miércoles, 16 de enero de 2019

El nuevo cómic de Astérix y Obélix saldrá en otoño

Será el cuarto álbum escrito por Jean-Yves Ferri y dibujado por Didier Conrad


Madrid 14 ENE 2019





Astérix y Obélix, los personajes de la irreductible aldea gala que en 2019 cumplen 60 años, tendrán un nuevo álbum, publicado por Salvat, el próximo 24 de octubre. Será el número 38 y su título aún no se conoce. Tampoco la temática de la nueva historia de estos famosos galos que, gracias a la poción mágica del druida Panorámix, forman la mayor resistencia contra los romanos de Julio César en el año 50 antes de Cristo. Pero antes que éste vea la luz se publicará otra entrega que lleva al cómic el argumento de la película recién estrenada El secreto de la poción mágica.


Primera viñeta del nuevo álbum de Astérix.

Este será el cuarto álbum escrito por Jean-Yves Ferri y dibujado por Didier Conrad con los personajes ideados originalmente por René Gosciny y Albert Uderzo, y gracias a los cuales se han vendido 380 millones de ejemplares traducidos en 111 lenguas y dialectos desde 1959, según informa Efe.

Con motivo del 60 aniversario del nacimiento de Astérix y Obélix, también se lanzará a primeros de marzo una edición de lujo con las 44 planchas originales entintadas por Albert Uderzo, además de un dosier exclusivo de treinta y dos páginas sobre los secretos de la creación del álbum con el que se inició la colección. A España, los héroes galos llegaron una década después, en 1969, en una aventura que consistía en entregar a Pepe, el pequeño ibero secuestrado por los romanos, a su padre, el jefe Sopalajo de Arriérez y Torrezno y, para celebrar ese medio siglo, también se volverá a publicar en marzo, en gran formato, aquel cómic, titulado Astérix en Hispania. 



El Pais

Vida en el extrarradio

La carrera del cordobés Andrés G. Leiva habla de un historietista inquieto, dispuesto a tomar riesgos, con un talento innato para la narración



JAVIER FERNÁNDEZ
16 Enero, 2019

'Uno de esos días'. Andrés G. Leiva. Dibbuks. 112 páginas. 20 euros.

La carrera de Andrés G. Leiva (Córdoba, 1969) nos habla de un historietista inquieto, dispuesto a tomar riesgos, con un talento innato para la narración y un estilo gráfico muy personal que se ha construido a base de asimilar y superar la influencia de nombres tan destacados de la historieta como Corben, Moebius, Mattoti, Tardi, Das Pastoras o Gipi. No es raro que en sus tebeos destaque la plasticidad, pues Leiva es licenciado en Bellas Artes y ejerce, desde hace más de veinte años, como profesor de dibujo. Desde que, en 1998, obtuviese un accésit en el Primer Certamen de Cómic Injuve, el artista ha publicado un puñado de álbumes que no dudo en calificar de valiosos: Historia de Iván (Diputación de Córdoba, 2000; reeditado en un volumen enriquecido con material extra por Bandaàparte en 2015), El misterio de Electra/Hórrible Hórreo (Sins Entido, 2002; un original flipbook que mereció la nominación a Autor Revelación en el Salón del Cómic de Barcelona), Juana de Arco (Sins Entido, 2004; furiosa recreación de la vida del personaje histórico que fue nominada al Premio a la Mejor Obra también en el Salón del Cómic de Barcelona), Evelyn (Sins Entido, 2009; tebeo gótico y atmosférico premiado por la Diputación Provincial de Cuenca), Serie B (Dibbuks, 2014; en el que, un poco a lo Fellini, Leiva ahonda en su querencia por la cultura popular).

A estos se suma ahora Uno de esos días, de nuevo en el catálogo de Dibbuks, después de que se alzase con el Premio Ciudat de Palma de Cómic 2017. La historia comienza cuando el propio dibujante visita a sus padres en el piso familiar situado en el Sector Sur de Córdoba y se topa con una caja llena de trastos de su infancia: una cinta de Leño, una linterna, una cantimplora, una cámara de fotos, una taza de Naranjito, una barra de pegamento Imedio, una especie de máscara, un radio despertador, el libro El fin del mundo, etcétera. La secuencia del presente, realizada en blanco y negro, da paso de inmediato al relato del tiempo pasado, pintado espectacularmente a color, que relaciona todos esos objetos. Así, Leiva nos cuenta los extraños sucesos de "uno de los días más largos y extraños de mi vida": el niño que fue, obsesionado con la amenaza nuclear, así como con una posible invasión extraterrestre, convence a sus amigos, el Fali y el Canijo, de que deben fabricarse máscaras antigás y un refugio contra la radiación. La anécdota sirve para describir la vida en un barrio del extrarradio a comienzos de la década de 1980, en donde el fin del mundo se convierte en una metáfora de otros peligros más palpables como las drogas, la delincuencia o la propia tensión política en los albores de la democracia. Sin renunciar a las digresiones oníricas que tanto gustan al autor (y que aquí se concentran en la parte final), el álbum posee un carácter costumbrista que añade nuevas texturas al universo de Leiva y abren nuevas posibilidades a una obra en marcha que figura entre lo más interesante del cómic español de los últimos años.


Malaga Hoy


martes, 15 de enero de 2019

Tragedia en Oriente

JAVIER FERNÁNDEZ
09 Enero, 2019


'Colección Jesús Blasco - Cuto, Vol. 2'. Hermanos Blasco. ECC. 176 páginas. 25 euros.

Ecc sigue adelante con ese sueño hecho realidad que es la Colección Jesús Blasco, necesaria reivindicación de uno de los nombres fundamentales del cómic español. "Su biografía", nos recuerda Pepe Gálvez en la primera de las introducciones de esta cuidada edición, "era la de un creador currante, de un profesional creativo (...). Dibujó en los tebeos de antes y de después de la guerra de 1936-1939, y en ellos se multiplicó en la producción de personajes y series. Consiguió consolidar aquí y una base de prestigio antes de emprender la conquista de otros mercados más rentables, antes de extender internacionalmente su prestigio. Jesús fue proclamado presidente del Salón del Cómic porque en aquel momento representaba mejor que nadie la memoria y la actualidad de la historieta que entonces pasaba a llamarse cómic. (...) la biografía profesional de Jesús Blasco representaba el enlace entre el pasado y el presente, el compañero que había sobrevivido a la precariedad de una industria débil y a sus crisis, y también el autor de la imagen y/o la historieta admiradas. (...) Jesús Blasco era el patriarca del cómic español".

La larga cita resume la importancia del creador de Cuto, Anita Diminuto o Zarpa de Acero, un artista inmenso para el que me faltan adjetivos. De momento, la Colección Jesús Blasco ha publicado tres volúmenes imprescindibles para cualquier amante del noveno arte: Los guerrilleros (un western francobelga) y dos tomos dedicados a Cuto, su personaje por excelencia. El segundo de ellos contiene las historietas Granujas y caballos, El castillo del terror, varios relatos cortos, la monumental Tragedia en Oriente y la aventura de corte realista La escuadrilla de la muerte. El conjunto se completa con diversos textos que analizan la vida y la obra de Blasco y sus hermanos: la mencionada introducción de Gálvez, un análisis de Tragedia en Oriente y un repaso de trabajos realistas menos conocidos del dibujante, ambas cosas a cargo de Joaquim Noguero.



Malaga Hoy


Gatos salvajes

Lee creó numerosas series y conceptos, entre ellos el supergrupo 'WildC.A.T.S', una suerte de variación de la Patrulla-X de metahumanos


JAVIER FERNÁNDEZ
09 Enero, 2019


'WildC.A.T.S de Jim Lee'. VV.AA. ECC. 608 páginas. 49,50 euros.


Espoleado por el éxito de sus X-Men (el tebeo estadounidense más vendido de la historia, según cuentan las crónicas), Jim Lee se alió con otros hot artits y fundó la editorial Image en 1992. Sus cómics los produjo desde el estudio WildStorm, que más tarde se emanciparía de Image y sería adquirido por DC Comics en 1999, de modo que las reediciones actuales de todo este material aparecen, claro está, con el sello de la editorial de Superman, Batman y Wonder Woman. Para WildStorm, Lee creó numerosas series y conceptos, entre ellos el supergrupo WildC.A.T.S, una suerte de variación de la Patrulla-X protagonizada por un grupo de metahumanos que se halla en medio de la guerra ancestral entre dos razas alienígenas, los querubines y los daemonitas. Spartan, Maul, Zealot, Grifter, Voodoo, Warblade y Void, junto con el querubín Lord Emp, son la última esperanza de la humanidad frente a la invasión en marcha y sirvieron al dibujante coreano (apoyado de inicio en los guiones por su amigo Brandon Choi) para mostrar su habitual colección de poses y estampas, con ese grafismo tan característico en el que prima la espectacularidad y que se convirtió en el estilo por antonomasia del género de superhéroes durante la década de los noventa.

Lee y Choi abandonaron muy pronto la serie y la dejaron en manos más capaces, como las de los escritores James Robinson, Chris Claremont o el mismísimo Alan Moore, y dibujantes como Travis Charest, demasiado detallista para soportar el ritmo y las exigencias de una serie mensual. Y la cosa aumentó todavía más de revoluciones cuando un inspirado Joe Casey se hizo cargo de los guiones, acompañado primeramente del dibujante Sean Phillips, y nos regaló los mejores episodios de la franquicia, creando conceptos tan excitantes como la versión 3.0 de Wildcats (ya sin los puntitos de las siglas, que corresponden, por cierto, a Covert Action Teams) y otras locuras afines como Automatic Kafka. Otro que enriqueció el tapiz fue Ed Brubaker, a quien debemos la miniserie Point Blank, un spin-off protagonizado por Grifter que acabó generando esa maravilla noir que es Sleeper, todo esto ya en el siglo XXI.

ECC ha ido recuperando algunos de los momentos estelares del desarrollo de Wildcats, entre ellos las citadas Point Blank y Sleeper, así como la estupenda intervención de Alan Moore, y ahora nos ofrece en un solo tomo el trabajo fundacional de Jim Lee. Van aquí recogidos los números 1 a 13 de WildC.A.T.S, más algunas páginas del número 50, los 1 a 3 de Cyberforce y un episodio del inevitable crossover con los mutantes, WildC.A.T.S/X-Men: The Silver Age. El objetivo es recopilar el trabajo de Lee, pero figuran también otros nombres como Claremont, Robinson, Charest, Scott Lobdell, Marc Silvestri o Grant Morrison. Y el conjunto se completa con el grueso apartado de extras de la edición Absolute que incluye bocetos, diseños conceptuales, portadas alternativas y hasta guiones como ese que firmó Morrison para el segundo número del reinicio de la franquicia en 2006 y se quedó en un cajón.



Malaga Hoy


El cimerio y la amazona

JAVIER FERNÁNDEZ
09 Enero, 2019

'Wonder Woman / Conan'. Gail Simone, Aaron Lopresti. ECC. 160 páginas. 16,95 euros.

Siguiendo la tradición de los viejos tiempos de Marvel, la editorial Dark Horse planteó algún que otro crossover entre el bárbaro Conan y otros personajes ajenos a Hiboria. Así, por ejemplo, pudimos ver al cimerio compartir aventuras con Groo y ahora llega este Wonder Woman/Conan para contarnos qué pasaría si su camino se cruzara con el de la Princesa Amazona. Hace ya que la fidelidad al modelo howardiano no es un presupuesto para Dark Horse, así que no la esperen aquí, pero el guion es de Gail Simone, que ha firmado bastantes tebeos de Red Sonja y sabe bien cómo escribir una historia, y los dibujos son de un genial Aaron Lopresti, o sea, dos autores versados en Wonder Woman. El resultado es de lo más entretenido.


Malaga Hoy

Una historia de espionaje

JAVIER FERNÁNDEZ
09 Enero, 2019

'Escuadrón suicida, vol. 4'. John Ostrander y otros. ECC. 296 páginas. 29,50 euros.

El cuarto tomo de la esperadísima reedición del Escuadrón Suicida de John Ostrander presenta al completo el crossover titulado La directriz Jano, publicado originalmente en 1989. Son los números 26 a 30 de Suicide Squad, 15 a 18 de Checkmate, 14 de Manhunter, 86 de Firestorm The Nuclear Man y 30 de Captain Atom, firmados por el propio Ostrander y otros autores como Paul Kupperberg, Kim Yale, John K. Snyder III o Steve Erwin. La cosa va de una conspiración gubernamental para acabar con la Fuerza Especial X, el conjunto de agencias de espionaje del que forma parte el Escuadrón Suicida y que se encarga de las misiones sucias del gobierno. Que una serie con un apartado gráfico tan discreto figure entre los mejores tebeos de superhéroes de su época habla del excelente trabajo de Ostrander.


Malaga Hoy


sábado, 12 de enero de 2019

La criptomnesia

'Billy Bat' (2008), de Naoki Urasawa y Takashi Nagasaki, narra las peripecias de un historietista que crea a un detective murciélago, que vive en un mundo de animales antropomórficos

GERARDO MACÍAS
09 Enero, 2019



'Billy Bat nº 1'. Guion: Naoki Urasawa y Takashi Nagasaki. Dibujos: Naoki Urasawa. Planeta Cómic, 2011.

Se conoce como criptomnesia a un sesgo de memoria que ocurre cuando una persona tiene la sensación de haber tenido una idea nueva y original fruto de su propia creatividad e inspiración, pero en realidad el origen de esa idea es un recuerdo latente en su memoria por haberla visto u oído en alguna parte. Es un proceso psicológico por el cual se recuperan recuerdos que aparentemente han sido fraguados en el pensamiento de la persona que lo experimenta. Esta información recuperada corresponde a un recuerdo olvidado.

Esto es lo que le ocurre al protagonista del manga titulado Billy Bat, Kevin Yamagata, un estadounidense de origen japonés. La historia se sitúa en 1949, en la Edad de Oro del cómic americano, que coincide con la Guerra Fría, con la caza de comunistas en Estados Unidos y con la dura posguerra vivida en Japón, ocupado, por primera vez en su historia, por un ejército enemigo. Un escenario de lo más apropiado para una historia de suspense.

Kevin es un historietista que vive en Los Ángeles y ha creado Billy Bat, un cómic detectivesco protagonizado por un murciélago antropomórfico caricaturizado. Un día llaman a su puerta unos policías que investigan a un espía soviético y al ver una página de Billy Bat, uno de ellos le comenta que ese personaje ya lo había visto en Japón. Como en su familia hay un grave caso de plagio (a su padre, en cierta ocasión, le robaron un invento), y además años antes trabajó en Japón de traductor, decide regresar para comprobar si ha copiado el personaje inconscientemente, y si es así, buscar al autor y obtener su permiso para usar a Billy Bat.

Cuando el protagonista se reúne con el supuesto autor original, éste resulta ser el vivo retrato de Osamu Tezuka, en un merecido homenaje a este historietista y animador japonés, al que en su país se le llama "el dios del manga", debido a que gracias a su obra se expandió masivamente el manga, dando como consecuencia que llegara a tener una influencia profunda en la sociedad japonesa de la posguerra. Él mismo reconoció que su nueva manera de desarrollar y crear manga, estaba influida en el cine de Fritz Lang, y en los dibujos animados de Walt Disney y de los hermanos Fleischer.

Kevin descubre que el murciélago no fue diseñado originalmente ni por él ni por ningún otro autor contemporáneo. La naturaleza de Billy Bat es más grande que cualquier cosa que Kevin podría imaginar. Kevin descubre que el murciélago se relaciona con un antiguo pergamino, del cual se dice que cualquier persona que lo posea tendrá el dominio del mundo.

Poco a poco, la trama se empieza a complicar. Yamagata tiene visiones del murciélago, que le habla directamente a él. Se empieza a hablar de unos misteriosos pergaminos que permiten viajar en el tiempo. Y vemos que no hay un murciélago sino dos, uno malo y uno bueno.

Billy Bat cuenta las vivencias de Kevin Yamagata. Así, comenzamos a conocer a un joven honrado, que se preocupa por mejorar su obra y por contentar a su contacto en la editorial Marble Comics, parodia de Marvel Comics, editora de personajes como Spider-Man y Hulk. A su vez, Billy Bat es una parodia del Bat-Man de la competencia de Marvel: DC Comics.

La meta-ficción es el eje de la trama. Las primeras páginas, a color, de Billy Bat (un cómic dentro del cómic) sorprenden por el estilo, que imita a los cómics americanos de los años cuarenta. Con un estilo más realista, y con dibujos en blanco y negro se narran las peripecias del dibujante Kevin Yamagata.

Billy Bat es un manga escrito por Naoki Urasawa y Takashi Nagasaki e ilustrado por Naoki Urasawa. La serie fue estrenada en el semanario Morning nº 45 en el año 2008. La editorial Kodansha recogió este manga en veinte volúmenes.

Naoki Urasawa (Fuchu, Tokio, Japón; 1960) al que muchos elevan a la categoría de "nuevo dios del manga", es conocido por dos largas obras que han conseguido éxito internacional. La primera, Monster, cuenta la historia de un médico que salva la vida de un niño que resulta ser un Anticristo; y después dedica su vida a perseguirlo para enmendar su error. Y la segunda, 20th Century Boys, la historia de unos niños que idean un plan para dominar el mundo, y años después comprueban que uno de ellos lo está haciendo realidad.


Malaga Hoy


lunes, 7 de enero de 2019

Sorolla, en Lisboa por Antonio Muñoz Molina

El pintor valenciano plantaba su caballete en el campo o una playa como un fotógrafo plantaría el trípode de su cámara

ANTONIO MUÑOZ MOLINA

'Carrera maratón, Nueva York', cuadro de Joaquín Sorolla de 1911.

Joaquín Sorolla plantaba su caballete en medio del campo o contra el viento de una playa como un fotógrafo plantaría el trípode de su cámara. La época en la que Sorolla alcanza su plenitud como pintor es también la del despegue de la fotografía, y la de otro artefacto entonces más aparatoso, que era el de las cámaras de cine. Hay muchas fotos de Sorolla pintando al aire libre, casi todas tomadas por alguno de sus hijos, su hija Elena, sobre todo. Y hay retratos hechos por ese padre que fue sin duda el más familiar de los pintores en los que los hijos aparecen sosteniendo una cámara (que Sorolla fuera un hombre tan familiar sin duda dañó su prestigio como pintor moderno). En la gran exposición de Sorolla que está ahora en el Museu Nacional de Arte Antiga, de Lisboa, una de las obras que más me han impresionado es un gouache sobre papel que parece una instantánea fotográfica, o un plano en contrapicado de la mejor época experimental del cine: muy desde arriba, probablemente desde la ventana de un hotel, se ve una fila de automóviles negros con brillos de charol, una acera llena de gente, corredores con ropas blancas de deporte. Es una imagen del maratón de Nueva York de 1911, esbozada a toda velocidad para captar algo fugitivo que sucede en un momento, con un sentido plástico más propio de la fotografía o del cine que de la pintura de esa época. El valenciano agropecuario al que durante cerca de un siglo trató con tanta condescendencia la crítica de arte española —casi tanta como la que lleva generaciones recibiendo Galdós de la crítica literaria— resulta ser aquí un modernista que se enfrenta con los ojos abiertos y los pinceles alerta al espectáculo inusitado de la ciudad del siglo XX.


Sorolla murió con 60 años extenuado de tanto trabajar y tanto viajar, abrumado por el encargo desmedido del multimillonario Archer P. Huntington, que aspiraba a acumular en su Hispanic Society de Nueva York no solo todas las obras de arte y las piezas de artesanía y todos los manuscritos y los libros que vinieran de España, sino también todas las visiones posibles del país, en un proyecto entre el orientalismo colonial y la antropología. En los salones espectrales de la Hispanic Society los paneles de la Visión de España de Sorolla son un mareo y un sobresalto de trajes regionales, procesiones y romerías, un catafalco enorme en el que se comprende que Sorolla tuviera que dejarse la vida para completarlo. Parece que el millonario Huntington aspiraba al monopolio de las imágenes de España igual que al de los ferrocarriles americanos con los que amasó su fortuna.

A veces la justificación de una obra inmensa son las tentativas y los bocetos preparatorios que llevaron a ella. El artista se dejó la vida queriendo completar algo que nunca iba a ser mejor que su proceso inacabado. En el Decamerón de Pasolini, un pintor del Trecento que se encuentra en la mitad de un gran fresco religioso, rodeado por la agitación de sus ayudantes, subiendo y bajando todo el día de los andamios como un albañil, se queda dormido tras el agotamiento de toda la jornada y ve en un sueño su fresco terminado, resplandeciente de oros y azules. Entonces piensa: “Para qué tomarse el trabajo de hacer toda una obra perfecta cuando es tan hermoso soñarla”.

Es muy probable que el encargo de Huntington tuviera para Sorolla algo de pesadilla. Pero había cobrado la suma enorme de 150.000 dólares y no estaba en condiciones de arrepentirse. Y también sucede que una obligación exterior que lo agobia a uno le abre de repente posibilidades de invención que sin ella no se le habrían revelado. Huntington, con un mal gusto inevitable de multimillonario, le había pedido una secuencia de paneles de pinturas históricas al estilo del academicismo del siglo XIX. Fue Sorolla quien tuvo la idea más sensata de proponer un panorama de los paisajes y las vidas populares españolas. Así tenía motivo para dedicarse con método a algo de lo que más le gustaba: ir por ahí observando y pintando, por los caminos españoles que muy pocos artistas habían recorrido desde la época de los viajeros románticos; ir con sus aparejos y su caballete de pintor de campo, de fotógrafo en la estela de Laurent, aunque con una visión más testimonial que arqueológica, con una sensibilidad agudizada al extremo por lo inmediato y lo fugitivo: no por un monumento o un paisaje en sí, sino por el modo en que los transforma la luz de un momento a otro, por los efectos y los espejismos de las lejanías, la sombra fresca de los árboles a la orilla de un río, el blanco de cal y el azul implacable de la fachada de una cueva en las laderas áridas del Sacromonte.

El Museu Nacional de Arte Antiga es más silencioso todavía en estas mañanas primeras del año. En los bocetos y el paisaje, en los apuntes tomados sobre un pequeño rectángulo de madera a una velocidad no muy inferior a la del disparo de una fotografía, es donde Sorolla se concede un máximo de libertad, una rapidez taquigráfica. En tres brochazos sinuosos de morado, de blanco y de azul está resumido el horizonte nevado del Guadarrama. La profusión cromática de una cepa de vid que aún no ha perdido las hojas, rojas y ocres y amarillas en el sol otoñal, posee un vértigo entre de naturalismo y mancha pura que me hace acordarme de las abstracciones florales que pintaba Joan Mitchell. En el intento de captar la mutabilidad incesante de la naturaleza y de la percepción humana, Sorolla se acerca a la abstracción por un camino parecido al del viejo Monet: el cielo en el espejo del agua y las sombras de las nubes en marcha sobre la hierba y los árboles que inclina el viento, la tentativa y la imposibilidad de atrapar lo que fluye y cambia y desaparece en la forma inmóvil de un cuadro. No hay dos blancos de lienzo o de cal o dos ocres de tierra o dos cielos que sean idénticos en los paisajes de Joaquín Sorolla. No parece que se cansara nunca de fijarse en los matices diferentes de cosas muy parecidas entre sí. En los últimos años, abatido por la hemiplejía, miraba el jardín de su casa, las sombras móviles de los árboles y el sol que se filtraba en las hojas, el cielo en el estanque. Sedentario por fin, miraba absorto lo que ya no podía pintar.

Tierra adentro. La España de Joaquín Sorolla. Museu Nacional de Arte Antiga. Lisboa. Hasta el 31 de marzo.


El Pais. Babelia. Nº 1.415. Sabado 5 de enero de 2019

¡¡¡Qué ochenta años son nada!!!

Llega a las librerías una nueva entrega del Integral protagonizado por Spirou, con todas las aventuras creadas entre los años 1952 y 1954 por el inmortal André Franquin


JOSÉ LUIS VIDAL
02 Enero, 2019



Cuando el año está a punto de concluir, los aficionados que seguimos las peripecias de este botones de rojizo cabello podemos sentirnos la mar de contentos, ya que desde que la editorial Dibbuks tomó las riendas de la publicación de sus tebeos, nos hemos llevado una alegría tras otra, contando con tres magníficas líneas que, a lo largo de año, nos van ofreciendo los nuevos álbumes de la serie actual, con Fabien Vehlmann y Yoann en la cabecera.

Sin embargo, Una aventura de Spirou por nos sorprende cada vez con nuevos equipos creativos los cuales, gozando de una libertad total, imaginan nuevas historias protagonizadas por este muchacho que no ha envejecido ni un día desde su creación por Rob-Vel (¡y eso que este año se ha convertido ya en octogenario!).

















Y, finalmente, la línea sobre la que vamos a hablar hoy que, en un viaje a través de tiempo y páginas de aventuras , vamos a conocer las diferentes "etapas" clásicas en las que el destino del protagonista y compañía ha estado regido por diferentes autores, ya que una de las características principales que lo diferencian de otros tebeos francobelgas es precisamente ésta, el cambio de autoría, habiendo tenido la suerte de contar con numerosos "padres" además de su creador original: Jijé, Fournier, Nic y Cauvin, Tome y Janry, Morvan y Munuera...

Y eso por solo hablar de la cabecera principal. Pero si tenemos que nombrar entre todos ellos a uno que realmente definió al personaje, creando inolvidables secundarios y cuyo estilo gráfico se ha convertido en la regla a seguir con el paso de los años, ese es precisamente André Franquín.

Y Dibbuks, en su labor de recuperación de toda la obra del genial autor, trae a las librerías el tercer volumen integral de la colección, que recopila los cómics creados entre los años 1952 y 1954, cuando el autor, perfeccionista al máximo, ya se siente totalmente cómodo en la colección y nos ofrece unos argumentos que, poco a poco, se van a ir acercando temáticamente a los auténticos clásicos que nos regalaría en el futuro y que están en la memoria de todos los fans de Spirou.

Pues bien, ¿qué vamos a encontrar en esta entrega? Emoción, peligros por doquier, misterio, carreras, tropezones, puñetazos, mucho humor, locas invenciones... Todo esto y mucho más van a ser los ingredientes principales de tres álbumes, tres aventuras dirigidas a toda la familia y que, de hecho, pueden se runa magnífica puerta de entrada en la lectura de tebeos para los más jóvenes de la familia, ya que estas historias no han envejecido ni un ápice, conservando la frescura del primer día.


En El cuerno del rinoceronte, pese a su título, los protagonistas, Spirou y su fiel amigo, Fantasio, no van a empezar la peripecia en las lejanas tierras africanas (todo llegará…) sino que comenzará una alocada carrera para encontrar al esquivo Martin, que es el único que conoce el paradero de los planos de una creación tras la que van unos matones la mar de peligrosos. Y ellos no serán los únicos, ya que en este álbum conoceremos a Seccotine, una joven periodista que se las va a hacer pasar canutas a los protagonistas, ya que daría lo que fuera por conseguir la exclusiva.

Todos el reparto terminará viajando a África del Norte donde, no con pocas dificultades, deberán encontrar el "recipiente" donde Martin ha ocultado el secreto de la turbotracción...



En El dictador y el champiñón los protagonistas regresan a ese, en apariencia, tranquilo pueblo llamado Champignac, lugar de residencia del Conde Pacome, que ha inventado una nueva sustancia que convierte en goma todo aquello que toca.

Pero la verdadera razón de la visita al lugar es recoger al Marsupilami, que ha pasado unas plácidas vacaciones en el lugar, y devolverlo a su hábitat natural en la salvaje y lejana Palombia.

Pero claro, los protagonistas, sin pretenderlo, se van a dar de bruces con un régimen militar que ha ocupado el pueblo de Chiquito, y alucinarán cuando vean el rostro del líder, el comandante máximo, que está elaborando un malvado plan de conquista de sus vecinos…




Y para rematar este imprescindible volumen, La máscara, una aventura en la que el pobre Fantasio, que casi siempre se lleva todos los golpes, se convierte en la principal víctima de una banda que utiliza su rostro para cometer robos, convirtiéndolo en el enemigo número uno.

Solo la irrompible amistad que lo une a Spirou hará que el joven se embarque en una frenética persecución cuya única meta es demostrar la inocencia del periodista.Si a estas tres magníficas historias añadimos una sección trufada de textos que nos sitúan en los años cincuenta, además de multitud de ilustraciones y portadas, inéditas para nuestros ojos hasta el momento, nos encontramos con una colección de volúmenes que no debe faltar en la biblioteca de todo buen Spiroufilo, ¡o cómo se diga!



Malaga Hoy


La llegada de Superman

La mítica cabecera causó furor, consolidó el formato cómic-book y dio inicio al género que acabaría por dominar la industria estadounidense



JAVIER FERNÁNDEZ
02 Enero, 2019


'Action Comics: 80 años de Superman'. VVAA. ECC. 384 páginas. 34,50 euros.

"Nunca ha habido ningún cómic como Action Comics", dice Paul Levitz en su introducción al volumen Action Comics: 80 años de Superman: "apareció un par de años después de que las historietas se empezaran a recopilar en el formato que reconocemos hoy en día (...) el núm. 1 apareció en los kioscos en 1938 cuando la sección de tebeos era aún diminuta. Tan solo se publicaba una docena de títulos al mes, así que no hacía falta tener mucho espacio. Pero Action lo cambió todo".

Y sí, no cabe duda de que la mítica cabecera lo cambió todo. Con Superman a la cabeza (o mejor dicho, desde la propia portada), el título causó furor, consolidó el formato cómic-book y dio inicio al género que acabaría por dominar la industria estadounidense. De nuevo en palabras de Levitz, fue en Action Comics "donde cristalizó el concepto de superhéroe combinando elementos propios de la ciencia ficción, del pulp e incluso de las novelas históricas (...) creando un medio que invadiría y conquistaría casi todas las formas modernas de los medios populares durante los siguientes 80 años".

Action Comics: 80 años de Superman rinde homenaje a la serie a través de su personaje por excelencia, y lo hace presentando en un solo volumen una cuidada selección de historietas que abarcan las ocho décadas de maridaje entre ambos, comenzando con el proverbial primer número. Van también aventuras completas de los números 2, 64, 241, 242, 252, 285, 309, 419, 484, 554, 584, 655, 662, 800 y 0, lo que suma una nómina espectacular de autores: Jerry Siegel, Joe Shuster, Don Cameron, Ed Dobrotka, Jerry Coleman, Wayne Boring, Otto Binder, Al Plastino, Jim Mooney, Edmon Hamilton, Curt Swan, Len Wein, Carmine Infantino, Cary Bates, Marv Wolfman, Gil Kane, John Byrne, Roger Stern, Kerry Gammill, Bob McLeod, Joe Kelly, Grant Morrison, Ben Oliver, además de la miríada de nombres que participó en el número 800 y la intervención final, como broche, de Levitz y Neal Adams, que firman una historieta especial.

Por si no bastara con eso, el volumen incluye la presentación del mago Zatara, también del viejo número 1, por Fred Guardineer, y de esa auténtica joya de la Edad de Oro que es el Vigilante de Mort Meskin (el guion lo firma Mort Weisinger, quien acabaría siendo el editor definitivo de Superman durante la década de los 50 y 60). Van también la reproducción de las portadas de unos ashcans (versiones preliminares de colecciones impresas en su día para registrar legalmente los títulos) de Action Comics y Double Action Comics, una historieta inédita de 1945 (salvada literalmente de la quema por Wolfman, tal como este mismo relata en un simpático texto) y un sinfín de artículos como los escritos por Laura Siegel Larson (hija de Jerry Siegel), Jules Feiffer, Tom DeHaven o Larry Tye, además de una pequeña galería de portadas y una sección biográfica. Un verdadero festín para conocer y apreciar el legado de una cabecera fundamental en la historia del cómic que, en este mismo año, ha superado la cifra de mil números. Ahí es nada.



Malaga Hoy


Flash y el hipertiempo

JAVIER FERNÁNDEZ
02 Enero, 2019

'Flash: Relámpago expansivo'. Mark Waid y otros. ECC. 568 págs. 46,50 euros.

Relámpago expansivo recoge el último tramo de episodios de la extensa temporada de The Flash escrita por Mark Waid en la última década del pasado siglo, y se suma al resto de tomos recopilatorios publicados ya por ECC bajo el epígrafe Flash de Mark Waid: Nacido para correr, El regreso de Barry Allen, Impulso, Velocidad terminal, Punto muerto y Deudas infernales. El conjunto conforma no solo una de las mejores etapas de la larga trayectoria del velocista escarlata, sino también una de las series regulares más sólidas y entretenidas que dio el género de superhéroes en la convulsa década de 1990. Van aquí los números 142 a 162 de The Flash, así como The Flash 1.000.000 (seguro que muchos de ustedes se acuerdan del evento aquel de Grant Morrison) y The Flash: Secret Files and Origins 2, todos publicados entre 1998 y 2000. Junto a Waid, el también guionista Brian Augustyn (colaborador habitual en la serie) y el dibujante Paul Pelletier firman la mayoría de las páginas.

El contenido gira en torno al concepto de hipertiempo, inventado por el propio Waid, quien posee un enciclopédico conocimiento del Universo DC, en su miniserie The Kingdom. Citando el epílogo de Jorge García: "Se trata de una red de líneas temporales interconectadas que abarca todas las historias pasadas, presentes y futuras del Universo DC. (...) Tenía la virtud de permitir la convivencia de historias encontradas: el Superman de Jerry Siegel y Joe Shuster era tan válido como el de John Byrne, y el porvenir permitía la coexistencia de futuros contradictorios (como los que habitan Kamandi y la Legión de Superhéroes, por ejemplo). Cualquier versión ya impresa es válida, cualquier encarnación ya publicada de los personajes es cierta".

Esta idea sirve a Waid para tejer un entretenidísimo tapiz de paradojas temporales y viajes a través de distintas dimensiones en el largo arco narrativo que ocupa la primera parte del tomo, en la que el héroe se enfrentará al mismísimo Anti-Monitor, en un hermoso homenaje a Crisis en tierras infinitas.


Malaga Hoy



Celebración milenaria

JAVIER FERNÁNDEZ
02 Enero, 2019



'Superman: Especial Action Comics nº 1.000'. VVAA. ECC. 152 págs. 16,95 euros.

Action Comics, la cabecera en la que debutaron Superman y el género de superhéroes allá por 1938, ha alcanzado en 2018 nada menos que la increíble cifra de mil números. Para celebrarlo, ECC nos ofrece una edición especial en pasta dura que recoge el tebeo en cuestión y unos cuantos extras como las portadas alternativas (muy bonita, por cierto, la de Curt Swan), un repaso por las distintas etapas de la serie desde su inicio hasta hoy, a cargo de Fran San Rafael, y una estupenda introducción del director y productor cinematográfico J. A. Bayona. Como cabía esperar, se trata de un número coral, y, entre los artistas implicados, figuran nombres propios de la trayectoria del superhéroe como Dan Jurgens, Marv Wolfman, Geoff Johns, Richard Donner, Scott Snyder, Tom King, Louise Simonson, Paul Dini, Jerry Ordway, José Luis García-López o el ya citado Swan.


Malaga Hoy


El final de una etapa

JAVIER FERNÁNDEZ
02 Enero, 2019

'Batman: Epílogo'. Scott Snider, Greg Capullo y otros. ECC. 120 págs. 14,95 euros.

La fenomenal etapa de Batman firmada por el guionista Scott Snyder y el dibujante Greg Capullo (entre otros) llega a su fin con el tomo Batman: Epílogo, que compila los números 51 y 52 de Batman, el Annual 4 y el Batman: Futures End 1. Además de los artistas citados, colaboran aquí los escritores James Tynion IV y Ray Fawkes y los dibujantes Aco, Roge Antonio y Riley Rossmo. Ha empezado con buenas sensaciones la siguiente etapa del Hombre Murciélago, a cargo de Tom King, pero realmente vamos a echar de menos la excitación que ha provocado durante estos años la lectura de las páginas de Snyder y Capullo, un trabajo sofisticado y lleno de sorpresas que ha cumplido con creces el reto de continuar la labor de Grant Morrison.


Malaga Hoy


domingo, 6 de enero de 2019

Una familia no tan grande

'La familia Cebolleta' (1951), del historietista madrileño Manuel Vázquez, se burla del concepto tradicional pregonado por el régimen franquista en la España de la posguerra


GERARDO MACÍAS
02 Enero, 2019




'Magos del humor nº 142: La familia Cebolleta'. Guión y dibujos: Manuel Vázquez. Ediciones B, 2011.

La película española La gran familia (Fernando Palacios, 1962) interpretada en sus principales papeles por Alberto Closas, Pepe Isbert y José Luis López Vázquez, entre otros, obtuvo un gran éxito de taquilla e incluso fue reconocida en el Festival de Cannes, a pesar de ser de los principales exponentes de la ideología franquista.

Solamente nueve años antes, en 1951, y con ideología totalmente opuesta a La gran familia, Manuel Vázquez publica su primera historieta de La familia Cebolleta en la revista semanal de humor El DDT contra las penas, de Editorial Bruguera. Se trataba de una publicación para adultos, aunque con el tiempo se infantilizó.

La serie era una burla al concepto tradicional de la familia, en un hogar que distaba mucho del que el franquismo pregonaba como ideal de la España de la posguerra.

El ingenio de Manuel Vázquez navega entre el costumbrismo (que en este caso implica crítica social) y el absurdo (mucho más demoledor, si cabe, a causa del anarquismo del autor). La familia Cebolleta es una de las cumbres del humor del siglo XX.

Este núcleo familiar está formado por Rosendo, el cabeza de familia, calvo, con bigote y pajarita; Leonor, madre y ama de casa; el hijo Diógenes, que cambió de sabiondo con gafas a un gamberro a lo Zipi y Zape; la hija Pocholita; el loro Jeremías; y Argimiro de la Fosa (en referencia a las fosas comunes), más conocido como el abuelo Cebolleta.

El protagonista es Rosendo, un desgraciado que siempre tiene problemas con su jefe en la oficina, donde trabaja de administrativo. También destaca el abuelo Cebolleta, el padre de Leonor, con barba, bufanda, bastón y un pie vendado, cuyo único afán es relatar hasta el infinito sus supuestas batallas en diversas guerras.

Uno de los mecanismos humorísticos de esta serie es el intento de salir de golpe de los agobios económicos. Vázquez se centra en la figura de Rosendo, el cabeza de familia, que se mata a trabajar y hacerle la pelota al jefe.



En 1951, cuando la serie salió a la calle, en España no había ninguna legislación sobre lo que se podía publicar o no en los tebeos. A partir de 1955, La familia Cebolleta debía pasar por las oficinas de la Dirección General de Prensa. Desde entonces, puesta en solfa de una de las sacrosantas instituciones del franquismo (familia, municipio, sindicato) llegaba hasta donde la censura permitía, pero lo que Vázquez perdió en crítica mordaz lo ganó en ritmo, maestría y dominio del gag. A pesar de todo, los guiones hilaban tan fino que la censura no captaba todos los detalles...

Fue también la censura la que acabó con su hija Pocholita y sus continuas alusiones a sus novios. La guapa joven desapareció a causa de sus voluptuosas curvas y por ser demasiado casquivana para cumplir con la figura de la mujer impuesta por el franquismo.

En estas circunstancias, el loro Jeremías, de plumas verdes y un espíritu muy socarrón, resultó ser un recurso muy interesante, porque tenía pensamiento propio y podía decir las cosas que la censura le tenía vetadas a los humanos. Era la voz crítica de la familia.

La familia Cebolleta fue también víctima de la indisciplina del propio autor, ya que Manuel Vázquez era muy irregular en las fechas de entrega de sus trabajos. Por eso, muchas de las historietas de esta serie publicadas entre 1962 y 1965 en El DDT fueron escritas y dibujadas por autores que no firmaban, desapareciendo finalmente La familia Cebolleta de la cabecera en 1965. Vázquez realizó nuevas entregas, publicadas en Pulgarcito, pero la serie no reapareció totalmente hasta el año 1967, con el nacimiento de la tercera etapa de DDT (ahora ya sin el artículo). La familia Cebolleta continuó publicándose en los años setenta en Tío Vivo, y se convirtió en una presencia habitual en casi todas las cabeceras, pero la mayoría de las páginas eran reediciones.

La impronta de La familia Cebolleta ha permanecido hasta nuestros días en el lenguaje popular: cuando alguien habla mucho, se dice que cuenta más batallitas que el abuelo Cebolleta. Esto mismo ha ocurrido con muchos personajes de Editorial Bruguera: una finca destartalada es un 13, rúe del Percebe, una señora vieja y agria es doña Urraca, unos chavales revoltosos son unos Zipi y Zape...



Malaga Hoy


domingo, 30 de diciembre de 2018

Las zonas grises

El sello Evolution de Panini ha encontrado un filón con Ed Brubaker y Sean Phillips. A las ediciones integrales de Criminal, Fatale y The Fade Out, se unen ahora el comienzo del nuevo éxito de la pareja artística, Kill Or Be Killed y la reedición, también en formato integral, de otra de sus series emblemáticas, Incógnito.

25 Diciembre, 2018



Empezando por este último, Incógnito fue una miniserie de seis números publicados desde finales de 2008 por el sello Icon de Marvel. Se trata de la historia de un supervillano, Zack Aniquilante, que ha dejado de ejercer como tal y lleva una nueva vida como testigo protegido, con sus poderes bloqueados mediante pastillas por los federales. Hastiado de su situación, empieza a experimentar con drogas y estas anulan los efectos de las pastillas, de modo que resurgen sus poderes aunque ahora decide canalizar el deseo de violencia actuando como vigilante para evitar problemas con la justicia.



Como en otras obras de Brubaker y Phillips, Incógnito desdibuja la visión de una sociedad en blanco y negro y se mete de lleno en las zonas grises, allí donde el bien y el mal son conceptos relativos. En esta ocasión, los autores basan su mundo en los pulps, con referencias a personajes como Doc Savage o La Sombra, siempre con esta forma tan característica de entender el género de superhéroes. El integral incluye también la perturbadora secuela Incógnito: Malas influencias, cinco números publicados entre 2010 y 2011, y el conjunto se completa con una jugosa sección de extras.




Kill Or Be Killed, por su parte, fue publicada entre 2016 y 2018 por Image, y narra la historia de un suicida arrepentido que, antes de morir, hace un pacto con un demonio: debe matar a una persona por cada mes que quiera seguir viviendo, una idea que sirve para explorar los lados más oscuros del vigilantismo, pues se dice a sí mismo que buscará víctimas que realmente merezcan morir. El volumen uno recoge los cuatro primeros números de esta nueva maravilla de uno de los equipos más apreciables del tebeo estadounidense.


Malaga Hoy

Vampiros y karatecas

La colección incluye numerosos artículos sobre películas de artes marciales, así como la reproducción a color de las portadas de la revista

POR JAVIER FERNÁNDEZ

25 Diciembre, 2018


'MARVEL LIMITED EDITION. LOS HIJOS DEL TIGRE' VVAA.Panini. 616 páginas. 47,95 euros.

La proverbial moda de las artes marciales de la década de 1970 dejó en Marvel personajes tan señeros como Shang-Chi o Puño de Hierro, que han gozado de una sólida trayectoria desde entonces, pero también otros de menor calado como los Hijos del Tigre, el Tigre Blanco o la Sota de Corazones (la verdad es que no sé muy bien qué pintaba este último al lado de los demás, pero lo cierto es que ahí estaba). Estos héroes, y otros tantos segundones de aquellos años, tienen un cierto halo que les ha granjeado la consideración de personajes de culto.

Los Hijos del Tigre, en concreto, surgieron en la cabecera Deadly Hands of Kung Fu, uno de aquellos magazines en blanco y negro publicados por el sello Curtis, con el que Marvel trataba de competir con las revistas para adultos de editoriales como la famosa Warren. De primeras, el reclamo principal de Deadly Hands of Kung Fu era, cómo no, Shang-Chi, del que se reeditó el origen para enganchar nuevos lectores, pero pronto la revista comenzó a producir otros seriales. En palabras del (aquí) prologuista Carlos Pacheco: "Para acompañar a las entregas sin color de aquel origen de Shang-Chi, Marvel encargó a Gerry Conway y a Dick Giordano poner en marchar las aventuras de un grupo de artistas marciales clonados de aquella película de [Bruce] Lee, Operación Dragón, tres protagonistas que respondían a los nombres de Lin Sun, Abe Brown y Bob Diamond (asiático, afroamericano y blanco), quienes, poseedores de unos amuletos (una cabeza de tigre, y dos zarpas, una para cada protagonista), les triplican las habilidades marciales cuando eran portados por cada uno de ellos. Al trío masculino protagonista se le unió una mujer, la asiática Lotus Shinchuko". Los creadores del asunto abandonaron pronto la serie, que recayó en el guionista Bill Mantlo y el dibujante George Pérez, hoy de sobra conocidos, y el crecimiento de este último a lo largo de las páginas es uno de los principales alicientes de este bonito tomo de la colección Marvel Limited Edition, que incluye numerosísimos artículos sobre películas de artes marciales, extraídos también de Deadly Hands of Kung Fu, así como la reproducción a color de las impactantes portadas de la revista.




Otra moda que arrasaba esos días era el terror, y Marvel supo sacarle buen partido con personajes como Drácula, el Hombre Lobo, el Hijo de Satán o el Hombre-Cosa. De Drácula se recuerda sobre todo la espectacular cabecera La tumba de Drácula (reeditada al completo en la misma Marvel Limited Editon), aunque el señor de los vampiros sirvió también de reclamo en otra revista de Curtis, Dracula Lives! El grueso tomo editado por Panini recupera los trece números de la serie, en su glorioso blanco y negro (eso sí, con las reproducidas a color) y sus artículos sobre el género de terror. Entre los autores implicados, nombres tan conocidos como Roy Thomas, Gene Colan, Steve Gerber, John Buscema, Tony DeZúñiga o Pablo Marcos, y portadistas como Boris Vallejo, Neal Adams, Earl Norem, Luis Domínguez o Steve Fabian.


Malaga Hoy

lunes, 24 de diciembre de 2018

Max y los hilos (narrativos) de Marcel Duchamp

El dibujante se inspira en el genio de vanguardia para dar forma a su obra más experimental, la metagráfica 'Rey Carbón'

LAURA FERNÁNDEZ
Barcelona 14 DIC 2018


El dibujante Max, en Barcelona. JOAN SÁNCHEZ

El año 1913, Marcel Duchamp cortó tres hilos de un metro de longitud y los dejó caer, desde una altura de un metro, sobre tres lienzos. Los fijó después con barniz, respetando la forma en que cada uno de ellos había caído. La idea era explorar hasta qué punto el azar condiciona el mundo del arte, y sobre todo, hasta qué punto el azar de cada uno es, en cierto sentido, una expresión de su subconsciente. Un siglo y cinco años después, Max, el artista que se alzó con el primer Premio Nacional de Cómic (allá por 2007), sigue sus pasos en una obra, Rey Carbón (La Cúpula), en la que no pretendía explicar una historia, sino jugar a superponer sus propios “hilos”, estos, narrativos, sin más intención que la de superponerlos para ver qué ocurre: un personaje pintado de negro, solitario; uno completamente blanco, aburrido y sin sentido, algunos cuervos condenados a ser devorados, y una pared sobre la que dibujar desde una más que posible prehistoria de casi todo, el momento (y el espacio) en el que aún no se ha hecho nada. Y en el que no se dice nada. “Sí, era un reto para mí contar una historia sin palabras, en la que prescindía también del guión convencional”, admite Max.


Una de las páginas de 'Rey Carbón'. LA CÚPULA

El dibujante cita a Duchamp pero también a Tom McCarthy, escritor amante de la deconstrucción (es el autor de la novela, informe y fluir de tiempo impreso Satin Island), para insistir en el carácter experimental de la obra, que parte de la fábula de Plinio que explica cómo debió surgir el dibujo. “Cuenta Plinio en su fábula que la primera pintura fue el dibujo del contorno de la sombra que proyectaba en la pared una persona”, relata Max, nacido como Francesc Capdevila en Barcelona hace 62 años. Para él, un libro no deja de ser una pared portátil. Lo mismo un cuaderno. ¿El resto? Se lo dejó a la música free, y no necesariamente al free jazz, sino a toda aquella que se rige por la más absoluta libertad. ¿Es tan sencillo como en la música improvisar en el cómic? No, no lo es, admite Max, quizá por eso ha tardado tanto en que la sola idea se le pase por la cabeza. ¿Por qué? “El dibujo en el cómic es casi matemático: tienes un guión y debes seguirlo. A veces comparo la creación de un cómic con la construcción de una casa. Primero debes asegurar los cimientos, luego puedes empezar a edificar, y finalmente, le das color y decides dónde pones cada cosa”, contesta.

El cómic, dice, tiene tendencia a ser convencional. Hay poca experimentación. Y cuando la hay, “es algo muy minoritario”. ¿Podría considerarse que está ejerciendo de David Lynch del cómic patrio al tratar de experimentar desde una posición de poder dentro del arte gráfico en viñetas? ¿Son figuras como la suya lo que necesita el cómic para avanzar en todas direcciones? Sonríe. Se mesa su barba gris. “Me gusta mucho David Lynch”, contesta. “Y sí, tenía ganas de liberarme, y no hacerlo a través de una instalación artística. Envidio el arte contemporáneo porque puede ser todo lo libre que quiera, pero quería romper esquemas sin abandonar el cómic para que llegue a tanta gente como sea posible. En ese sentido sí que podría tener que ver con lo que hace David Lynch, claro, salvando todas las distancias. Intentar desmontar la propia narrativa desde un medio accesible”, añade. Y de paso, rellenar la casilla que le faltaba en su carrera. Una carrera en la que, dice, “he ido haciendo zig-zags”.

Pero ¿de qué va Rey Carbón? Se diría que no pasa nada y pasa todo. Podría ser una historia sobre el descubrimiento del dibujo, y, por extensión, el arte, como herramienta de comunicación. El arma definitiva. Hay un personaje, el tal Rey Carbón, que vive solo en una especie de cueva, y que un buen día se encuentra con otro personaje – nariz larga, fondo blanco – que parece perdido – y que esta simplemente ahí, como la Realidad, con mayúsculas –. Comparten un cuervo a la brasa – que cocina el propio Rey Carbón – y éste acaba, como el personaje de la fábula de Plinio, dibujando el contorno de la sombra de su invitado en la pared. A partir de ahí, todo es pasión por esa suerte de poder recién descubierto. Y así, dejando caer sus hilos (narrativos) al azar, Max parece estar dibujándose a sí mismo. De hecho, eso es lo que ocurre. Al dejar las cosas al azar, lo que pasa es que Max se comunica consigo mismo. “El dibujo es comunicación. Yo seguiría dibujando aunque no hubiese nadie ahí fuera. Me seguiría comunicando conmigo mismo”, confiesa el artista. Y lanza una crítica a la manera en que se “enseña” el dibujo. “A los niños se les hace creer que deben dibujar bien. El acento está puesto en la belleza. Y se equivocan. El dibujo no debe ser bonito, no debe estar bien hecho, debe decirte algo”, sentencia.


El Pais

domingo, 23 de diciembre de 2018

Otro año de azul y negro

Tampoco es que pase los días y las noches enfrascado entre papel, lápiz y tinta, que sería lo suyo, pero algo hago de vez en cuando. Tal vez engañar al subconsciente. Ahí sigo, fiel al Faber Castel Janus 2160, lápiz azul y rojo, y estrenando  unos rotuladores Sakura Pigma en tres tamaños. 

Vamos lentos, pero seguros. Yo creo que para cuando cumpla los 65 años podré empezar a pensar en dedicarle más tiempo.










El futuro es cómic


Un regalo es un regalo es un regalo. FNAC obsequiaba a sus clientes con un cómic (pase por caja primero, por favor), y bueno, un amigo recibió el regalo y él me lo regaló a su vez a mí.




Tan solo un par de consideraciones, de entrada y por el título de la portada, bien. Ya lo de los mejores autores, pues eso, la verdad, son muy buenos, y un regalo es un regalo. El Futuro es Cómic, rezo por ello.

Los comics, las historietas que componen el libro, enlazan un año tras otro hasta sumar veinticinco años hacia adelante. Empieza Daniel Torres con un pequeño resumen desde 1993 (año de la llegada de FNAC a España, publicidad obligada ) hasta 2018. Del 2019 hasta el 2042 el resto de autores encadenan unas páginas en clara sintonia con sus trabajos habituales, un regalo es un regalo. Pero el conjunto no esta nada mal, aunque si digo la verdad, noto una ausencia, no lo puedo evitar. Yo hubiera hecho hueco para Albert Monteys, y mejor si apareciese su personaje, Carlitos Fax, pero como decíamos, un regalo es un regalo.

Felices Fiestas a todos.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Tebeorama Cronistas, poetas y revolucionarios: Un año en viñetas

En 2018, el tebeo español ha dado títulos que suman a su gran calidad la búsqueda de nuevos espacios formales y narrativos



 El método Gemini, de Magius

POR ALVARO PONS
No es tarea fácil lo de hacer listas del año, nunca lo es, pero me atrevo a apuntar que este año la cosa es especialmente arriesgada porque, aunque exista un amplio y lógico consenso en señalar la magistral Lo que más me gusta son los monstruos, de Emil Ferris (Reservoir Books), como la mejor obra del año, completar la lista se hace imposible en el limitado espacio de este artículo. Y, en ingenua decisión, se puede pensar que restringir la lista a los tebeos patrios puede ayudar, pero se tarda poco en comprobar que apenas resuelve el problema: la producción nacional ha sido este año espectacular, con una afortunada coincidencia de veteranía y juventud que claramente se retroalimenta para bien de los lectores. Ejemplos de la primera tenemos muchos, pero nada mejor que comenzar con la brillante reflexión sobre el lenguaje de la historieta que plantea Impertérrito, de Silvestre (Reino de Cordelia). El alias más vanguardista de Federico del Barrio (formado en las páginas de la revista Madriz con recordadas historias que la misma editorial ha recuperado en la indispensable Tiempo que dura esta claridad) vuelve para recuperar el discurso que inició con la ya avanzada Simple (Edicions de Ponent) y proseguir ese camino que analiza los límites de la narración gráfica para encontrar apasionantes lugares ignotos que explorar. Otro compañero suyo de aquellas páginas, Raúl, regresa también gracias a la editorial Dibbuks con La tierra sin mal, una apasionante inmersión por las imágenes que recorre los trazos estáticos para encontrar historias ocultas que cobran vida propia y se independizan. Experimentación formal que una generación de jóvenes autoras ha sabido prolongar hoy hacia nuevos espacios donde la narratividad tradicional del cómic se deja de lado para adentrarse en un nuevo paradigma, que se arremolina alrededor del concepto de "poesía gráfica". María Medem lo explora en Cénit (Apa Apa Cómics), jugando con el cromatismo y él trazo para generar ritmos visuales, transformando la página en un mándala hipnótico que, paradójicamente, no renuncia a esconder un thriller casi canónico.

Begoña García-Alén y Juan Fernández Navazas certifican las posibilidades de este nuevo discurso con Nueva Mística de Vigo (autoedición), enfrentando la poesía de la palabra con la del dibujo en un diálogo que seduce la vista del lector provocando extrañas pero sugestivas sensaciones. Un concepto que ha atraído la atención de Max, que con Rey Carbón (La Cúpula) se traslada a los tiempos de Plinio para encontrar el origen del dibujo y, de paso, experimentar y reflexionar sobre el sentido de la narración dibujada con esa ironía discreta que ha caracterizado siempre al autor.

Pero la lista de cómics de calidad es amplia: Albert Monteys ha demostrado que puede saltar desde su dominio del género humorístico a la ciencia-ficción más canónica con ¡Universo! (Astiberri), pero sin renunciar a sorprendentes requiebros que arropan un arriesgado discurso que deja sugerentes posos de reflexión; Kim se ha lanzado al relato en solitario contando una historia sorprendentemente inédita: el relato de la emigración española'a Alemania durante los años sesenta, descubriendo en Nieve en los bolsillos (Norma Editorial) unos testimonios que derrumban un argumentarlo comúnmente aceptado y vendido como justificación de políticas actuales. El relato periodístico en cómic sigue pujando con El día 3, de Miguel Á. Giner y Cristina Duran (Astiberri), que recoge con precisión milimétrica los hechos del terrible accidente de metro de Valencia, destapando actitudes vergonzantes, pero también dolorosos olvidos. Y aunque parte del periodismo, El tesoro del Cisne Negro (Astiberri) aprovecha la magistralidad narrativa de Paco Roca para transformar el itinerario por despachos y juicios de la reivindicación del tesoro descubierto por el Odyssey en una aventura apasionante, donde la realidad contada por Guillermo del Corral y la ficción se entrecruzan y empapan entre sí. Ficcionalización de la realidad que alcanza su máxima expresión en Picasso en la Guerra Civil (Norma Editorial), donde Daniel Torres parte de la pasión del pintor por el noveno arte para imaginar una historia alternativa donde la pirueta narrativa busca el más difícil todavía con éxito, creando una invención de atractiva verosimilitud.







Viñetas de Picasso en la Guerra Civil, de Daniel Torres, y cubiertas de los libros Poulou y el resto de mi familia, de Camille Vannier, y Nieve en los bolsillos, de Kim.



Ha sido también el año del descubrimiento de la frescura y desparpajo de Camille Vannier, que ha conseguido con Poulou y el resto de mi familia (Sapristi) una obra chispeante y delirante que invita a la relectura; o el de la insólita El método Gemini, de Magius (Autsaider), que se adentra en la Mafia con planteamientos que beben de los clásicos del cine para desarrollar una narrativa propia de violentos cromatismos que atrapan lo escabroso con igual efectividad que las películas de Scorsese. Pero también el de nuevas entregas de series de obligado seguimiento, como el cuarto volumen de Orlando y el juego, de Luis Duran (Diábolo), maravillosa zambullida por la magia de la cultura popular; La Última Curda (Panini), nueva incursión en ese paradójico universo diminuto del Capitán Torrezno de Santiago Valenzuela; o Yo, loco (Norma Editorial), con la que Antonio Altarriba y Keko prosiguen su exploración del ego dando de paso un buen capón al apetito feroz de las farmacéuticas.
Y todo esto es tan solo una ínfima muestra de lo que ha sido el año...



El Pais Babelia Nº 1.413 Sábado 22 de Diciembre de 2018