas y cuyos maravillosos retratos aparecen en el libro del que hablaba, la anterior referencia de observación científica de un leopardo negro se remonta prácticamente a 1909, cuando se tomó una fotografía de un ejemplar en Etiopía. Hay gente que dice que los ha visto, pero sin pruebas claras (?), de manera que el leopardo negro africano es una criatura casi mítica, stuff of legend que dirían un white hunter, Jorge de Pallejá o Hemingway. Se cuenta que los hay en los Aberdares y en el monte Kenia. En la primera zona yo mismo he rastreado huellas de leopardo, pero ni aun con toda mi imaginación puedo decir que fueran de leopardo negro.

Entonces, a inicios de 2019 comenzaron a llegar rumores de no uno sino hasta tres leopardos negros en la zona de Laikipia, en Kenia. El fotógrafo británico de naturaleza Will Burrard-Lucas había soñado con ver uno desde niño y salió para allí como un tiro. “No podía creerlo, ¿la oportunidad de ver un leopardo negro en África? Me quedé sin habla”, escribe con pasión contagiosa. Nacido en Kent, pero criado en Tanzania y con una enorme experiencia en capturar imágenes de vida salvaje africana, Burrard-Lucas había desarrollado sofisticados equipos de fototrampeo que le permitieron obtener increíbles estampas (están en el libro) de lobos etíopes, licaones, leones, leopardos y los grandes tuskers, elefantes de inmensos colmillos, del Tsavo.

La pantera negra de Sivanipalli.

Especializado en fotografía nocturna, parecía destinado a encontrarse en la noche africana con el leopardo negro. En Laikipia y ayudado por las fuerzas locales (incluidos los miembros de un programa de estudio de los leopardos sobre el terreno del zoo de San Diego), el fotógrafo desplegó sus cámaras por todos los sitios en los que se habían comunicado avistamientos. Al recoger las primeras trampas fotográficas ya apareció un leopardo: era tan negro en medio de la noche que a primera vista “solo se distinguían los dos ojos ardiendo brillantes en una parcela de oscuridad de tinta”. Pero lo tenía. “Nunca había capturado una imagen de algo tan raro, de una criatura más asombrosa”. No hay reto, subraya Burrard-Lucas, “como fotografiar a un animal negro en el negro de la noche; tuve que aprender cómo iluminar un sujeto que casi no refleja la luz en absoluto”.

Vinieron más fotos de Blackie, como bautizaron al animal, asombrosas. Unas con la Luna llena detrás del leopardo negro, el felino siempre con una calidad aterciopelada que se funde con la textura de la noche. Ebrio de pantera, obsesionado con la criatura, Burrard-Lucas quiso lograr una última foto: el leopardo con un fondo de estrellas. Y lo consiguió. Pero no se quedó ahí, luego pudo retratarlo en un árbol. Nadie ha fotografiado nunca un leopardo salvaje en el continente africano con semejantes belleza y profundidad. El trabajo no estuvo exento de riesgos. Explorando la maleza para colocar las máquinas y luego recogiéndolas, el fotógrafo tuvo varios peligrosos encuentros, con una cobra y con un gran leopardo normal (probablemente el padre de Blackie).

Finalmente, una noche colocando las cámaras entre las rocas, se dio de bruces con el mismísimo leopardo negro. “Lo vi con mis propios ojos, saboreando el momento de conexión envuelto en un sentimiento de paz”. Lo retrató entonces, mirándonos fijamente. Negro sobre negro. Toda la belleza salvaje del mundo en su magnífica, deslumbrante oscuridad.


El Pais


El gato detective Blacksad se reencuentra con sus lectores

Los españoles Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido publican en octubre la novela gráfica ‘Todo cae’, sexta entrega de su exitosa serie de novelas gráficas, mezcla de “fábula y novela negra”

TOMMASO KOCH

Madrid - 18 SEPT 2021 


Viñeta de 'Todo cae', de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido, publicada por Norma.

El caso es digno de investigación. Aunque, por una vez, a John Blacksad no le corresponde resolverlo. El enigma es precisamente él mismo. Y su éxito arrollador. Hace dos décadas que el gato detective creado por el guionista Juan Díaz Canales y dibujado por Juanjo Guarnido fue presentado al público con la novela gráfica Un lugar entre las sombras. El hechizo fue inmediato. Y se ha mantenido a lo largo de cinco aventuras. Dos millones de copias vendidas en Francia, donde debutaron. Y donde se han ganado una prestigiosa etiqueta, que suele acompañar sus volúmenes: “Serie de culto”. En España suman más de 100.000 lectores. Y un Premio Nacional de Cómic, obtenido con su última entrega, Amarillo, en 2014.

Desde entonces, el investigador descansaba. Y se relamía los bigotes a la espera de volver a la acción. Porque sus autores nunca consiguen pasar demasiado tiempo lejos de él. “Le tenemos un afecto desmedido”, relata Díaz Canales. En una videollamada, ambos cuentan que, cada vez que se ven, comparten ideas para algún nuevo relato. Y una de ellas se ha convertido en Todo cae, el esperado sexto capítulo de la trama, que Norma Editorial publica el 29 de octubre.

Años cincuenta, crímenes, gabardina y cigarrillos. El cóctel de Blacksad resulta irresistible para muchos. Como los clásicos de la novela negra, a lo Raymond Chandler, pero en cómic. Un “Disney para adultos”. O una “mezcla de fábula y género noir”, por ceñirse a sus propias definiciones. Aunque, en realidad, el tebeo luce muchos más colores: todos los de una metrópoli que vive y respira en cada dibujo. A veces, un diálogo cabe en una viñeta de formato tradicional. Otras, las imágenes piden una página entera sin palabras. Libertad creativa, en definitiva, avalada por galardones como el Eisner o el Harvey, aparte de las cifras de ventas, y hasta una adaptación al videojuego.

“La característica de la serie te impone unas ciertas normas, y una de ellas es permanecer fiel a esa época, los cincuenta. No tiene sentido contar la historia de una manera tergiversada, como no lo tendría juzgar a los personajes de Mad Men por machistas. Intentamos no caer en el anacronismo. Más que aplicar el revisionismo, presentamos las cosas como eran y que cada uno juzgue”, tercia el guionista sobre el mundo que retratan. Pero, además, el lector descubre en cada álbum un fresco social que habla de temas como el racismo, el extremismo o la generación beat. Cada caso, aparte de un misterio, aporta material para la reflexión. Esta vez, de fondo, también se deslizan grandes debates: la transformación de las ciudades, el urbanismo o la corrupción inmobiliaria. Argumentos familiares en España, aunque universales, al fin y al cabo. No por nada, la serie ha sido traducida a decenas de idiomas.


El dibujante Juanjo Guardino (derecha) y el guionista Juan Díaz Canales, en una fotografía tomada en 2008 en Gijón.EFE

A ello contribuye, también, su peculiar universo, poblado de animales antropomórficos. En busca de pistas, el gato se cruza con zorros, hipopótamos o serpientes. Una elección que varios cómics han abrazado en las últimas décadas, del celebérrimo Maus (Reservoir Books) a Las 5 tierras (Yermo Ediciones), pasando por Las crónicas del León Melquíades (ECC). Y que los dos autores reivindican. “Se puede buscar rastro de la figura de muchos animales en las distintas sociedades a lo largo de los siglos, desde referencias a la Biblia hasta la literatura de todas las épocas, pasando por la cultura popular o el refranero”, defiende Guarnido. “Te da una riqueza de matices muy explotable”, asegura Díaz Canales. Por ejemplo, con referencias simbólicas o juegos de palabras.

Detrás, los autores juran que no hay ninguna fórmula. Tan solo una regla: “Cada historia debe gustarnos a los dos”. La de Todo cae les intrigó tanto que se fue alargando. Y terminó dividida en dos partes. Para la segunda, habrá que esperar principios de 2023. Aunque sostienen que los ritmos solo los marcan ellos dos. “Nunca nos hemos visto obligados a alimentar el monstruo, a explotar la franquicia. Por eso en 20 años hemos hecho seis álbumes”, explica Díaz Canales. “El objetivo es hacer el cómic que nos gusta a nosotros, aunque siempre hay gente que lo critica por demasiado comercial”, agrega Guarnido.


Otra viñeta de 'Todo cae', sexta entrega de la serie 'Blacksad'.

“Blacksad tiene clara vocación de entretenimiento. Es muy agradable a la vista, con una narrativa accesible al gran público, pero eso no está reñido con darle un trasfondo. Hemos intentado guardar ese equilibrio, una historia que no renuncia a la acción pero a la vez trata un tema que nos parezca interesante. No busco casi nunca hablar del presente, pero afortunada o desgraciadamente los argumentos que usamos siempre están de actualidad”, defiende el guionista. Uno de los personajes principales de Todo cae, por ejemplo, evoca a Robert Moses, polémico jefe de urbanismo de Nueva York en la primera mitad del siglo XX.

El comienzo de toda la saga, en cambio, se debe a una inspiración de Díaz Canales. Como en los mejores idilios, Guarnido recuerda hasta el día en que ambos se conocieron: “1 de septiembre de 1990”. Coincidieron en un curso de maquetación, fueron admitidos y descubrieron una pasión común por el cómic. Un día, el guionista enseñó al dibujante una historia corta sobre un gato detective que había preparado. Cuando, tiempo después, Díaz Canales le planteó a su amigo publicar una novela gráfica juntos, Guarnido se acordó de aquel personaje que le había fulgurado. Y aceptó, a condición de que escribieran de John Blacksad. Ambos, a la sazón, trabajaban en la animación a tiempo completo. Pero la fascinación por el tebeo pudo más que su contrato fijo.

Un lugar entre las sombras salió primero en Francia. Donde vivía el dibujante y donde tenía que ser, según Díaz Canales: “A finales de los noventa era absurdo plantearte publicar en España. Habían cerrado prácticamente todas las revistas, no existía un mercado de novelas gráficas”. Mucho ha mejorado, desde entonces, pero prestigio y éxito editorial nacionales siguen lejos de ser comparables con Francia. “Ahí el cómic tiene una tradición y un respeto casi a la altura del cine”, insiste el guionista. Aunque Blacksad tiene seguidores en medio planeta. “Los gatos caemos siempre de pie, pero eso no implica que nos guste merodear por las alturas”, afirma el detective en una viñeta de Todo cae. Su serie lleva, sin embargo, 20 años ahí arriba. Y no muestra ningún signo de vértigo.


El Pais


lunes, 27 de septiembre de 2021

¿Quién soy yo?

La esperanza o el caos se encierran dentro de un jovenzuelo con astas de ciervo, que tan sólo busca conocer su verdadera identidad en 'Sweet Tooth. El regreso', cómic que firma Jeff Lemire


JOSÉ LUIS VIDAL

22 Septiembre, 2021 



Volver a un mundo ya conocido, muchos años después, para encontrarnos con la sorpresa de que ese joven es igual que Gus, aquel chaval que compartió mil y una peripecias en un mundo casi muerto, aquejado de una grave enfermedad, un virus que había diezmado a la población mundial y causado el nacimiento de los híbridos, seres humanos que compartían características animales, a los que se culpaba del desastre pandémico…

En el inocente rostro del protagonista de Sweet Tooth. El regreso se reflejan mil y una cuestiones, dudas nunca contestadas por la persona que le ha criado, Padre, un hombre recto, creyente, que ha tratado de llevarle por el buen camino con la ayuda de las Tatas, una orden religiosa femenina que sólo ha tenido una misión, cuidar de él, con rectitud no exenta de dureza.

Él ha podido correr libre, saltar, divertirse en ese bosque que parece no tener límite, un lugar que parece sacado de sus sueños, ya que roza la perfección. Pero existe una frontera, y sabe que nunca debe sobrepasarla, ya que lo desconocido y el peligro acechan más allá.

Siempre ha sido un niño obediente, dejándose inocular esa medicina que le mantiene sano, tal como Padre le ha repetido una y mil veces. Nunca ha desobedecido a sus mayores hasta ahora, momento en el que tiene extraños sueños en los que un hombre muy alto y fornido se dirige a él y le llama ¿Goloso? ¿Es ése su verdadero nombre? ¿Quién es ese hombre que parece conocerle bien? ¿Hay algo más allá de las lindes del bosque?

La juventud es la edad de la rebeldía, la valentía más ciega, así que sin pensarlo dos veces elabora un plan para huir, explorar ese nuevo mundo que quiere conocer. Y sí, existe, hay un lugar, desconocido hasta ahora, donde se topará con una niña, Penny, que se va a convertir en inesperada compañera en este viaje iniciático que hará que el protagonista sepa de dónde procede y, casi sin quererlo, adopte el papel de la llama que encienda el fuego de una revolución.

Y es que hay gente, un pueblo de humanos, de los pocos que han sobrevivido, que llevan años siendo oprimidos por el duro puño de Padre y sus Máscaras de Madera, un cuerpo que se encarga que nadie alce la voz en contra de los preceptos de aquel que todo lo sabe, aunque existe rebeldes como Pikton, un tipo que comparte un pasado con Padre (una reveladora serie de flashbacks nos lo muestran) y alienta a sus congéneres contra la tiranía de éste. Pero, ¿la huida del chico es real o se trata de un oscuro plan trazado por Padre?

La respuesta a esta pregunta la encontraréis en Sweet Tooth. El regreso, miniserie en la que Jeff Lemire, padre de la criatura regresa para revisar el futuro de ese mundo posapocalíptico que nació de su fértil imaginación y plantear un nuevo e intrigante misterio que hará que sigamos a ¿Gus? (si es que se trata realmente de él) para encontrar respuestas a sus preguntas, una solución a esos sueños, visiones que le relacionan estrechamente con un chico que vestía una camisa de cuadros roja.

Lemire, ocupándose en esta ocasión también de la parte gráfica, demuestra una vez más lo gran narrador que es, sumergiéndonos en un trama nueva que, pese a desarrollarse en un ambiente ya conocido para todos los que disfrutamos con la serie original (también publicada por la editorial ECC), nos deparará no pocas sorpresas, con esa mezcla de géneros tan características del autor, y que le han convertido en uno de los nombres más seguidos y valorados en el mundo del cómic en estos momentos, tanto por la variedad y originalidad de sus propuestas, gracias a su frenética actividad creadora, que hace que trabaje a la vez para varias editoriales (Image, Dark Horse…) y hace poco tiempo, este éxito ha hecho posible que la serie original, Sweet Tooth, dé el salto a la pequeña pantalla, con una adaptación que ha contado con el aprecio de los espectadores, convirtiéndose en un primer peldaño, ya que ya están en preproducción otras creaciones del guionistas canadiense, como la futurista Descender o la terrorífica Gideon Falls.

Pero no me gustaría olvidar a otro gran artista, cuya paleta da color a este mundo opresivo y subterráneo en el que se mueven los protagonistas, José Villarrubia, con el que Lemire se reencuentra tras haber trabajado juntos en la serie original y que aquí vuelve a dejar patente lo gran artista que es, y lo importante que es el color en una obra, ya que también es parte de la narración, hecho que muchas veces tendemos a olvidar.

Os propongo un plan para todos aquellos que aún no habéis disfrutado de este cómic. Sentaos cómodamente y lanzaos de cabeza, junto a sus protagonistas, a un mundo lleno de secretos, híbridos, peligros, psicópatas y, tal vez, algo de esperanza. Estoy seguro que cuando paséis la última página me lo vais a agradecer.


Malaga Hoy


«La edad de hielo del cómic», por Álvaro Pons

Por Álvaro Pons  22/09/2021 

Una reflexión sobre las dos realidades del mercado del cómic en España: desde el punto de vista del lector y del creador.



Foto de Miika Laaksonen

Que estamos viviendo un momento artístico y creativo espectacular en el cómic español es indudable. Si uno mira el listado de los más de 3000 tebeos que se publicaron el año pasado, cualquier selección de lo imprescindible contará con un buen número de obras de autoría patria. Autores y autoras que han dado el do de pecho en un año tan extraño como imprevisible, demostrando que la calidad que atesora el cómic en este país es, en una sola palabra, espectacular.

Desde hace ya unos años se ha instaurado el mantra de «la edad de oro del cómic español», y coincido en que es fácil instalarse en esa idea: si la creatividad de los autores y autoras españoles es impresionante, la diversidad que tiene a su alcance un lector hoy es todavía más increíble. Con casi 4000 novedades al año, nunca ha existido una oferta tan variada y tan diversa para los lectores y lectoras de este país.

Da igual lo que te guste: manga, superhéroes, novela gráfica…, la variedad es inabarcable para el perfil lector medio

Da igual lo que te guste: manga, superhéroes, novela gráfica, ensayo en cómic, los clásicos francobelgas de siempre, las obras maestras de la tira de prensa…, la variedad es inabarcable para el perfil lector medio, con más de 300 novedades mensuales que, además, se han desestacionalizado casi totalmente para beneficio del lector.

 Los más veteranos recordarán que, no ha mucho, los títulos más potentes, más importantes del año, se concentraban como novedades para el Salón Internacional del Cómic de Barcelona, hoy Cómic Barcelona, que podía acumular casi el 20% de las novedades anuales. Hoy, las obras más notables en catálogo se reparten por todo el año y el salón ha perdido importancia en la agenda de salidas editoriales ante la relevancia de Sant Jordi, la Feria del Libro de Madrid o la sempiterna Navidad para las campañas de marketing de las editoriales.


Foto de Jorgen Hendriks

El concepto de edad de oro tiene sentido desde esas dos perspectivas, es indudable, pero no puede ocultar una dura realidad que tiene mucho que ver con la llamada «normalización del cómic». Durante años, el cómic estuvo relegado a un ghetto endogámico: los tebeos eran publicados por editoriales de tebeos, distribuidos por distribuidoras de tebeos, vendidos en librerías especializadas en tebeos y leídos, casi en su totalidad, por coleccionistas y aficionados (casi siempre, sí, masculinos, no lo neguemos).

Desde que el cómic abandonó su reinado en los quioscos, perdiendo el foco como primer entretenimiento para los más pequeños que protagonizó en los años 70 y el impulso como lectura adulta que vivió en los 80, tuvo que recluirse en ese circuito cerrado que, afortunadamente, garantizó su supervivencia frente al auge de otras expresiones culturales, eso sí, a costa de quedar fuera del debate cultural e invisibilizado para la mayoría de la sociedad.

Afortunadamente, poco a poco, los cómics fueron volviendo al público general y lograron encontrar de nuevo lectores y, no lo olvidemos, lectoras, recuperando a los más jóvenes gracias al manga y al público adulto a través de la novela gráfica. La montaña que había que escalar era gigante, pero los escalones se fueron poniendo poco a poco: el éxito de las adaptaciones audiovisuales de cómic, el auge de los blogs de cómics que se vivió en los primeros 2000, la aparición de la novela gráfica que se generaliza como formato, la instauración del Premio Nacional de Cómic… Todos fundamentales para conseguir una mayor atención mediática que logró aumentar la atención de la sociedad hacia el cómic.

Y las cosas cambiaron, vaya si cambiaron: frente al circuito endogámico inicial, hoy encontramos que casi cualquier editorial que se precie tiene una colección dedicada a la historieta, que las librerías generalistas tienen asentadas secciones de cómic y que el público lector ya no es coleccionista, sino que se ha abierto y generalizado. Se puede resumir en una simple frase: la industria del cómic ha pasado a ser parte de la industria del libro. ¡Prueba conseguida! ¡Normalización obtenida!

Pero, ¡ay!, la cosa era más complicada de lo que parecía: el cómic, en eterna crisis, pasaba a un sector en una profunda reconversión. La industria editorial se enfrenta a una triple crisis: la que viene de la transformación digital (tanto en la venta, distribución como publicación), la ocasionada por la pérdida de lectores y la derivada por la huida hacia delante de la multiplicación infinita de novedades, a lo que hay que añadir una pandemia que puso patas arriba toda la forma de entender el consumo cultural.

Es cierto que, según se comenta en los mentideros y a falta de cifras oficiales, el cómic resiste en mejores condiciones que el resto de oferta editorial (de hecho, se habla de duplicación de ventas tras la pandemia), pero la realidad es tan contundente como terrible: las cosas no van bien.


las tiradas

Y el primer síntoma es doble: el aumento continuado del número de novedades y las tiradas cada vez más reducidas. Como cada vez hay menos lectores, las ventas son cada vez menores y las tiradas se reducen hasta límites increíbles. No es extraño ver libros con tiradas inferiores a los 500 ejemplares (cosas de la técnica, hace años era imposible hacer tiradas tan bajas porque se dispararían los costes, pero la impresión digital permite hacer tiradas a la carta a costes competitivos), aunque en el cómic es común que las tiradas se muevan entre los 1000 y 1500 ejemplares para las obras de autoría española.

La estrategia de la gran mayoría de editoriales es casi siempre la misma: ante la bajada de ventas, se aumenta el número de novedades para conseguir cuadrar números a fin de año. Una estrategia comercial común a libro y cómic que se puede considerar suicida habida cuenta de la reducción del pastel (lectores y lectoras) y la multiplicación de pequeñas editoriales que han aparecido en los últimos años. La oferta crece, la diversidad es cada vez mayor, pero las ventas por unidad siguen bajando en picado.


las ventas

El problema, claro, es saber cuánto venden los cómics. Sin datos conocidos, solo se puede trabajar con los que vienen de auditoras como Nielsen BookScan, ávidamente guardados por las editoriales que los manejan, pero de los que se van consiguiendo filtraciones bajo mano y que indican que las ventas de cómics en España están absolutamente dominadas por el manga, que podrían suponer más del 60% del mercado, seguido por los superhéroes y la novela gráfica (tomando la denominación como un formato cajón de sastre que incluiría desde el cómic infantil hasta la edición de clásicos de prensa) que se reparten los restos.

Aunque los tebeos más vendidos son japoneses, es cierto que la autoría nacional copa los primeros puestos de los tebeos más vendidos, con Paco Roca, Francisco Ibáñez o Moderna de Pueblo a la cabeza con cifras de ventas impresionantes, pero es un porcentaje exiguo del total. Si aceptamos los datos que da el último informe Tebeosfera, no llega al 15% el porcentaje de los tebeos publicados y producidos en España con autoría nacional.

Unos 500 tebeos de los que, con suerte, 50 o 60 tendrán tiradas y ventas superiores a los 1500 ejemplares. Pero la gran mayoría de los autores y autoras españolas se mueven por debajo de esos niveles de ventas, cobrando atendiendo a un reparto de beneficios tradicional que establece que el 10% del precio facial sin impuestos es lo que cobra el creador o creadora. Dado que una novela gráfica en España se mueve en el entorno de los 20€, es fácil llegar a un resultado desolador: los beneficios de más de un año de trabajo son, como máximo, unos exiguos 3000€ netos. Quiten impuestos, autónomos, materiales y comprobarán que la realidad de la autoría en España es terrible.

La precariedad de los autores y autoras en este país es una norma que tiene consecuencias inmediatas: primero, la emigración de nuestros autores y autoras hacia otros mercados como el americano o el francés (aunque este último está viviendo, en otra escala, problemas parecidos: la reducción de tiradas por el aumento brutal de títulos ha reducido las ganancias promedio por obra en casi un 50% en los últimos años); segundo, el abandono del cómic por parte de los autores y autoras hacia prácticas laborales artísticas más rentables.

Mientras los lectores disfrutamos de una edad de oro de oferta editorial, los autores y autoras viven una edad de hielo cada vez más gélida. Y la cosa no parece mejorar: la reducción de ventas se responde desde las editoriales con más y más novedades, intentando aquello de compensar la calidad con la cantidad. Una estrategia que puede funcionar a corto plazo (que nadie piense que los pequeños editores nadan en dinero, pero es cierto que hay una asimetría evidente: los editores pueden publicar en un año quince o veinte títulos y, aunque cada uno dé ganancias pequeñas, lograr a duras penas un sueldo de mileurista; los autores y autoras solo pueden sacar como mucho un título en ese periodo), pero que solo hace que alimentar la rueda de precariedad de los autores y autoras.



 

La edad de oro se alimenta de una burbuja que se mantiene solo gracias a la generosidad de los autores y autoras, que crean, nunca mejor dicho, por amor al arte.


La edad de oro se alimenta de una burbuja que se mantiene solo gracias a la generosidad de los autores y autoras, que crean, nunca mejor dicho, por amor al arte. Aunque es una situación que puede cronificarse y volverse endémica, aguantando eternamente gracias a la dinámica ultraliberal del mercado que establece que, si no crea uno, lo hará otro. Una posición tan egoísta como injusta que, en estos tiempos donde la sociedad se despierta y se hipersensibiliza ante las injusticias, debería tener respuesta de forma clara porque, no lo olvidemos, ataca directamente a la esencia de lo que nos hace sociedad y humanidad: la cultura.


buscar soluciones

No sé cuáles son las soluciones, pero hay que empezar a sentarse y hablar entre todos: instituciones, industria, creadores y consumidores forman parte del problema y de la solución. Estamos inmersos en un cambio de hábitos de consumo cultural brutal y radical, la digitalización y la globalización han transformado por completo nuestra relación con la cultura, y deberían ser parte obligada de las soluciones.


Es evidente que, por ejemplo, el pago por ejemplar vendido ha perdido todo su sentido en una época donde las ventas pueden ser digitales o las obras pueden convertirse en ejes de producción transmedia, donde la edición puede lanzarse a todo el planeta con la facilidad de un clic. Si las redes sociales se transforman en prescriptores culturales de proximidad, si las obras pueden descargarse por una banda cada vez más ancha, ¿no deberían las multinacionales digitales pagar por esos contenidos culturales?


Las formas de consumo cambian… ¿cómo se puede ayudar a que eso llegue a los autores? A buscar nuevas formas de distribución, venta y pago, como los crowfundings o los patrocinios directos. ¿Cómo afectará el modelo WebToons que está arrasando en Asia? Es muy probable que estas soluciones no puedan ser obtenidas exclusivamente mirando al cómic, sino mirando a la cultura en general, pero ojo, que las búsquedas de soluciones globales no nos hagan dejar por el camino las expresiones culturales menos potentes económicamente, como el cómic.


No nos equivoquemos: en este mundo globalizado y digitalizado, la cultura sigue siendo el centro absoluto de todo. Es verdad que se pierden lectores y lectoras de libro, pero consumimos creaciones, ya sean series, videojuegos, cine, cómics, libros, ilustraciones o arte de una forma masiva, como nunca antes. Y que tienen detrás autores y autoras que deberían poder vivir de ello.

La cultura, ahora en mil formas interconectadas entre sí, es más el centro de nuestra existencia que nunca, pero sus creadores y creadoras parecen más invisibilizados que nunca. Puede que, para muchos, les dé igual la precariedad y piensen que lo único importante es poder consumir, dando igual si un autor o autora puede mantenerse con su obra. Pero no debemos olvidar que la cultura crece y se desarrolla: la autoría no es flor de un día, necesita avanzar, crecer, desarrollarse… La mayoría de las grandes obras de la cultura han nacido de un poso previo que esta situación de precariedad cercena de un golpe.

Los autores y autoras de cómic necesitan vivir de su obra, necesitan poder crear para aprender, para mejorar, para descubrir y encontrar nuevos caminos y nuevas ideas. Para crear obras que hagan crecer la sociedad. Y, para eso, necesitan comer. Es así de simple.

Ya digo que no sé cuáles son las soluciones, pero es evidente que hay que empezar a buscarlas ya. Quizás como lectores y lectoras pensemos que podemos hacer poco, pero seguro que algo podemos: comprar tebeos, leerlos y hacer proselitismo de aquello que nos guste.

Algo es algo.

No dejemos que la edad de hielo sea eterna.


Gráffica


domingo, 26 de septiembre de 2021

La mejor defensa…

En el futuro más lejano, la paz y tranquilidad de la raza humana está garantizada gracias a la existencia de alguien muy especial, ¡OMAC!



JOSÉ LUIS VIDAL

22 Septiembre, 2021

Este volumen que contiene las aventuras de este héroe con pelo a lo mohawk fue la despedida de su creador, Jack Kirby, de una editorial DC en la que, pese a su talento y originalidad a la hora de plantear nuevos argumentos y crear personajes únicos (El Cuarto Mundo, Demon, Kamandi) las ventas no acompañaron a estas propuestas.


OMAC: Un ejército de un solo hombre.


Autor; Jack Kirby

Tapa dura

Color

176 págs.

19,95 euros

ECC Ediciones


Pero claro, el Rey no iba a marcharse sin dejar el pabellón bien alto, y para ello nació O.M.A.C., “El Ejército de un solo hombre” que nace a partir del cuerpo de un tipo de lo más normal, Buddy Blank, que seleccionado por la organización Agencia de la Paz, va a ver como su mundo (y él) se transforman totalmente.

El mañana que Kirby nos plantea en esta colección está corrompido por la maldad de una y mil organizaciones criminales, tipejos sin escrúpulos que son capaces de comprar toda una ciudad para celebrar junto a sus compinches auténticas bacanales del mal más absoluto.

Esto va a acabar en el momento en el que OMAC nazca de un rayo de energía y su poder y existencia estén íntimamente vinculados a un satélite inteligente que flota en la inmensidad del espacio, Hermano Ojo, que cuida y cuidará del bienestar del nuevo héroe, suministrándole la fuerza que necesite en momentos extremos.

Como siempre, marca de la casa, Jack Kirby nos regala unas dobles páginas que nos harán enloquecer a todos aquellos que le veneramos como el titán de las viñetas que es. Y para abrir boca, la primera misión del protagonista será enfrentarse a una empresa que se dedica a suministrar compañía femenina a todo aquel que la necesite… Pero no penséis mal, o tal vez sí, ya que su modus operandi es bastante inusual y macabro, transformando a bellas mujeres en auténticas muñecas para montar.

¿Pero quién está tras esta fachada, el que realmente maneja los hilos de Pseudogente Inc.?

Mr. Big tan solo será el primer villano al que OMAC  tendrá que enfrentarse, ya que a lo largo de los ocho números que contiene este volumen, desfilarán por él tipejos con nombres tan rimbombantes como el Mariscal Kafka, que junto a su ejército va a ser un hueso duro de roer; por no hablar de la Camarilla Criminal, organización que no podía tener un nombre que defina mejor sus actividades, y que ha solucionado de manera extrema el problema de la vejez, implantando el cerebro de ancianos millonarios en los frescos y bellos cuerpos de jóvenes a los que secuestra. Todos ellos están dirigidos por Fancy Freddy, un tipo de pétreo rostro y aviesas intenciones.

Y como colofón, un gran misterio. El líquido elemento, la preciada agua, está desapareciendo de lagos y mares. Tras este hecho hay, claro está, un mad doctor, Skuba, con el que OMAC va a tener más que palabras y que se convertirá en un hueso muy duro de roer, haciéndoselas pasar canutas al protagonista, que va a necesitar más que nunca la ayuda de Hermano Ojo.

Todas y cada una de las páginas dibujadas por Jack Kirby (y entintadas por Mike Royer y D. Bruce Berry) desprenden fuerza, pasión, una loca originalidad que hacen que este trabajo se consuma con un placer enorme, ya que es, por méritos propios, una más de esas grandes y personales aportaciones que el Rey de los Cómics hizo al universo de las viñetas y que han quedado ahí para que nosotros, lectores, las disfrutemos una y mil veces.


Malaga Hoy



jueves, 23 de septiembre de 2021

El mundo saqueado

Frederik Peeters narra en 'Saqueo', especie de poema en imágenes, la desolación y el desastre social y ecológico al que se enfrenta la humanidad en pleno siglo XXI


JAVIER FERNÁNDEZ

15 Septiembre, 2021 


'Saqueo'. Frederik Peeters. Astiberri. 96 páginas. 20 euros.


Volvemos al nuevo curso con tres estupendos títulos de Astiberri, que no deja de tentar a los lectores con una oferta variada y sólida. El primero de ellos, y el que he escogido para ilustrar esta nota es Saqueo, del ginebrino Frederik Peeters, uno de los nombres propios de la historieta europea contemporánea. Peeters ha dejado para la historia series monumentales como Lupus o Aama y títulos de la importancia de Píldoras azules, y, últimamente, había vuelto a librerías con una fantasía más ligera, El hombre garabateado (con guion de Serge Lehman) y esa especie de continuación espiritual de Píldoras azules que es Oleg, de las que ya le hablé en su día. Todo esto está en el catálogo de Astiberri, y la editorial vasca nos trae también Saqueo, una novela gráfica arriesgada y rabiosamente distinta. Peeters renuncia aquí al texto para narrar en una especie de poema en imágenes la desolación y el desastre social y ecológico al que se enfrenta la humanidad, por obra de la propia humanidad, en pleno siglo XXI. Inquietante, hermoso, conmovedor y misterioso, Saqueo ofrece una mirada al final del camino acercándose a los propios límites de la historieta. Como dice Laurence Houot: "cada página debe ser escrutada o contemplada como una pintura, la ausencia de texto deja al lector libre para leer o proyectarse como quiera en esta historia alucinada". Una pasada que les recomiendo encarecidamente.

Otro tipo que se ha ganado un puesto entre los dibujantes más significativos de cómic del panorama actual es Guy Delisle, con su peculiar fusión del reportaje y el género autobiográfico, a través de una propuesta estética magistralmente sencilla. Crónicas de juventud es la siguiente parada en el camino de que nos ha llevado a Shenzhen, Pyongyang, Birmania y Jerusalén, solo que aquí, Delisle no viaja en el espacio, sino en el tiempo, para llevarnos a su juventud, a los tres años que trabajó en una fábrica de papel de Quebec, antes de convertirse en el célebre historietista que es hoy. El álbum tiene todos los elementos que lo han hecho una referencia ineludible, la capacidad de observación, los personajes inolvidables, la limpieza narrativa, etc. Jean Dominic Leduc, de Les Libraires, opina que este es "no solo el libro más personal de su carrera, sino el mejor", y no diría yo tanto, pero sí que está en la línea de los mejores.

Por último, les quiero recomendar también El verano de su vida, la novela gráfica del escritor alemán Thomas von Steinaecker y la también alemana Barbara Yelin, una dibujante que merece toda nuestra atención. Con Irmina, se hinchó de ganar premios y nominaciones, por su línea expresiva y por su soberbio uso del color como un elemento narrativo propio. Aquí, la pareja creativa nos presenta a la anciana Gerda, que repasa su vida desde el ocaso en una residencia de ancianos. "Cada persona es un mundo y cada muerte es el fin de un mundo", dice Christop Hass en Die Tageszeitung, "rara vez se hace de forma tan inteligente, tan contundente", y, permítanme que añada, tan hermosa.


Malaga Hoy


miércoles, 22 de septiembre de 2021

Una singular versión

JAVIER FERNÁNDEZ

15 Septiembre, 2021 


'Bartleby, el escribiente'. José Luis Munuera. Astiberri. 80 páginas. 18 euros.


El historietista José Luis Munuera lleva dos décadas desarrollando una interesantísima propuesta para el mercado franco-belga, donde ha trabajado con luminarias como Joann Sfar (en series como Los Potamoks y Merlin) y con personajes de la solera de Spirou y Fantasio (o el propio Zorglub, de quien ha firmado un spin-off). Además de esto, y otras muchas colaboraciones, el de Lorca ha ofrecido obras personales de distinta índole, mostrando una gran amplitud de registros e inquietudes. Astiberri le publica ahora Bartleby, el escribiente, singular versión o apropiación de uno de los personajes más célebres de Herman Melville, que brilla, y de qué manera, con el virtuosismo gráfico y el cuidadoso uso de los colores de Munuera.


Malaga Hoy


martes, 21 de septiembre de 2021

La guerra desde el aire

JAVIER FERNÁNDEZ

15 Septiembre, 2021


'As de pique'. Ricardo Barreiro, Juan Giménez. ECC. 248 páginas. 30 euros.


La editorial ECC recupera una de las joyas del cómic bélico argentino, del subgénero de aviación que tan buenos tebeos ha dado (siempre que pienso en esto, me vienen a la mente el par de joyas que dibujó Alex Toth para la EC estadounidense, un prodigio de diseño y composición de página). Se trata, nada menos, que de As de pique, del guionista Ricardo Barreiro y el dibujante Juan Giménez, que, gracias a esta serie, se consagró como uno de los grandes artistas del concierto internacional. Ambientada en la Segunda Guerra Mundial, la serie muestra tanta atención a las máquinas voladoras como a los propios personajes encargados de pilotarlas, cuyos miedos y anhelos contrastan con la terrible realidad de la guerra, vista aquí como el mortífero sinsentido que es. Doscientas cincuenta páginas en poderoso blanco y negro que son parte de la historia del cómic.


Malaga Hoy


Imaginación y libertad

JAVIER FERNÁNDEZ

15 Septiembre, 2021


'Las puertitas del señor López'. Carlo Trillo, Horacio Altuna. Astiberri. 200 pág. 23 euros.


De todos los cómics nacionales sudamericanos, si hay uno que destaca por encima de todos los demás, este es, sin duda, el argentino. Se queda uno asombrado cuando repasa las obras y los autores que han hecho grande el tebeo argentino (realizado por nativos o inmigrantes), especialmente entre los años sesenta y ochenta del pasado siglo: H. G. Osterheld, Hugo Pratt, Alberto Breccia, Enrique Breccia, Francisco Solano López, Carlos Trillo, Horacio Altuna, Ricardo Barreiro, Juan Giménez, José Muñoz, Carlos Sampayo... La lista es impresionante, y más si la ampliamos con humoristas gráficos de la talla de Quino, Mordillo o Fontanarrosa (a los que siguen otros como Maitena o Liniers), o retrocedemos a la época dorada, justo anterior a las tres décadas que he mencionado antes, en donde asoman dos nombres esenciales: José Luis Salinas y Arturo del Castillo (conste que estoy siendo más divulgativo que científico, un poco llevado por la emoción). Y las semillas de esta mina de talento siguen hasta hoy.

Entre todos estos, hay dibujantes realmente excepcionales, y uno de ellos es Horacio Altuna, ganador del prestigioso premio Yellow Kid en 1986 y 2005 y del Gran Premio del Salón de Barcelona en 2004. Altuna tiene una larga lista de obras sobresalientes, especialmente las que firmó con el excelente escritor Carlos Trillo, de las que Astiberri ha reeditado recientemente El último recreo y Charlie Moon, a las que se suma ahora Las puertitas del señor López. El álbum recoge la serie iniciada en 1979, una metáfora de la falta de libertad de expresión en los tiempos de la dictadura, con un oficinista gris, atrapado en una vida tediosa, que se escapa al mundo sin límites de su imaginación cada vez que cruza una de esas puertas que dan título al cómic. El resultado es divertido, tierno, doloroso, sorprendente e inolvidable. La química entre Trillo y Altuna es total, y el dúo nos recuerda aquí que el escapismo, según de qué realidad se escape, más que una opción es una necesidad. Altamente recomendable.


Malaga Hoy


lunes, 20 de septiembre de 2021

¡Desenfunda las risas!

La genialidad y la inmensa pasión por el trabajo del Maestro Jan nos trae 'Cab Halloloco', uno de esos tesoros que era necesario recuperar, cosa que ha hecho realidad DQómics


JOSÉ LUIS VIDAL

08 Septiembre, 2021 





Tras una larga cabalgada por el desierto, con muchas millas a nuestras espaldas, vislumbramos en el horizonte la silueta de lo que parece ser un pueblo. ¿Será un espejismo?

Nuestro caballo, sediento, parece notar que allí encontrará algún abrevadero en el que saciar su sed, por lo que acelera el paso y en nada llegamos junto a un cartel, algo desvencijado, en el que podemos identificar el nombre del lugar, Pocostiros City…

Las calles están desiertas, tal vez el sol de la media tarde hace que sus habitantes se refugien en sus hogares, aunque a lo lejos pueden escucharse las alegres notas de una tonadilla que probablemente provengan del salón del lugar, que en estos momentos se convierte en un oasis en el que refrescar el gaznate, por lo que el solitario viajero encamina sus pasos hacia allí.

Y sí, sus pensamientos se convierten en realidad, el establecimiento dedicado al esparcimiento está repleto de parroquianos que, al entrar, le miran con cierta desconfianza, pero que con rapidez y una amable sonrisa le acogen como si le conocieran de toda la vida.

Y entre sorbo y sorbo a su zarzaparrilla, el viajero conocerá a un grupo de personajes, que parecen sacados de una de aquellas producciones americanas que nos mostraban historias de vaqueros, indios, pistoleros, señoritas en apuros, encargados de funeraria empeñados en conocer tus medidas…

Pero tranquilos, el contenido de este álbum tiene mucho más que ver con las desopilantes ocurrencias de los Hermanos Marx que con algunas producciones de John Ford, por lo que podéis despojaros de vuestra cartuchera. Olvidaos de los tiroteos, ya que aquí lo único que va a sufrir son vuestras mandíbulas al reír desenfrenadamente.Y es que Jan, el gran Jan, nos transporta al Far West, a ese Oeste americano en el que, valiéndose de los tópicos y estereotipos del género, le da la vuelta a una y mil situaciones en historietas de dos páginas, en las que el humor más loco, esa herramienta que maneja tan bien, hace acto de presencia.

En ellas, jugando con un nutrido dramatis personae, vamos a conocer al protagonista, que poco tiene de John Wayne o Gary Cooper. Su nombre es Cab Halloloco, un vaquero que combina las buenas intenciones con el despiste más absoluto, lo que suele provocar el caos a su alrededor, con no pocas víctimas de sus patochadas.

Él está rodeado de un plantel en el que se nos presenta al jefe indio Toro Furioso, al que reconoceremos por su peculiar manera de expresarse; Susanita, la rubia y bella hija del ranchero jefe de Cab; el Sr. Fill, sastre del lugar, al igual que Joe, propietario de una tienda en la que puedes encontrar desde víveres a un reluciente Colt 45; Eusebio, un casi siempre malhumorado mejicano que bebe los vientos por la joven Susanita, lo que provoca no pocas broncas con Cab y el pequeño Teodosio, que aunque lo intenta, nunca hacen caso…

Culminan este grupo de personajes el general Crant, malhumorado militar con el que es mejor no cruzarse, y menos si la casualidad (o no) hace que vistas de gris; Harry, un charlatán vendedor que siempre trata de embaucar con sus milagrosos productos a los habitantes del lugar; Supersonic Colt, que como su sobrenombre indica, es un tipo de lo más rápido y peligroso. Y para rematar, un tipo que prácticamente vive en el saloon. Chuck, un inofensivo borrachín.

Pues bien, con este nutrido grupo de personajes, pasados por la imaginación y el talento de Jan, éste compone una loca sinfonía que ahora, años después de haber sido publicada en la desaparecida revista Jauja (publicación nacida en los años 80, y que supuso una vía de escape laboral perfecta para muchos autores que venían de Bruguera y cuyo editor, Miguel Pellicer Esteban, escribe la introducción a este volumen) podemos disfrutar, coloreada de nuevo al completo por el propio Jan, que se maneja a la perfección en el mundo digital.

Pero por si todo esto no fuera atractivo suficiente, el autor nos hace un gran regalo, ya que ha dibujado una especie de prólogo a las peripecias de Cab en la que un tipo barbudo y canoso (Mmmm, no sé a quién me recuerda…) aparece sobrevolando el desierto y la casualidad hará que se tope con muchos de los personajes que he presentado anteriormente, provocando no pocas y divertidas situaciones, nacidas del equívoco la mayoría de las veces.

La editorial DQ, con su línea dedicada al Noveno Arte, se ha empeñado en hacernos la vida más feliz. Y a fe mía que lo está consiguiendo, ya que además de este recién publicado Cab Halloloco, hace pocos meses nos deleitaron con otra de esas joyas recuperadas de la extensa obra firmada por el papá de Superlopez. Me refiero, claro está, a Super Rayón. Y estas son sólo dos de las obras publicadas en la línea DQómics. Os recomiendo que os deis un paseo virtual por su web para poder alucinar con otras joyas del Noveno Arte que ya forman parte de su catálogo.

Y dicho esto os planteo un reto, una vez leído el contenido de este álbum, ¿A ver quién es el más rápido a carcajearse al oeste del río Pecos?


Malaga Hoy


domingo, 19 de septiembre de 2021

O limpiada con bayeta, o limpiada con estropajo...

'Mortadelo y Filemón - Tokio 2020', de Francisco Ibáñez, narra la misión que cumplen estos dos agentes secretos en los únicos Juegos Olímpicos que se pudieron celebrar durante ese año


GERARDO MACÍAS

08 Septiembre, 2021 


'Mortadelo y Filemón - Tokio 2020'. Guion y dibujos: Francisco Ibáñez. Penguin Random House Grupo Editorial, 2020.


O limpiada con bayeta, o limpiada con estropajo... Desde 1972, Francisco Ibáñez ha acercado 11 veces al mundo olímpico a Mortadelo y Filemón, En el álbum En la Olimpiada, Mortadelo pronuncia una de sus frases más recordadas. Al ser preguntado sobre qué es una Olimpiada, responde: "O limpiada con bayeta, o limpiada con estropajo, relucirá su cazuela con detergente Cascajo". El gag es el más celebrado por los lectores, a pesar de haber más de 200 álbumes de la serie, tanto es así que lo reutilizaría, años después, el popular programa televisivo Las noticias del Guiñol (Canal +, 1995-2008).

En 1972, Ibáñez había abandonado el estilo de la escuela francobelga y evolucionaba hacia algo más personal, en línea con el slapstick de Charlot, completado con diálogos propios de Groucho Marx, y la parodia de 007, leitmotiv de la serie desde que los protagonistas ingresaron en la T.I.A.

El álbum En la Olimpiada (1972) coincidió con los Juegos de Munich, pero, cuatro años después, se rebautizó como Gatolandia 76. Aunque no se citó Montreal, la serie conserva la continuidad con los siguientes álbumes olímpicos: Moscú 80, Los Ángeles 84, Seúl 88, Barcelona 92, Atlanta 96, Sydney 2000, Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012, Río 2016, y ahora, Tokio 2020.

La salida a la venta de Tokio 2020 estaba prevista para abril del mismo año, pero, a causa del confinamiento, tardó más de lo previsto en llegar a las librerías. El álbum se presenta con una faja donde reza: "Los únicos Juegos Olímpicos que sí tendrán lugar este año".

En su nueva aventura, el Súper llama a Mortadelo y Filemón, ya que uno de los países que participarán en los Juegos Olímpicos pretende anular a los demás participantes en la competición rociándolos con una sustancia llamada tontimicina, que hace que quien la huela se vuelva alelado. Mortadelo y Filemón observan de cerca a los participantes para tratar de descubrir a los saboteadores.

Una vez en Tokio, aparece la divertida escena del desfile de participantes. A partir de la página 10, Ibáñez propone toda serie de enredos sobre la tontimicina: los agentes creen entender algo, provocan un incidente, y les sacan del equívoco para a continuación huir, si no son apaleados. Entre gag y gag alrededor del elixir, hay otros provocados por los intentos de colarse en los estadios donde se disputan las pruebas.

Ibáñez demuestra que está al día haciendo que Mortadelo se disfrace de dron, por ejemplo. También renueva el estilo de sus gags usando metalenguaje, cuando Filemón se refiere en la página 33 a un acontecimiento, nombrando expresamente que sucedió en la página 19. A los japoneses los hace hablar con "eles" en lugar de "erres". Todo un tópico, pero en la vida real, el fonema que les cuesta trabajo pronunciar a los nipones es, precisamente, "ele".

Trump y otras personalidades sufrirán los despistes de Mortadelo y Filemón. No es la primera vez que aparecen personas reales en un álbum de los agentes de la T.I.A. Por ejemplo, en Barcelona 92, el dúo participa en un operativo de seguridad cuyas consecuencias sufren, entre otros, François Miterrand, Felipe González, Jordi Pujol, José María Aznar, Pasqual Maragall, George Bush y el Papa Juan Pablo II, mientras que el propio Francisco Ibáñez llega a los Juegos Olímpicos como VIP.

Los álbumes olímpicos de Mortadelo y Filemón corresponden a las diversas etapas del desarrollo de los personajes. Cuando toman su primer barco con destino a los Juegos, Mortadelo y Filemón era considerado un cómic infantil. Pero Ibáñez siempre tuvo muy claro que había que seguir el crecimiento de sus lectores, y por eso mismo, se va dirigiendo cada vez más hacia un público juvenil y luego adulto.

Ibáñez se define como poco aficionado a los deportes. Así, la presencia olímpica de Mortadelo y Filemón es prueba de la importancia de los Juegos, en los que los agentes de la T.I.A. suelen sembrar el caos y formular acertadas críticas.

Francisco Ibáñez (Barcelona, 1936) es el autor de cómic que más vende en España. Publicó su primera aventura de Mortadelo y Filemón en la revista Pulgarcito nº 1394 de Editorial Bruguera, el 20 de enero de 1958. Ibáñez es el creador de series míticas del cómic español como Pepe Gotera y Otilio, 13, Rúe del Percebe, Rompetechos, y El botones Sacarino, entre otras.


Malaga Hoy


Desde Rusia con amor

'Viuda Negra-Witsi Witsi Araña' (1999), de Devin Grason y J. G. Jones, es la primera miniserie de la trilogía que narra los primeros encuentros entre Natasha Romanov y Yelena Belova


GERARDO MACÍAS

01 Septiembre, 2021


'Viuda negra'. Guion: Devin Grayson y Greg Rucka. Dibujos: J. G. Jones, Scott Hampton e Igor Kordey. Panini Cómics, 2020.


La película Desde Rusia con amor (1963), es la segunda de la serie de 007 protagonizada por Sean Connery. James Bond es enviado para ayudar a la huida de Tatiana Romanova, espía soviética y empleada del consulado de la URSS en Estambul, Turquía.

Meses después del estreno de esta película, debutó en los cómics Natasha Romanova, compartiendo apellido, profesión y patria con la chica Bond. Fue en la cabecera de Iron Man, Tales Of Suspense nº 52 (1964). Natasha es una espía soviética enviada para asesinar a Tony Stark, a quien cautiva con su belleza. No tardó mucho en cambiar al otro lado del Telón de Acero, para ser Agente de SHIELD y Vengadora, además de pareja sentimental de Daredevil y de Hawkeye.

A finales de los años 90, Marvel fundó el sello Marvel Knights para publicar historias de los personajes urbanos con un carácter más adulto. Las series Spider-Man, Punisher, Daredevil, etc., consiguieron rápidamente en este sello el favor del público. Cómo la jugada les salió, decidieron sacar el sello Marvel MAX, con menos restricciones todavía. Entre estos dos sellos, la Viuda Negra recibió una trilogía que la puso nuevamente en el candelero, y Panini Cómics, licenciataria de Marvel Cómics en España, reunió dicha trilogía en un único volumen para celebrar el estreno de la primera película individual de esta Vengadora, dirigida por Cate Shortland y protagonizada por Scarlett Johansson en el papel de Natasha Romanoff y Florence Pugh, interpretando a Yelena Belova; ambas viudas negras.

Natasha Romanova aparece en dos de las tres historias de este tomo que sirve para definir al personaje y situarlo en el Universo Marvel. Pero la novedad es Yelena Belova, la joven que se convierte en la nueva Viuda Negra soviética. Una espía impulsiva que necesita eliminar a la veterana Vengadora para ocupar el título.

La primera historia, que da título al tomo, es Witsi Witsi Araña. Publicada originalmente bajo el sello Marvel Knights y escrita por Devin Grayson. Comenzando con un cameo de Matt Murdock, alter ego de Daredevil, se presenta a una Natasha más humana que nunca, a la que se le encarga una misión en Rhapastán, un estado ficticio de Oriente Próximo, para recuperar un nuevo suero del Supersoldado. Sin embargo, se da cuenta de que no es la única a la que le han encargado esta tarea: una nueva y más joven Viuda Negra, Yelena Belova, entra en escena con intención de superar a su predecesora. Natasha ya no sirve a la Madre Rusia, lo que hace que esta nueva Viuda Negra funcione muy bien como contrapunto a la veterana, y que los caracteres de ambas queden bien diferenciados. Dibuja J. G. Jones con movimientos al estilo cinematográfico, que contribuye al tono de una trama típica de James Bond.

La segunda historia, Colapso, también fue editada originalmente bajo el sello Marvel Knights y en ella se vuelven a enfrentar las dos viudas, esta vez en una historia mucho más psicológica y con menos acción que la anterior. Con un punto de partida deudor de la película Cara a cara (1997) dirigida por John Woo y protagonizada por Nicolas Cage y John Travolta, asistimos al intercambio de rostros entre Yelena y Natasha. A la maestría de la trama escrita por Devin Grayson y Greg Rucka, contribuye Scott Hampton dibujando con su estilo de color directo acuarelado de gran calidad, lleno de contrastes y una estética clásica. Esta historia cuenta con los cameos de Daredevil y Nick Fury, director de SHIELD, como estrellas invitadas.

La tercera historia es Pálida arañita, enmarcada en el sello Marvel MAX, debido a la inclusión de cierto componente sadomasoquista en la trama. Greg Rucka, al cargo del guion, nos lleva a los primeros días de la carrera de espía de Yelena, cuando le fue encomendada su misión de debut: investigar a la persona que la acogió cuando quedó huérfana y la ha apoyado desde entonces, el teniente coronel Starkowsky, del Servicio de Inteligencia Exterior, que ha sido encontrado muerto en un club de alterne de Moscú, y se sospecha que ha filtrado información sobre el Proyecto Viuda Negra. Conocemos el pasado de Yelena, con un dibujo feísta llevado a cabo por Igor Kordey. Esta historia es precuela de las anteriores y está centrada en la formación de Yelena como espía en la Sala Roja.


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