lunes, 5 de marzo de 2018

¿Por qué han llegado tan jóvenes a los 80 años Spirou y Fantasio?

Dibujantes, guionistas y editores nos cuentan los secretos de estos dos personajes históricos del cómic europeo que este año están de aniversario



FERNANDO BERNAL
25 FEB 2018

En 1938 vio la luz la primera historieta de Spirou y Fantasio en la revista francobelga Le Journal de Spirou. Era el nacimiento de dos personajes claves de la historia del cómic europeo a la altura de  Astérix y Obélix y Tintín, con el que durante muchos años compitieron en popularidad. El creador fue Rob-Vel, pero el impulsor de su éxito fue André Franquin (uno de los grandes genios de la historia del cómic de humor y creador Gaston Lagaffe), que consiguió que esta pareja obtuviera durante dos décadas la fama en todo el mundo y, también, transformó su estructura, aportando complejidad a las historias con respecto a sus orígenes.


Spirou comienza siendo un botones, en realidad nunca ha perdido su uniforme a lo largo de todos estos años, y luego acaba viviendo aventuras, siempre acompañado por su amigo Fantasio, con el que forma un tándem perfecto gracias a sus personalidades antagónicas, y protagonizan gags cada vez más inteligentes. Varios dibujantes han mantenido vivos a estos dos personajes a lo largo de 80 años. Para celebrar su aniversario, hablamos con algunos profesionales del cómic de nuestro país y fans de Spirou y Fantasio.

Borja Crespo (Cineasta y especialista en cultura popular)

"Los conocí por la edición de la revista Spirou Ardilla en nuestro mercado, cuando era muy pequeño. Mis padres me llevaban a un sitio mítico que ya no existe, el quiosco de Esteban en el Casco Viejo de Bilbao. Allí había muchos tebeos y mis ancestros no me compraban solamente el Mortadelo. Tuve la suerte de que me enseñaban otras cosas y Spirou me cautivó. No tardé en darme cuenta de que lo mejor de Ibáñez y compañía salían de ahí (el botones Sacarino es una mezcla entre el propio Spirou y Gaston Lagaffe). Me encantaban todos los personajes, me enganché a la línea francobelga sin saber lo que era. Esperaba ansioso cada entrega de la publicación. Cuando desapareció, otras iniciativas cogieron el testigo, como la genial Fuera Borda, ¡que se anunciaba en televisión!".

"Son historia del cómic. El cómic europeo son Spirou y Fantasio. También mucho personajes más, pero pueden presumir de ser absolutamente imprescindibles. El medio evoluciona con ellos. Son únicos, y tienen la capacidad de mutar en sus aventuras. Los personajes secundarios también son magníficos. No ha dejado de protagonizar grandes obras años después. Mantiene la fuerza sin Franquin. La riqueza de sus viñetas es evidente. Sin ellos el cómic no sería lo mismo, especialmente el europeo".

"Junto a Moebius y Robert Crumb, para mi André Franquin es un autor esencial, forman el trío de ases. Le daba a todos los palos, con ese estilo gráfico tan personal. Después de estar enganchado a Spirou, apareció su álbum Ideas negras y rompió mis esquemas, con ese humor negro tan flipante. para mí fue un antes y un después, casi mi salto a la edad adulta como lector. Al menos, fui consciente de por dónde iba mi sentido del humor. Ese esencial si hablamos de cómic francés. Sin él no se entenderían muchas corrientes de la historieta".


Ricardo Esteban (Dibbuks)

"Desde pequeño he tenido una especial predilección por todo el cómic francobelga. Su estética tan cuidada, sus historias muy apegadas a la aventura y al humor, hacían que disfrutara como un loco tardes enteras de fines de semana. Los tres grandes personajes históricos poblaban mis estantería: Tintín, Asterix y Spirou. Es normal que cuando empezara mi andadura en el mundo editorial de cómic hace ya catorce años me empeñara que la línea a seguir era esta. Y todos, todos los años, preguntaba a los editores que poseían estos derechos por la posibilidad de publicarlos de nuestra mano en España. Cuando tuvimos la inmensa suerte de obtener los de Spirou y Fantasio, la alegría y la emoción fue enorme. Los otros dos personajes ni me atreví a preguntar, pues estaban muy bien representados. Pero Spirou, el universo de Spirou, era tan grande que nadie se atrevía a publicarlo como se merecía y eran meros apaños lo que nos encontrábamos en las librerías. Ser el editor en castellano de la serie de Spirou y Fantasio es un orgullo. Mucho hay que esforzarse por estar a su altura. ¡Los lectores tienen la palabra!".

"Este año se cumple el 80 aniversario de su nacimiento. Como paradigmático, decir que es el único personaje de esta importancia que no pertenece a un autor, sino a una editorial. Y es ella la que decide, en cada momento, quién continúa la serie regular y quién puede hacer números extraordinarios. Ahora mismo Yoann & Vehlmann están haciendo las delicias con sus cinco últimos números de la serie regular. Pero Munuera, Nic & Cauvin, Tome & Janry, Fournier... aportaron en cada etapa del personaje su granito de arena y sus adaptaciones al personaje. Y consiguieron que estuviera vivo y actual pese a tener 80 años de vida. Cada álbum de la serie nos sorprende con nuevos giros, nuevos inventos, situaciones totalmente actuales y cercanas al lector. Como digo, Spirou tiene mas vida y vigencia actual que muchos de los personajes que ahora mismo están naciendo y publicándose".


David Rubín (Ilustrador y autor de cómics)

"Yo de chaval era más de leer superhéroes que francobelga, más que nada porque eran más caros y no solía haber álbumes de ese tipo en casa. Creo que fue en una biblioteca donde leí por primera vez un Spirou, no recuerdo cuál. Lo que sí recuerdo es El pequeño Spirou, de Tomé y Janry, porque se publicaba en El Pequeño País cuando era chaval. Pero si soy sincero comencé a fascinarme de verdad y a apreciar toda la calidad de sus páginas con ventipico años ya cumplidos".

"Lo que más me gusta, y por lo que creo que funciona tan bien, de Spirou y toda la troupe de personajes que pueblan sus aventuras es el gran carisma que derrochan; son personajes muy bien construidos, con una personalidad muy marcada, pero al tiempo saben adaptarse magníficamente bien a cada uno de los tiempos que les han tocado vivir, y a los diferentes equipos creativos que han pasado por ellos. En todos los casos, funcionando a la perfección y sin perder su esencia, al tiempo que se benefician de la personalidad de cada autor y de la idiosincrasia de cada época, ya pasen por las manos de Franquin, Chaland, Jijé o, por ejemplo, José Luis Munuera, entre otros. Todos ellos magníficos autores, eso es otro punto clave de Spirou a lo largo de las decadas; todos los autores y equipos creativos que han trabajado con estos personajes han sido siempre autores de primera fila, de calidad incuestionable".

"Franquin ha sido uno de los grandes de este medio, para mi no sólo a nivel de la tradición francobelga, si no también a nivel internacional, global. Lo tenía todo. Era un dibujante fuera de serie, con estilo propio, que ha creado escuela, y con fuerte personalidad. Como guionista era también excelente, con un sentido de humor y de la aventura a prueba de bombas, y una capacidad narrativa sobresaliente. Me gustaría destacar también su faceta de portadista e ilustrador; sus portadas para la revista Spirou son una verdadera gozada, compositivamente perfectas y elegantes, muy dinámicas, y con gags inteligentes y que siempre funcionaban e invitaban a acercarte a la publicación y abrir la con ganas. Un verdadero maestro".


Bernardo Vergara (Historietista)

"Lo primero que leí fue Z como Zorglub, de chaval, y me entusiasmó. Se publicó en la revista Spirou Ardilla, la versión española de la revista Spirou que vio la luz a finales de los setenta y que no tuvo demasiado éxito. Creo que duró un par de años. He de decir que me flipó y desesperó a partes iguales porque se publicaba por entregas semanales de cuatro páginas, así que tarde unos cuantos meses en conocer el desenlace de una aventura que tenía 60 páginas. Centrándonos más en André Franquin que, aunque no fue el creador, sí es el autor que ha dado al personaje la popularidad que hoy tiene, una importancia fundamental. Creo que Franquin sienta las bases de una manera de hacer cómic que ha influido a varias generaciones de dibujantes europeos".

"Fundamentalmente, destaco su humor. Franquin es uno de los mayores genios que ha dado el cómic de humor como demostró durante tres décadas dibujando a Gaston Lagaffe, su obra magna, y ese humor está muy presente en las aventuras de Spirou y Fantasio. Me vuelven loco especialmente su habilidad para el gag visual y el slapstick, su manejo de la caricatura y el dominio absoluto del movimiento. Franquín fue uno de los puntales de la llamada Escuela de Marcinelle que surge alrededor de la revista Spirou, y que sería junto a la Escuela de Bruselas, que tiene a Hergé como máximo exponente, la influencia fundamental en el desarrollo del cómic europeo a partir de los años cincuenta".


El Pais. Tentaciones













El cómic redime a Nick Cave

El dibujante Reinhard Kleist recrea el proceso creativo del mítico líder de The Bad Seeds, aficionado a los tebeos

TEREIXA CONSTENLA

Valencia 25 FEB 2018

Página del cómic 'Mercy On Me', sobre Nick Cave.

A veces la destrucción se busca y a veces llega sola. El músico australiano Nick Cave se trabajó a fondo la suya durante años y, cuando al fin encontró cierta quietud interior en una vida de apariencia convencional, le sobrevino lo inesperado: la muerte de un hijo de 15 años. Lo que diferencia a Nick Cave y a otros artistas de los demás es que en esos ramalazos destructivos encuentran energía para construir algo nuevo. Indagar en ese proceso creativo es el principal objetivo de Nick Cave. Mercy On Me (ECC), el primer cómic sobre el líder de The Bad Seeds, escrito y dibujado por el alemán Reinhard Kleist (Hürt, 1970). Antes, Kleist abordó las biografías de Fidel Castro y Hertzko Haft, un boxeador judío que sobrevivió a los campos de concentración gracias a sus peleas contra otros presos (ambos publicados en España por Norma). El dibujante confiesa que le fascinan los personajes donde lo oscuro y lo luminoso pugnan con fuerza pareja. A Cave le sobran ambas cosas.

Hasta alcanzar cierta paz existencial, Nick Cave (Warracknabeat, 1957) vivió días sin piedad con el mundo, con el público y consigo mismo. Con sus primeras bandas (The boys next door y The birthday party) se sumergió en todo el viacrucis maldito que se le presupone a una futura estrella de rock: precariedad, violencia, alcohol, drogas y demás excesos. De fondo, la búsqueda de una voz propia, el deseo de ser alguien único. Él fue y regresó del lado oscuro. Un buen atajo para la mitificación. Antes de cumplir los 60 años y después de tres bandas y dos novelas, a Cave se le trata en cada concierto como una leyenda. Una leyenda aficionada al tebeo, así que cuando recibió la propuesta de Reinhard Kleist para trasladar su vida al cómic, respondió de inmediato que sí. “Él había leído mi álbum sobre Johny Cash y le había gustado”, recordaba el sábado durante una entrevista en la Héroes Comic Con de Valencia el dibujante alemán.

Kleist tiene tres obsesiones como autor: los seres duales, los músicos y los boxeadores. Cave casi cumple las tres (indaguen en sus días juveniles). “Y, al igual que Cash, es un gran narrador que cuenta muchas historias en sus canciones”. Por ahí tiró Kleist. “Tuvimos una conversación después de que yo le enviara un resumen con su biografía, al que había respondido con un simple ‘Está bien’. En esa conversación me dijo que en un cómic podía hacer lo que me diera la gana, llevarlo a la Luna si quería. Y casi lo hice”, ríe el dibujante, que envía a Cave al espacio en una página.

El libro es más una búsqueda de la pulsión artística del australiano y una exploración de los mundos de ficción de sus letras o libros antes que un relato cronológico de su vida. “Me di cuenta pronto de que tenía que dejar a un lado los hechos para contarlo como artista. Mi idea ha sido centrarme en sus personajes, hacerlos revivir y enfrentarlos a su creador. Cuando eres un artista, creas mundos narrativos y personajes que de alguna manera te convierten en una especie de dios. Creo que eso fue lo que le gustó del cómic”, añade. Estructurado en cinco capítulos que llevan el título de canciones o libros, el álbum muestra los diferentes tumbos de Cave cuando aportan pistas sobre su trabajo, como los días de encierro en Berlín mientras escribía en un estado de trance —falta de sueño y exceso de sustancias— su primera novela, Y el asno vio al ángel (Pre-Textos, 2005), que se entremezclan con secuencias imaginarias a partir de canciones como The Mercy Seat o Higgs Boson Blues.



Muerte de su hijo


Reinhard Kleist, el sábado en la Comic-Con de Valencia. JOSÉ JORDÁN

Cave y Kleist mantuvieron una comunicación fluida durante los tres años que el dibujante dedicó a la novela gráfica. En julio de 2015, en pleno trabajo, falleció uno de los mellizos de Cave y de la diseñadora Susie Bick al caer por un acantilado de Brighton después de haber consumido LSD. “Al enterarme me asusté porque no sabía qué haría Nick, si querría seguir colaborando conmigo. Pero tenía claro que no iba a tocar esa tragedia en el cómic, no estaría bien”.

Seis meses después, mientras Cave grababa en Londres Skeleton Tree, donde conjuraba parte del duelo, se reencontraron. El dibujante, nervioso y el músico, amable. “Vio el trabajo, incluso se rio con algunos dibujos. Me preguntó si la muerte de su hijo iba a formar parte del libro y le dije que no. Respondió que eso estaba bien y me dio un abrazo”.


BIENVENIDO EL ENTRETENIMIENTO

La primera edición de la convención Héroes Comic-Con de Valencia se clausuró el domingo. Un éxito de público, a la vista de las colas que se formaron para acceder al recinto de la Fira de Valencia o para lograr una firma —previo pago de 25 euros, según la Cadena SER— de Gatten Matarazzo, el joven actor de Stranger Things, la serie de Netflix, o para asistir a algunas charlas de autores internacionales como Emile Bravo, el dibujante francés de origen español. Los organizadores confirmaron la asistencia de 23.000 personas, la mayoría atraídas por el espíritu de los superhéroes, los videojuegos, las sagas como Star Wars o el tirón de dibujantes internacionales como Hermann o Aimée de Jongh. Algo arrinconado quedó el cómic de autor, con poco público en algunas charlas —algunas tan alejadas de la nave principal y tan poco señalizadas que costaba encontrarlas-, aunque con notable demanda en las colas para conseguir una firma.Las exposiciones estuvieron un tanto relegadas, pese a su interés, como la de Exilio, dedicada a una treintena de intelectuales y políticos desterrados tras la Guerra Civil, dibujados por otros tantos autores. Dicen los organizadores que aspiran a convertir esta feria, inspirada en la Comic Con de San Diego, en el festival de Angulema español, pero lo que triunfó en Valencia está lejos del poso cultural de la cita francesa.

 'NICK CAVE: MERCY ON ME'

 Autor: Kleist Reinhard .

Editorial: ECC Ediciones (2018).

Formato: tapa dura


El Pais


Juan Berrio: “Es difícil no sucumbir al encanto de la tristeza”

El dibujante ilustra un cuento de Dino Buzzati y publica su nuevo cómic 'Siete sitios sin ti'





El dibujante Juan Berrio. SETANTA

Una vulgar crisis sentimental desencadena Siete sitios sin ti (Dibbuks), el último cómic de Juan Berrio (Valladolid, 1964), un especialista en libros nada vulgares que a veces se autoedita. Acaba de ilustrar además Siete plantas (Nórdica), de Dino Buzzati.

Su primer libro triste, dicen en su editorial de Siete sitios sin ti.
Es difícil no sucumbir al encanto de la tristeza. Está presente en muchas de mis historias cortas, pero es la primera vez que es tan visible en una de mis novelas gráficas. La historia empieza cuando la protagonista decide dejar la casa en la que vive con su novio. Es un mal momento, pero no tengo interés en regodearme en esa tristeza, más bien quiero explorar cómo pasa el tiempo, ver cómo son las siguientes decisiones, qué caminos se abren y qué puertas se cierran, observar cómo se relaciona con la gente que la rodea y los espacios más familiares, escuchando esas conversaciones y esos silencios.

Sus libros suelen ser melancolías: amores platónicos, cuadernos de frases encontradas…
Creo que hasta cuando trato temas intrascendentes u organizo un relato en torno a juegos de palabras, incluso cuando intento hacer humor, retrato un mundo pequeño, donde todo funciona, que nos invita a sonreír. Pero probablemente por detrás siempre hay un trasfondo de melancolía.

Y siempre hay caminos. 
Por supuesto, y más en una historia con un principio como este. Del mismo modo que me interesan esos relatos felices con un fondo de nostalgia, cuando retrato malos momentos trato de que haya un camino para la esperanza.

¿Con qué música dibuja? 
En mi estudio siempre suena música. Cuando trabajo en un guión muchas veces hago listas que me sumerjan en el ambiente que quiero recrear, el resto del tiempo me encanta explorar y encontrar temas nuevos. Y cuando me pierdo vuelvo a Cat Power, Mazzy Star y Tom Waits.

Recomiende tres cómics a alguien que desdeñe los tebeos. 
Rosalie Blum de Camille Jourdy, Frances de Joanna Hellgren, Goliat de Tom Gauld.

¿Es más ardua la autoedición o la creación?
Nada es fácil. La creación de una obra unas veces es ardua y otras no. La autoedición la reservo para proyectos personales difíciles de clasificar –nunca me editaría una novela gráfica o un álbum infantil, para eso confío en alguna de las editoriales fantásticas que tenemos–. Y cuando me lanzo a ella tengo que contar con todas mis energías porque es un esfuerzo largo y sostenido.

¿A qué personaje literario le gustaría ilustrar? 
Marcobaldo, de Italo Calvino, o alguno de los personajes de la Santamaría de Onetti.

¿En qué lee al acostarse: libros o pantallas?
Siempre en papel.

 El último libro (cómic o no) que le ha gustado. 
Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska.

Si no fuera lo que es, ¿qué le gustaría ser? 
Creo que me hubiera gustado hacer alguna actividad relacionada con el cine. Me atrae ese proceso tan complejo que implica a tantas personas y que tanto contrasta con el trabajo solitario del ilustrador.

¿Qué está socialmente sobrevalorado?
Las propias relaciones sociales unidas al ocio nocturno. Me sorprende el auge de las terrazas: todo el año y en cualquier lugar, incluso en una calle con tráfico o junto a contenedores de basura.

¿Qué encargo no aceptaría jamás?
No aceptaría un trabajo en el que no pudiera implicarme del todo, al que no pudiera dedicarle todo el tiempo que necesitase y que no me ilusionara.

¿A quién le daría el próximo Premio Cervantes?
¡Uy, los Premios! Este año fui jurado del Nacional de Ilustración y lo pasé mal. No sé si da el perfil, pero voy a decir Gonzalo Suárez.


El Pais. Babelia Nº 1.370 Sabado 24 de febrero de 2018

A la carga, mis cobardes

ECC reedita en español casi tres décadas después la etapa en la que Ostrander estuvo al frente de la serie protagonizada por supervillanos

JAVIER FERNÁNDEZ
28 Febrero, 2018



'Escuadrón suicida: Prueba de fuego'. John Ostrander, Luke McDonnell. ECC. 240 páginas. 23 euros.

Casi treinta años después, se reedita al fin en nuestro idioma la estupenda etapa del Escuadrón Suicida realizada por el siempre interesante John Ostrander y un más que cumplidor Luke McDonnell. O al menos se reedita el primer arco argumental de la serie, porque avisa ECC de que la iniciativa seguirá adelante solo si encuentra suficiente apoyo por parte de los lectores (lo mismo se aplica al rescate de otra de las joyas del periodo, la Liga de la Justicia de J. M. DeMatteis, Keith Giffen, Kevin Maguire y compañía). Cruzo los dedos por que así sea, y es que la única edición disponible, la de Zinco, se truncó antes de lo previsto y rabio por poder leer la obra en su totalidad.

Este primer volumen se titula Escuadrón Suicida: Prueba de fuego y reúne los números 1 a 8 de Suicide Squad (1987), más el número 14 de Secret Origins (1987), un episodio previo que narra la creación del supergrupo por parte de la administración Reagan, hilando con maestría elementos clásicos de hasta tres décadas de historietas. Resumiendo, el Esquadrón Suicida es el último eslabón de una cadena de fuerzas especiales del gobierno de los Estados Unidos que se remonta a los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Dirigidos por la persuasiva e implacable funcionaria Amanda Waller (seguramente el personaje más fascinante de la serie), los integrantes del Escuadrón Suicida son supervillanos encarcelados a los que se ofrece la oportunidad de conmutar su tiempo de condena participando en operaciones encubiertas a las órdenes del coronel Rick Flag o, dicho de otro modo, de hacer el trabajo sucio y jugarse la vida neutralizando amenazas contra la seguridad nacional. Para asegurar que ninguno se dé a la fuga, los miembros de tan particular supergrupo llevan brazaletes explosivos en sus muñecas, preparados para estallar si se alejan más de la cuenta.

El elenco propuesto por Ostrander es de lo más variopinto. El guionista desempolva el fondo de armario del universo DC y rescata un puñado de villanos de segunda fila como Deadshot, el Capitán Bumerán, Tigre de Bronce o Mindboggler, a los que se suman algunos personajes de nueva creación. Al contar con tipos poco o nada conocidos, Ostrander puede jugar con ellos a su antojo, sin miramientos y, de hecho, en la primera misión ya muere uno de los miembros del Escuadrón, lo que aporta cierto grado de sorpresa a la lectura. Otra de las cualidades de la serie, quizá la principal, es la inversión en el punto de vista: los protagonistas aquí no son héroes, sino villanos de dudosas motivaciones, un grupo disfuncional compuesto por verdaderos inadaptados sociales, lo que genera una dinámica insólita y un sinfín de tensiones entre los supuestos colegas de armas. A lo largo de su dilatada carrera, Ostrander nos ha regalado varios títulos sobresalientes: Grimjack, El Espectro, El Detective Marciano, pero Escuadrón Suicida permanece como su obra más emblemática e influyente, el germen de todo un subgénero que ha dado luego otros frutos notables como Thunderbolts o Los Seis Secretos.

Malaga Hoy


Historias desde el agua

JAVIER FERNÁNDEZ
28 Febrero, 2018


'Aquaman: Las crónicas de Atlantis'. Peter David, Esteban Maroto. Panini. 344 pág. 32,50 euros.

Aquaman: Las crónicas de Atlantis recopila los siete números de la fenomenal miniserie The Atlantis Chronicles (1990), escrita por Peter David y dibujada por el español Esteban Maroto. Con un tono épico y de fantasía, el libro desarrolla una extensa saga generacional que va desde el hundimiento de Atlantis en la antigüedad hasta el propio nacimiento de Aquaman, estableciéndose así un nuevo origen y un nuevo entorno para el personaje en la continuidad del universo DC posterior a Crisis en Tierras Infinitas. El guión de David es imaginativo, y Maroto le aporta una textura deliciosa y un tono sofisticado, bien diferente del típico tebeo de superhéroes. En resumen, una lectura excitante y absorbente que ha envejecido muy bien.


Malaga Hoy


Los orígenes del Murciélago

JAVIER FERNÁNDEZ
28 Febrero, 2018



'Batman: Año uno - Edición 30 aniversario'. Frank Miller, David Mazzucchelli. ECC. 128 pág. 14,95 euros.

Justo después de revolucionar el medio con Batman: El regreso del Caballero Oscuro (1986), Frank Miller se alió con el dibujante David Mazzucchelli para narrar el origen del Hombre Murciélago en el proverbial Batman: Año Uno (1987). La edición especial de ECC celebra el 30 aniversario de esta obra maestra del cómic de superhéroes, uno de los tebeos más influyentes de la historia, de tono noir y auténtica perfección visual. Con un precio asequible y un diseño minimalista, el volumen se completa con una selección de extras que incluye dos prólogos, de Denny O'Neil y el propio Miller, fechados en 1988, los correos de los lectores de la época, bocetos, diseños promocionales, cubiertas, ejemplos del coloreado, un cómic reciente de dos páginas sobre el Dúo Dinámico realizado por Mazzucchelli y un fragmento del primer tebeo del artista, dibujado allá por 1966.


Malaga Hoy


Una tormenta creativa

JAVIER FERNÁNDEZ
28 Febrero, 2018

'Wildstorm: Especial 25 aniversario'. VV.AA. ECC. 240 páginas. 23 euros.

El estudio WildStorm, uno de los integrantes iniciales de la editorial Image, fue fundado en 1992 por Jim Lee y Brandon Choi. Más tarde, en 1999, se separó de la compañía madre y se convirtió en un sello de la editorial DC, bajo cuyo paraguas acabó publicando algunos de los títulos más sobresalientes de los primeros años del presente siglo. Hoy por hoy, WildStorm ha perdido la frescura y el descaro de antaño, aunque el relanzamiento de su línea en 2017, con la cabecera The Wild Storm, de Warren Ellis y John Davis-Hunt, augura nuevas y excitantes posibilidades.


He dicho que WildStorm publicó algunos de los títulos más sobresalientes de comienzos de siglo, y es que supo reunir a un puñado de creadores excepcionales y le dio plena libertad. Vean, si no, la siguiente selección de títulos de su catálogo: Astro City, de Kurt Busiek y Brent Anderson; The Authority, de Ellis y Brian Hitch, y su posterior continuación por parte de Mark Millar y Frank Quitely; Planetary, de Ellis y John Cassaday; Wildcats, de Joe Casey y Sean Philips, Wildcats Version 3.0, de Casey y Nguyen, Automatic Kafka, de Casey y Ashley Wood; Sleeper, de Ed Brubaker y Philips; Ex Machina, de Brian K. Vaughan y Tony Harris; o la línea America's Best Comics, en la que Alan Moore, con artistas de primera fila, desarrolló conceptos tan brillantes como La Liga de los Hombres Extraordinarios, Promethea, Tom Strong o Top Ten. Casi nada.


WildStorm: Especial 25 aniversario rememora la trayectoria de este sello imprescindible con un contenido excepcional. El libro se abre con la reproducción en blanco y negro del primer número del WildC.A.T.s del propio Lee, y presenta ilustraciones inéditas y bocetos de las principales franquicias de la editorial, así como historietas realizadas ex profeso (como una nueva aventura de The Authority, por Ellis y Hitch, y otra de Gen13, por J. Scott Campbell), o material poco conocido, como el tebeo de Wildcats que firmaron en 2006 Grant Morrison y Lee, al que acompaña el guión inédito de la continuación que nunca se hizo.


Malaga Hoy


El mejor en su trabajo

El personaje de Lobezno se abre hueco en el universo Marvel tras una primera aparición en la última viñeta de Hulk

Protagoniza una miniserie y Hugh Jackman le da vida en el cine



GERARDO MACÍAS
28 Febrero, 2018



'Colección Frank Miller. Lobezno: Honor'. Guion: Chris Claremont. Dibujos: Frank Miller. Panini Cómics, 2017.

Lobezno es un superhéroe de Marvel Comics creado por Len Wein, Herb Trimpe y John Romita. Su nombre en inglés es Wolverine, en referencia al carcayú, también llamado glotón, un mamífero carnívoro que habita en Norteamérica y en el norte de Asia, famoso por su fuerza y fiereza, así como por su prodigioso sentido del olfato.

Su primera aparición la realizó en la última viñeta de The Incredible Hulk nº 180 (octubre de 1974), aunque su presentación fue en el número siguiente, donde se revela que se trata de un agente del Gobierno de Canadá, enviado a Quebec para detener a Hulk, que llega hasta allí buscando un lugar donde no le molesten los humanos, y a su adversario, el Wendigo, una bestia de la mitología canadiense.

Un factor de curación de alcance desconocido, un entrenamiento militar de élite, un esqueleto de adamantium (indestructible metal ficticio, recurrente en el Universo Marvel), y unas poderosas garras, son las señas de identidad del superhéroe mutante más salvaje y con más carisma de Marvel.

Wolverine se unió a los X-Men en 1975, formando parte del grupo de mutantes, desde Giant-Size X-Men nº 1, por Len Wein y Dave Cockrum. El personaje fue desarrollado desde ese momento por Chris Claremont, Dave Cockrum y John Byrne a partir de The Uncanny X-Men nº 93. Byrne le puso especial interés, pues el autor es canadiense como el personaje.

En The Uncanny X-Men nº 118, Wolverine viajó a Japón. Allí conoció a Mariko Yashida, hija de Lord Shingen Harada, líder del poderoso Clan Yashida. Wolverine y Mariko terminaron enamorándose. Cuando la joven fue forzada por su padre a aceptar un matrimonio arreglado, Wolverine intervino y derrotó a Lord Shingen, que acabó cediéndole la mano de su hija.

Chris Claremont y Frank Miller, otro genio de las viñetas, decidieron que Lobezno merecía ser más que un tipo primitivo y descontrolado. Así nació en el año 1982 Lobezno: Honor, una miniserie que es la primera cabecera protagonizada en solitario por Wolverine. En la primera página debuta la frase que instantáneamente se convertiría en el leitmotiv de Lobezno: "Soy el mejor en mi trabajo, pero mi trabajo no es agradable".

Frank Miller había sido el responsable de transformar a Daredevil de la versión de baratillo de Spider-Man a uno de los grandes héroes urbanos de Marvel, y en Lobezno: Honor se vuelve a proponer una trama urbanita, desarrollada en este caso en el Japón de los años ochenta, mezclando escenarios de las más altas clases japonesas y de los barrios más bajos.

Las primeras páginas de la miniserie Lobezno: Honor sitúan al personaje en Canadá, para enviarlo rápidamente a Japón en busca de su amada Mariko, que inexplicablemente ha dejado de responder a sus cartas. Allí, se encontrará con las férreas tradiciones niponas, que han abocado a Mariko Yashida a aceptar nuevamente un matrimonio forzado, a la despiadada Yakuza japonesa, que trata de desbaratar los planes de Lobezno, y a La Mano, un culto de ninjas místicos fuertemente involucrados en el crimen organizado, que había debutado en Daredevil nº 168 (enero de 1981), escrito y dibujado por el propio Frank Miller.

La Mano se ha hecho popular por sus apariciones en teleseries Marvel de Netflix, como Daredevil, Iron Fist y Los Defensores.

El relato lleva implícito de por sí un gran peso emocional, por lo que el lápiz de Frank Miller no hace más que dotar a esta historia de una mayor envergadura. La miniserie plasma con soltura la violencia del personaje, pero no olvida esos momentos en los que predominan los pensamientos de Lobezno. La narrativa fluye sin mayor problema, con unas coreografías perfectamente bien estudiadas. Viñetas cuadradas y planos imposibles dan paso a panorámicas cinematográficas, permitiendo fluir katanas y garras en todas las direcciones.

El cómic Lobezno: Honor, de Chris Claremont y Frank Miller, inspiró en 2013 el largometraje Lobezno Inmortal, protagonizado por Hugh Jackman y dirigido por James Mangold.

El misterioso origen de Lobezno, su lado animal pero también su vertiente más afable, hicieron que se convirtiera en el miembro más valorado de la Patrulla-X, y el éxito de esta miniserie fue el espaldarazo para que el personaje consiguiese pronto su propia serie abierta mensual.


Malaga Hoy


miércoles, 28 de febrero de 2018

Mariano Fortuny, en su sitio

El Museo del Prado impulsa una profunda revisión del pintor con una retrospectiva

FRANCISCO CALVO SERRALLER
20 NOV 2017

'Los hijos del pintor', de Mariano Fortuny.

Precisamente porque aún se nos atraganta la pintura española del siglo XIX con la sola excepción del Goya maduro, creo muy oportuna la iniciativa del Museo del Prado de volver con ambición y originalidad sobre la figura de Mariano Fortuny (Reus, 1838-Roma, 1874), muerto prematuramente a los 36 y en medio de un éxito internacional bastante apoteósico, que, paradojas de la vida artística, se volvió después contra él. Antes de abordar este asunto, conviene resaltar la importancia de esta iniciativa, que ha reunido casi 200 piezas, pero, sobre todo, por su enfoque, que desborda el cauce de lo habitualmente exhibido sobre este artista catalán, de origen humildísimo, dotado de un ansia de triunfo y una voluntad de hierro, que trabajó con denuedo su talento natural y pleno de inquietudes no colmadas.

Las reticencias que su obra producen proceden la mayoría de una cuestión cronológica, porque Fortuny perteneció a la generación de los grandes impresionistas franceses, que, a diferencia de él, tardaron en obtener reconocimiento público y, sin embargo, se instalaron de forma privilegiada en el relato oficial de la historia del arte moderno. La singularidad de Fortuny, como apunta en su texto el comisario de la muestra, Javier Barón, comienza por su peculiar formación como artista. Huérfano desde una edad muy temprana, quedó a cargo de un abuelo homónimo, Mariano Fortuny y Baró, un hábil carpintero con veleidades de escultor, que le adiestró en la habilidad manual con un uso pulido de la técnica, en un momento en que los artesanos usaban todavía manuales de decoración estimulantes, donde se acoplaban sofisticados motivos a los nuevos métodos de producción cada vez más industrializados.

En este ambiente se fraguó sin duda una vocación en la que importaba más cómo llegar a hacer cualquier cosa bien que la razón de hacerla. En este sentido, desde muy pronto, Fortuny afrontaba con ilusión cualquier técnica que tuviera a su alcance, el dibujo, el grabado, la acuarela, el pastel, la pintura al óleo, etcétera, dejando más al albur la impronta intelectual o simbólica de los temas. Por otra parte, cuando ingresó en centros de formación académica, como la Escuela de Bellas Artes de Barcelona en 1853, aún regida por el ya trasnochado modelo del romanticismo Nazareno, tampoco sacó mucho fruto. En realidad, sólo cuando viajó a Roma en la primavera de 1858 pudo percatarse del debate artístico internacional y conectarse con los colegas españoles e italianos de su generación, entre los que se encontraba Eduardo Rosales (1836-1873), que también vio truncada prematuramente su prometedora carrera al fallecer con 37 años. Por lo demás, quienes opinan que el éxito internacional de Fortuny estuvo ligado exclusivamente al mercado, véase su contrato con el todopoderoso marchante parisiense Goupil y lo que ello implicaba de irregularidad académica, he de decir que estoy en franco desacuerdo, porque pienso que una ocasión no debe interpretarse como una causa, y, aún menos, si se habla de arte, una práctica por sí misma irreductible a este patrón de “causa-efecto”.

En cualquier caso, la presente exposición tiene aportaciones relevantes. En primer lugar, no es una retrospectiva al uso: no convierte la trayectoria de Fortuny en una aséptica ordenación de estaciones homologadas, sino que se centra en lo que ésta tuvo de dinámico esfuerzo del viajante por arribar a lo mejor de sí mismo. En ella, por ejemplo, se eluden los trompicones iniciales y arranca cuando Fortuny se encontró a sí mismo, en sus viajes al norte de África, allá por la década de 1860. En segundo, y consecuentemente, pone énfasis en la reflexión del humilde chaval de Reus sobre la reversión de las técnicas artísticas, como, por ejemplo, la transformación de la acuarela en algo nunca antes visto: hace con ella lo que tradicionalmente solo se lograba a través del pastel y el óleo. En tercer lugar, husmea entre los caudales de su inspiración española y su suprema decantación del Museo del Prado, algo antes muy poco o superficialmente oteado. En cuarto, la clarificación de su proceso evolutivo, cambiando las atribuciones cronológicas erradas, que eran muchas. En quinto, comprende la trascendencia que para él tenía, como buen autodidacta, la “ambientación”, dedicando una amplia sala a la recreación de su taller, donde el artista marcó el guion de su visión, luego aprovechada por su hijo, que convirtió a esta misma en un formidable estético negocio todavía hoy operativo. En sexto, consigue obras de Fortuny poco o nunca vistas por estos pagos. En séptimo y último, se molesta en explicar los destellos que configuran formalmente la obra, como sus formidables encuadres, la matérica textura de su acción pictórica, la rica y compleja coloración de sus sombras, la miniaturización orfebre que late entre lo grandioso sin caer en lo relamido, la palpitación versicolor de la luz, la generación de un erotismo cristalino cuando todo entonces se despachaba con rosáceos empolvados, el uso expresivo de la espátula sin detrimento del preciso punzón…

Pero, al margen de la aportación científico-crítica de la muestra, ¿cambia algo nuestra renuente aceptación de Fortuny, epítome del preciosismo virtuoso, capitaneado por el engreído Ernest Meissonier (1815-1891)? Pues bien, esta es una respuesta que se debe dar cada visitante, pero ahora con cuidado, frotándose mucho los ojos sin pestañear, porque, en la exposición, se hace un énfasis dramático y, a mi juicio, muy redentor en el Fortuny final, el de la segunda mitad de la década de 1860 y 1874, donde se atisba con evidencia un revulsivo creador de mucho fuste del artista, que, en medio del asentamiento glorioso de su fama, manifiesta visos deslumbrantes de inconformismo e inquietud. Todo lo cual nos deja con un talante interrogativo, pues la muerte segó la prometedora cosecha en ciernes. ¿Adónde habría podido ir a parar Fortuny de no haber sido por el cruel hado, si adonde llegó fue lo más parecido a un fértil amanecer, a un renacimiento de sí mismo? Que se nos planteen estas preguntas no es baladí, porque el mérito de esta muestra es que nos obliga a resituarnos en relación con su obra desmintiendo lo más acendrado de nuestros tópicos.

Fortuny (1838-1874). Museo del Prado. Hasta el 18 de marzo.


El Pais Babelia Nº 1.356 Sabado 18 de noviembre de 2017


martes, 27 de febrero de 2018

John Garrett, ¿agente de S.H.I.E.L.D.?

Frank Miller y Bill Sienkiewicz vuelven con su 'Elektra Asesina', que ya protagoniza otro personaje


La letal ninja aparece en esta nueva entrega en un psiquiátrico

JOSÉ LUIS VIDAL
26 Febrero, 2018


¡ATENCIÓN, marvel zombies! Aficionados y amantes de las aventuras y desventuras de los tipos vestidos con capas y mallas. Ésta no es una obra que pueda englobarse dentro de ese género, aunque la peligrosa ninja que le da título sí que nació en una de ellas, concretamente en las páginas del comic-book protagonizado por Daredevil, el abogado de día-defensor de los oprimidos de noche, con el que tuvo un tórrido y, finalmente, dramático, affair.

Pero olvidaos de todo eso, esta historia que un joven Frank Miller, ya en la cresta de la ola precisamente por su impresionante labor como guionista y dibujante en la colección del Cuernecitos, no tenía nada que ver con lo que estábamos acostumbrados. Y este hecho se da principalmente por dos razones: Argumentalmente hablando, Miller nos mete de cabeza en los convulsos años ochenta, donde los todopoderosos Estados Unidos de America extendían sus invisibles tentáculos a lo largo y ancho del globo terráqueo, especialmente en aquellos países sudamericanos en los que el dólar levantaba y derrocaba gobiernos. A todo esto añadidle un tono irónico a tope, ultraviolencia, experimentos con seres humanos y una mordaz crítica a la política (y sus máximos representantes). El resultado fue una obra única, que ya desde su formato especial anunciaba que algo estaba a punto de cambiar. El status del trabajador asalariado, prácticamente en las sombras, variaría de golpe, presentando a la estrella, el autor que podía hacer nuevos y brillantes proyectos en una industria que, precisamente, no estaba pasando por su mejor momento.

Por si todo esto no fuera, en su momento, suficientemente novedoso, Miller se buscó a un partner in crime que dejaría a todos los lectores boquiabiertos: Bill Sienkiewicz, heredero directo de los lápices de otro genio de esto de las viñetas, Neal Adams, ya dejó ver que lo suyo no era quedarse estancado con un estilo reconocible (echadle un vistazo a sus páginas en la colección de Los Nuevos Mutantes), sino que, tirando de otras influencias (la mayoría provenientes del mundo de la pintura y la ilustración, nada que ver con los tebeos) pintaba, introducía collage, diferentes estilos y técnicas en el que ha quedado para la historia de los Cómics como, si no me equivoco, uno de sus mejores y más recordados trabajos.

Pero bueno, os preguntaréis, ¿de qué va este Elektra Asesina? Pues, al contrario de lo que su título indica, dándole una vuelta de tuerca, la letal ninja entrenada por Stick y el letal grupo La Mano no va a ser la protagonista de esta historia… Me explico. Sí, en el primer capítulo sí que, en primera persona, Elektra Natchios va a hacer un rápido recorrido por su pasado: Su dramático nacimiento, la estrecha relación con su padre, los años universitarios, Matt Murdock, el terrible punto de inflexión que hizo que lo abandonaba todo y se convirtiera en la letal máquina de matar que es, etc…

Pero ahora, sorprendentemente, la encontramos en un psiquiátrico, así que no sabemos a ciencia cierta si lo que nos cuenta, esos retazos del pasado, son verdaderos o si es víctima de la medicación y sufre alucinaciones.

Es entonces cuando entra en escena el personaje que realmente protagoniza esta historia, el agente de S.H.I.E.L.D. John Garrett, un tipo que bajo la supervisión de la división Optecex, ha sido mejorado, convirtiéndolo en un ciborg. Pero no penséis en él como un defensor de la ley y la justicia, el cínico y bebedor tipo se va a ver metido, sin él quererlo, en la investigación del asesinato del presidente de Santa Concepción, un pequeño país sudamericano. Os podéis imaginar quién terminó con la vida del premier. Aunque en realidad, el verdadero objetivo de Elektra es el embajador de los USA en el país, Reich, que oculta en su interior un ser maligno y poderoso, La Bestia.





Garrett no volverá a ser el mismo desde que su camino se cruce con el de la ninja, sufriendo a partir de entonces lo que podíamos llamar un "viaje" de pesadilla entre explosiones, muertos a tutiplén (hasta su psicótico compañero, Perry) y poniéndose del lado de Elektra, marcando su destino y convertido en un objetivo para sus antiguos compañeros de organización y los adeptos de, primero Reich, y luego la joven ¿esperanza? política que representa Ken Wind, el nuevo y siempre sonriente líder de masas que aspira a convertirse en el próximo ocupante del Despacho Oval, pese a las reticencias del actual y desquiciado presidente, que no suelta de su regazo el fatídico botón rojo… La amenaza atómica pende sobre las cabezas de todos.


El propio coronel Furia tendrá que tomar cartas en el asunto y encomendará la tarea de frenar a Elektra y Garrett a una de sus mejores agentes, Castidad McBride que, poco a poco, irá averiguando toda la información necesaria sobre la ninja, Garrett y la oscura división Optecex (que parece haber estado realizando experimentos no autorizados).

Se inicia un alocado juego del ratón y el gato en el que el propio Garrett, marioneta en las manos de Elektra, no sabe que es real y que no lo es, mientras esquiva los disparos, las explosiones, el regreso del peligroso Perry, a la S.H.I.E.L.D. y trata, junto a su 'compañera', de frenar los planes de la malvada Bestia.Una obra ésta que solo puede ser calificada como única, hipnótica, genial, y que encumbró las carreras de sus autores, Frank Miller y Bill Sienkiewicz.


Malaga Hoy


lunes, 26 de febrero de 2018

Sacar punta con melancolía

Por Tereixa Constela

Pocos como Jean-Jacques Sempé (Burdeos, 1932) redondean una atmósfera con trazos inacabados. El señor Lambert, que se publicó originalmente en Francia en 1965, había permanecido inédito en España hasta ahora que la editorial Blackie Books está recuperando los trabajos para adultos del dibujante de El pequeño Nicolás. Con las minúsculas herramientas de un lápiz, un esbozo y una chachara, Sempé logra que El señor Lambert ofrezca un retrato costumbrista del bistró económico, un apunte sociológico de la masculinidad del francés medio de los años sesenta y una minitragicomedia. Su ironía afilada e ingenua nada tienen que ver con la sal gruesa del espíritu de Charlie Hebdo. Sempé saca punta al mundo con un deje melancólico. El señor Lambert, donde coinciden algunas fijaciones creativas del dibujante (la amistad o el tedio laboral), discurre en un único plano: el comedor de un restaurante al que, de lunes a viernes, acuden los mismos oficinistas. En esa sala con apenas espacio entre mesas se repiten como rituales cotidianos los menús, los diálogos y las polémicas. El ajetreo se puede medir por la ocupación del perchero. La hora punta coincide con el sempiterno intercambio entre Lucienne, que atiende las comandas, y el señor Cazenave, cliente solitario y apresurado, que engulle a la velocidad del pavo para regresar corriendo al trabajo.

La monotonía y la reiteración forman parte de Chez Picard hasta que un día una ausencia trastoca la vida corriente. Si hasta entonces la política y el fútbol habían monopolizado las conversaciones, a partir de la metamorfosis del señor Lambert, se suceden los relatos confidenciales y nostálgicos, las tabulaciones masculinas sobre gloriosas hazañas eróticas de juventud. Y Sempé, armado solo de lápiz y ternura, se ríe de todo ello.






El señor Lambert
Sempé. Traducción de Miguel Azaola Blackie Books, 2017 60 páginas. 17,90 euros


El Pais. Babelia Nº 1.370. Sabado 24 de febrero de 2018

Tebeorama- un mes de viñetas: Rabia, épica, papel cuché y literatura

POR ALVARO PONS




Una página de La mujer leopardo, de Yann y Schwartz


1 día 3 de julio de 2006 debería estar grabado a fuego en la conciencia de los valencianos. El terrible accidente de metro en el que murieron 43 personas fue un mazazo para una sociedad adormilada que tardó demasiado en reaccionar, dejándose manipular para echar al olvido a las víctimas.



El día 3, de Duran y Giner

Afortunadamente, la asociación de víctimas y periodistas como Laura Ballester siguieron luchando para que ese recuerdo, apenas esbozado, fuera grabándose con mayor profundidad hasta que, por fin, esa sociedad anestesiada reaccionó. Cristina Duran y Miguel Ángel Giner tomaron como punto de partida el libro Lluitant contra l'oblit, de Ballester, para contar esta larga e inacabada historia desde el cómic, en un autoimpuesto reto envenenado: la abundancia de datos técnicos y jurídicos tenía que sintetizarse y explicarse con claridad, pero siendo compatibles con el profundo respeto a la memoria de las víctimas. Evitar el morbo era necesidad, pero el libro tenía que hacer testimonio del dolor. La denuncia desde la profunda indignación marca el relato, pero la rabia debe ser contenida para buscar la justicia. Un equilibrio nada sencillo que los autores consiguen lograr en El día 3 (Astiberri) con un trabajo tan escrupuloso como brillante, en el que el estricto recuerdo de la historia no está reñido con una dura denuncia de la miseria de los dirigentes y de la inacción de la sociedad civil en su momento, pero dejando una puerta abierta a la esperanza en el ser humano. No es poco. En esto de ser de Tintín o Spirou no hay medias tintas: o se opta por la militancia acérrima e incombustible, o uno se deja llevar por una dicotomía ambivalente de corazón partió de mala solución. Eso sí, los que estamos



La mujer leopardo, de Yann y Schwartz

más en el segundo grupo no somos ajenos a momentos de perdición hooliganista, como el que provoca la lectura de La mujer leopardo, de Yann y Schwartz (Dibbuks), continuación natural de aquél logrado El botones de verde caqui para seguir ajustando cuentas con el pasado del personaje y, de paso, con la historia del cómic franco-belga. Yann aprovecha el talento de un Schwartz reconvertido en el mejor discípulo de Yves Chaland para retomar en cierta medida los escenarios de las aventuras africanas de la inconclusa Corazones de acero, enviando a Spirou y Fantasio a enfrentarse a la amenaza de los nazis refugiados en el corazón de la África colonial belga. Con un ritmo endiablado, el guionista plantea un relato clásico del personaje, canónico en su forma, pero aprovecha para dejar segundas lecturas tan jugosas como afiladas, que van desde la contraposición al Hergé de Tintín en el Congo hasta el fundamentalismo de la línea clara, desde la denuncia del colonialismo hasta la reivindicación de una irreverente incorrección política. El resultado, una obra disfrutable tanto para aquel que busca la lectura ociosa como para el amante del icono de Marcinelle.




Poulou y el restó de mi familia, de Camille Vannier.

Poulou y el resto de mi familia, de Camille Vannier (Sapristi), es un libro tan extraño en su catalogación como fascinante en su lectura. Jugando con el lenguaje de la ilustración y el de la historieta a parte iguales, Vannier investiga la vida de su abuelo para descubrir un relato propio de las páginas de papel cuché. Una historia de éxito, famoseo y fracaso, todo un clásico si se quiere ver así, pero que la autora mete en una potente batidora donde el reportaje de revista de corazón se impregna del kitsch almodovariano, para luego ser contado con un atípico humor que oscila entre la pantomima ingenua y bufonesca de Louis de Funes y el humor negro berlanguiano, sin solución de continuidad. El cóctel, sorprendentemente, funciona, con fuerza apabullante que obliga a la lectura entregada y el disfrute. Y a encariñarse obligatoriamente con Poulou.





En la cocina con Kafka, de Tom Gauld.

Tom Gauld es un maestro de la distancia corta, exprimiendo la tira de prensa para reflexionar con originalidad sobre la literatura, en un curioso equilibrio donde el juego intelectual referencial más high brow se combina con la cultura popular como una bomba de relojería. El minimalismo gráfico del dibujante contrasta profundamente con la profundidad de sus propuestas, generando tiras cuya lectura provoca una discreta sonrisa en su momento, pero se queda en un ralentí que tarde o temprano explotará en carcajada socarrona. En la cocina con Kafka (Salamandra Graphic) es la nueva y recomendable recopilación de las tiras que publica en el prestigioso The Guardian.
 

El Pais. Babelia Nº 1.370 Sabado 24 de febrero de 2018

viernes, 23 de febrero de 2018

Clandestinidad y dicha por Juan José Millás


Forges deja un mundo en el que todos y cada uno de nosotros ha quedado dibujado

Viñeta de Forges publicada en EL PAÍS.

22 FEB 2018

Cuando terminé Números pares, impares e idiotas, mi libro sobre el sistema métrico decimal, se lo envié a Forges con la esperanza de que le gustara y se decidiera a ilustrarlo. Me llamó a las tres horas entusiasmado con la idea de que trabajáramos juntos y me citó a comer en el restaurante del Corte Inglés de la calle Princesa.

Conviene señalar que por entonces no nos conocíamos, ni siquiera creo que hubiéramos llegado a coincidir en acto público de naturaleza alguna. Yo estaba muy nervioso, en consecuencia. Llegué al restaurante, que se encontraba arriba del todo, a bordo de las escaleras mecánicas, pasando pues por todas las secciones. A medida que el ascensor subía, iba viendo el mundo como una sucesión de viñetas de Forges. Sección Señoras, Sección Caballeros, Niños, Deportes, Ropa Vaquera…

Todo adquirió el esquematismo complejo de sus dibujos. Me quedé anonadado ante el descubrimiento de que Forges había venido dibujando el mundo con una precisión asombrosa. Era un hiperrealista inverso. Era genial la operación que había efectuado sobre la realidad para contárnosla. Cuando llegué al restaurante, la versión forgiana de Forges conversaba tranquilamente con la versión forgiana de un camarero. Yo mismo, al tomar asiento, me transformé en una versión forgiana de mí mismo. Comimos dentro de una viñeta, en fin, utilizando ambos una sintaxis que se aproximaba a la de los personajes del genial dibujante.

Le pregunté por qué me había citado a comer en un sitio tan raro y me dijo que allí no nos vería nadie, ya que los editores, los periodistas y los escritores comían en otros sitios. Me di cuenta entonces de que había decidido que trabajáramos en la clandestinidad. Una clandestinidad de viñeta, claro, y así fue: siempre nos veíamos en aquel restaurante, a escondidas del mundo.

Ahora que lo pienso creo que Forges fue siempre, pese a su fama, un hombre escondido. ¿Escondido de qué? Nunca me atreví a preguntárselo. Como el libro nos gustó mucho y los dos éramos unos editores frustrados, decidimos convertirnos en socios y coeditarlo con la ayuda de Alba Editorial, a cuya directora también le gustó la aventura. Así fue como Forges y yo tuvimos, inexplicablemente, una empresa que funcionó bien, incluso muy bien. Cada año, cuando recibo mi parte de los derechos de autor de ese libro, me acuerdo de aquellos días de clandestinidad y dicha. Forges deja un mundo en el que todos y cada uno de nosotros ha quedado dibujado.

Él aseguraba con coquetería que dibujaba mal, pero que se salvó gracias al consejo que recibió de su padre cuando comenzó a hacer viñetas: “Hijo, si te dedicas a esto, sé absolutamente original”. No solo fue original, sino que nos hizo originales a toda la generación que compartimos su época. Descansa en paz, amigo.

#GRACIASFORGES
Clandestinidad y dicha
Toda la cobertura sobre la muerte del genial dibujante: viñetas, artículos, vídeos, fotos, los recuerdos de los lectores...



El Pais




Una etapa memorable

JAVIER FERNÁNDEZ
21 Febrero, 2018





'MARVEL GOLD. IRON MAN: PRELUDIO A LA GUERRA DE LAS ARMADURAS' David Michelinie, Bob Layton, Mark Bright.Panini. 240 pág. 22,50 euros.

Iron Man no puede entenderse sin la intervención de David Michelinie y Bob Layton. Junto con el dibujante John Romita Jr., Michelinie y Layton redefinieron por completo al personaje a finales de la década de 1970, llevándolo de paso a sus mayores cotas de calidad, y volvieron a firmar una etapa memorable (esta vez con el dibujante Mark Bright) a finales de la década de 1980. El tomo de la colección Marvel Gold titulado Preludio a la guerra de las armaduras reedita los primeros episodios de esta segunda etapa, esto es, los números 215 a 222 (1987) de Iron Man, junto con el Annual 9 (1987), en los que se prepara el terreno de la proverbial Guerra de las armaduras que volverá a poner patas arriba la vida del vengador dorado.


Malaga Hoy

La furia de la pantera

Panini publica dos reediciones que marcaron época y muy esperadas por los aficionados de los cómics protagonizados por el superhéroe africano

JAVIER FERNÁNDEZ
21 Febrero, 2018





'MARVEL GOLD. PANTERA NEGRA: LA FURIA DE LA PANTERA' VV.AA.Panini. 728 páginas. 44,95 euros.


Con el estreno de la película de la Pantera Negra, Panini se ha animado a ampliar la oferta de cómics protagonizados por el superhéroe africano, y acaban de ver la luz dos de las reediciones más esperadas por los aficionados, dos virguerías que marcaron época en su momento.

La primera es La furia de la Pantera, un grueso tomo de la colección Marvel Gold que recupera todo el material protagonizado por el personaje durante los años setenta. El libro agrupa el espléndido serial guionizado por Don McGregor en Jungle Action (1973-76), la vertiginosa intervención de Jack Kirby en Black Panther (1977-78) y los episodios, más convencionales, de Ed Hannigan y Jerry Bingham en Black Panther y Marvel Premiere (1978-80), así como una enorme cantidad de material extra. Lo de Kirby había sido editado no hace mucho por Panini en la colección Marvel Limited Edition, pero se incluye aquí por aquello del completismo, en tanto que lo de McGregor nunca se había publicado a todo color en nuestro idioma y bien merece el calificativo de obra maestra. Con dibujos de Rich Buckler, Gil Kane y el fenomenal artista afroamericano Billy Graham, en los que destacan unas espectaculares composiciones de página, esta es la histórica primera serie de Pantera Negra, la fuente de la que han bebido casi todas las interpretaciones posteriores, especialmente las del presente siglo. McGregor es reconocido por su estilo denso, muy literario, y por la conciencia social que caracteriza sus mejores trabajos. Aquí, rehúye de las fórmulas establecidas y nos introduce en una colorida trama de intrigas palaciegas y conflictos bélicos en Wakanda, más propia de una historieta de Conan el bárbaro que de un tebeo de superhéroes, con un rico y alucinante elenco de personajes de nuevo cuño, en su mayoría africanos como el propio T'Challa. El primer arco argumental narra un violento asedio al trono de Wakanda que lleva a la Pantera Negra al límite de su cordura y de sus fuerzas y deja al lector casi tan exhausto como al protagonista. En el segundo, el héroe viaja a los Estados Unidos y pelea nada menos que contra el Ku Klux Klan, enfrentamiento que resultó polémico en su día y precipitó el final de este auténtico tour de forcé creativo.





La otra reedición que he mencionado al principio es la Pantera Negra de Christopher Priest, es decir, la serie publicada a partir de 1998 bajo el sello de Marvel Knights, en su mayoría inédita en nuestro idioma. La edición de esta otra joya constará de tres tomos de la colección Marvel Héroes, el primero de los cuales incluye los números 1 a 25 del volumen 2 de Black Panther, más el número 44 de Deadpool y los extras correspondientes. Acompañado de Mark Texeira, Mark Bright y Sal Velluto, entre otros, el también afroamericano Priest se apoya en el trabajo de McGregor y va más allá, rompiendo tanto las expectativas como los esquemas narrativos, al tiempo en que profundiza en las motivaciones del protagonista y enarbola una reivindicación racial que se ha convertido en santo y seña del personaje.

Malaga Hoy


Espionaje y artes marciales

JAVIER FERNÁNDEZ
21 Febrero, 2018




'MARVEL LIMITED EDITION. SHANG-CHI, 5: TRIUNFOS DE LA CARNE' Doug Moench, Mike Zeck, Gene Day.Panini. 424 pág. 40,95 euros.

Con su extravagante mezcla de espionaje y artes marciales, de acción y lirismo, no resulta exagerado afirmar que la serie Master of Kung Fu figura entre lo mejor que ha publicado Marvel en toda su historia. El quinto volumen de la recuperación de este título de culto en la colección Marvel Limited Edition contiene los números 90 a 106 (1980-81), es decir, los últimos episodios dibujados por Mike Zeck, con tintas de Gene Day, y los primeros dibujados por Day en solitario, siempre con guiones de Doug Moench. Al hacerse cargo de los lápices, Day trajo de nuevo a la serie una sofisticación narrativa que no se veía desde los tiempos de Gulacy. En cuanto a la edición, casi la mitad del tomo permanecía inédito en España y, como viene siendo habitual, se incluyen aquí reproducciones de diversos originales y las páginas de correo de los lectores de la época.

Malaga Hoy

Clásicos modernos

JAVIER FERNÁNDEZ
21 Febrero, 2018





'MARVEL SAGA. DAREDEVIL: EL DOSSIER MURDOCK' Brian Michael Bendis, Alex Maleev.Panini. 160 páginas. 16 euros.

La colección Marvel Saga viene reeditando una selección de los mejores cómics publicados por Marvel en el siglo XXI, títulos emblemáticos que merecen ser atesorados por los aficionados al género de superhéroes.

Entre estos, destaca el Daredevil de Brian Michael Bendis y Alex Maleev, uno de los periodos más aclamados del personaje, solo superado por el de Frank Miller. Esta particular mezcla de género negro y superhéroes, ejemplo prototípico de la narrativa descomprimida de Bendis y del grafismo con base fotográfica de Maleev, comenzó en el número 26 del volumen 2 de Daredevil (2001) y terminó en el número 81 (2006), publicados por el sello Marvel Knights. En total, han sido una decena de tomos de la citada colección Marvel Saga, del 5 al 14, aunque el lector interesado haría bien en agenciarse también el 3, pues contiene un par de aproximaciones previas de Bendis al personaje. El último tomo se titula El dossier Murdock y contiene la saga homónima en seis partes, que narra el enésimo retorno de Wilson Fisk y la inesperada conclusión a la trama de la identidad secreta de Daredevil, que se hizo pública en los primeros compases de la etapa. Aviso de que Bendis le pasó el testigo a un gran Ed Brubaker, de modo que los siguientes volúmenes son igualmente recomendables.

También en Marvel Saga se está recuperando El Castigador de Garth Ennis, más concretamente los episodios publicados por el sello MAX, de 2003 en adelante. Ennis ya había tenido ocasión de divertirse anteriormente con el personaje, pero lo refinó aún más en esta versión, alejándolo de los tópicos superheroicos. Como es natural, el Castigador sigue siendo un vigilante obsesionado con la venganza, un homicida metódico y sanguinario enfrentado a los criminales, pero lo que cambia aquí es el tono, que se vuelve harboiled, duro, realista y violentísimo. El último tomo publicado, el 10, contiene los números 43 a 49 (2007), todos dibujados por Lan Medina, y en él, el protagonista hará frente a las viudas de algunos de los mafiosos que ha asesinado.


Malaga Hoy

viernes, 16 de febrero de 2018

La Generación X

El volumen 0 de 'Odio' es el precedente de 'Los Simpsons', 'South Park' y 'Padre de familia'. El protagonista, Buddy, no tienen ningún interés en llegar a un mundo adulto inestable y precario


GERARDO MACÍAS
14 Febrero, 2018


'Odio integral nº 0: La juventud de Buddy'. Guion y dibujos: Peter Bagge. La Cúpula, 2009.

Se denomina Generación X a una de las consideradas grandes generaciones perdidas de los años noventa del siglo XX: la generación de la pasividad, los hijos de la agitación posmoderna, los padres del escepticismo finisecular.

Dentro del cómic underground, sin duda uno de los principales representantes de la Generación X es Buddy Bradley, personaje creado por el historietista estadounidense Peter Bagge, que protagoniza con gran éxito series como Mundo Idiota, Buddy y los Bradley y Odio.

Parte del éxito se debe sin duda al alto grado de identificación entre el personaje protagonista, el pusilánime pero carismático Buddy Bradley, y el propio historietista, Peter Bagge; un proceso de identificación que el autor consigue trasladar también a sus lectores, que responden en su mayor parte a un arquetipo muy similar al del propio protagonista: un joven de Seattle, New Jersey, a medio camino entre ser un veinteañero y convertirse en treintañero, con mucho miedo a entrar en la madurez y una fuerte animadversión a adquirir las responsabilidades que ésta conlleva.

Movido por el afán de profundizar en su más célebre creación, Bagge creó la serie Buddy y los Bradley, ambientada en la juventud de Buddy, que es la que se recopila en este volumen 0, a modo de prólogo de Odio, la serie más conocida de todas las que protagoniza Buddy.

El autor refleja a lo largo de las casi doscientas páginas del volumen las constantes del personaje central que luego se fortalecerán en sus desventuras como adulto: sus frustrados intentos de integración social, su afición por la música de épocas pasadas (principalmente, el rock de los años setenta) y, sobre todo, su rechazo a entrar en un mundo adulto caracterizado por la independencia y la autogestión económica... pero en el que acabará entrando ante la imposibilidad de seguir soportando la situación familiar.

A priori, puede considerarse que los Bradley son un claro antecedente de Los Simpson, ya que son una familia disfuncional formada por unos padres con todos los vicios de unos malos progenitores, y sus tres retoños: Babs, la hija adolescente que quedará embarazada antes de terminar el instituto; Butch, el benjamín, fascista, violento y con una incipiente tendencia al alcoholismo; y Buddy, el primogénito, tosco representante de la juventud de los primeros noventa, marcada por la desidia vital, la precariedad laboral, la inestabilidad emocional, el gusto por la cultura popular y su mala relación con la familia. Pero Odio va más allá, y es precedente además del humor gamberro de teleseries como South Park o Padre de familia.

Al final de este volumen 0, Buddy se independiza, siendo ese el punto de arranque de Odio como serie regular, con el traslado de su protagonista de New Jersey a Seattle, la capital del grunge, tan relacionado con la Generación X.

La familia Bradley volverá a mediados de la serie regular, cuando el protagonista se traslade de nuevo a vivir a la casa paterna, cuyos habitantes se convertirán en secundarios recurrentes. Todos ellos conformarán la vida de Buddy desde sus inicios como adolescente con desgana hacia las responsabilidades que requiere el mundo de los adultos, hasta su progresiva inclusión en el mismo a medida que las circunstancias, los personajes y las vivencias le vayan abocando definitivamente a él. Excelente relato generacional de la juventud de finales del siglo XX.

Peter Bagge tiene un estilo muy particular, argumentalmente realista pero visualmente exagerado, que consigue la sonrisa del lector ante ciertas situaciones cotidianas que provocan reacciones desaforadas en los personajes, momentos en los que el autor maximiza la gestualidad de los mismos. Hay toda una pléyade de secundarios que funcionan a la perfección, tanto cuando Buddy vive en Seattle, como cuando vuelve a la casa de su familia, enriqueciéndose la historia además con una evolución lógica y coherente.

El cambio progresivo de los personajes se nota en cómo evolucionan interiormente, ya que el propio Buddy poco a poco irá convirtiéndose en el adulto en el que no tiene ganas de convertirse, lo cual no le impedirá salir de la mediocre existencia que le rodea. Ello nos es contado principalmente en tono de comedia, pero con tintes de drama en ocasiones.


Malaga Hoy

Los inicios de Supergirl

JAVIER FERNÁNDEZ
14 Febrero, 2018


'Supergirl: Fuera de lo común'. Mariko Tamaki, Joëlle Jones. ECC. 208 páginas. 20,50 euros.

Afortunadamente, resulta cada vez menos extraño ver un título mainstream en manos de dos autoras. Este es el caso de Supergirl: Fuera de lo común, la miniserie de cuatro números (publicados originalmente en 2017 y recopilados por ECC en un solo volumen) en la que la escritora Mariko Tamaki y la dibujante Joëlle Jones narran los primeros pasos del personaje, al margen de la continuidad del universo DC. El origen extraterrestre de Kara Danvers sirve aquí, en palabras de Tamaki, "para explorar el lado alienígena de los 16 años", y este interesante enfoque hace de Supergirl: Fuera de lo común una de las sorpresas del pasado año, así como un bello homenaje a una de las superheroínas más carismáticas y queridas de la historia.


Malaga Hoy

Festival visual de parodias

JAVIER FERNÁNDEZ
14 Febrero, 2018



'Mad Grandes genios del humor: Wally Wood, 1'. Harvey Kurtzman, Wally Wood. ECC. 80 páginas. 9,95 euros.

Si tuviera que ponerle un pero a Mad Grandes genios del humor: Wally Wood, sería, claro está, su pequeño tamaño, y es que el festival visual de estas páginas merece ser disfrutado en el formato original. Dicho esto, el librito (primero de dos) resulta realmente coqueto y su precio es como para no pensárselo. El trabajo de Wood en la revista Mad, con el enorme Kurtzman a los guiones, es una de las cúspides de la historia del cómic, quizá el conjunto de parodias más influyente que ha habido nunca. Este primer volumen recoge diez divertidísimas historietas, presentadas por primera vez en los números 1 a 10 de la mítica cabecera estadounidense. Están fechadas entre 1952 y 1954, pero bien podrían haberse publicado hoy. Entre ellas, destaca la hilarante batalla entre Superduperman (traducido como Superboboman) y Captain Marbles (el Capitán Mármol).


Malaga Hoy



Finales de etapa

JAVIER FERNÁNDEZ
14 Febrero, 2018


'Wonder Woman: Pasado imperfecto'. John Byrne. ECC. 320 páginas. 30,50 euros.

Pasado imperfecto es el tercer y último tomo de la colección Grandes autores de Wonder Woman dedicado a la etapa del personaje escrita y dibujada por John Byrne en la década de 1990. El libro contiene los números 125 a 136 de Wonder Woman y páginas del Adventure Comics 80-Page Giant 1 y de Speed Force 1, todos con un delicioso sabor clásico. Como nos recuerda Fran San Rafael en su introducción: "John Byrne despidió sus tres años en Wonder Woman con dos sagas extensas que resolvieron los conflictos que Crisis en Tierras Infinitas había provocado en la continuidad de la protagonista. Uno de ellos era la ausencia de la heroína en la encarnación original de la Sociedad de la Justicia de América"; el otro "era la identidad de Donna Troy, la primera Wonder Girl". Además de Byrne, asoma brevemente el dibujante británico Phil Winslade, así como Steve Lightle y el gran José Luis García-López, estos últimos como portadistas.


También acaba de concluir la recuperación de otra renombrada etapa del personaje, la de Phil Jiménez en los primeros años del siglo XXI, que casualmente también se ha completado en tres álbumes de la colección Grandes autores de Wonder Woman. La tierra de los perdidos es el título del último de ellos, y van aquí los números 178 a 188 de Wonder Woman, más un especial anterior Wonder Woman: Donna Troy (1998). Gabriel Rearte y un estupendo Roy Allan Martínez se suman a Jiménez en el tablero de dibujo y Adam Hughes sigue deleitándonos con sus espectaculares cubiertas. Entre los atractivos del volumen está el número 188, el suave y apreciado final de temporada, en la onda de los episodios característicos de George Pérez.

Y ya que hablo de Pérez, les recuerdo que sigue adelante la reedición de su seminal trabajo en la década de 1980, del que se derivan las interpretaciones modernas del personaje. El tercer tomo de la etapa se titula Secretos en la arena (números 25 a 35 de Wonder Woman), y, por desgracia, Pérez cede el apartado artístico a Chris Marrinan, aunque, eso sí, se encarga de los guiones.


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