viernes, 16 de febrero de 2018

El gran queso rojo

El volumen presenta una selección de aventuras de Shazam, la mayoría fechadas de 1970 en adelante, además del histórico debut del personaje


JAVIER FERNÁNDEZ
14 Febrero, 2018


'Whiz Comics (1940-2016): 75 Años de Shazam'. VVAA. ECC. 248 páginas. 25 euros.

El superhéroe conocido hoy como Shazam debutó en 1940, con el nombre de Capitán Marvel, en el número 2 (no hubo número 1) de la cabecera Whiz Comics publicada por la editorial Fawcett. El niño Billy Batson, un humilde repartidor de periódicos, es conducido hasta el metro por un desconocido, se sube a un extraño vagón, "con luces que refulgen como ojos de dragón", y acaba en la cueva del viejo mago Shazam, que lleva 3.000 años luchando contra la maldad. Momentos antes de que le caiga encima un enorme bloque de granito, el mago confiere a Batson la sabiduría de Salomón, la fuerza de Hércules, la resistencia de Atlas, el poder de Zeus, el coraje de Aquiles y la velocidad de Mercurio, nombres cuyas iniciales conforman la palabra Shazam. Cada vez que Billy Batson la pronuncia en voz alta, se transforma en el fornido Capitán Marvel, un adulto de traje rojo, capa blanca, adornos dorados y rayo en el pecho. Y a la inversa, si el Capitán Marvel dice Shazam, el que retorna es Billy Batson. El escritor Bill Parker y el dibujante C. C. Beck fueron los encargados de narrar tan imaginativo comienzo.

Con el Capitán Marvel, también conocido con el apodo del Gran Queso Rojo, los editores pretendían emular el éxito de Superman, y vaya si lo consiguieron. En cuestión de meses, sus ventas superaron las del héroe de DC y se situaron por encima del millón de ejemplares. Pronto, el universo del Capitán Marvel se amplió con personajes como Capitán Marvel Jr., Mary Marvel o Hoppy, una versión a lo funny animal, que conformaron lo que se conoce como la familia Marvel. El mejor guionista de la franquicia fue el prolífico Otto Binder, que llegó en 1942 y firmó más del 50% de las historietas del personaje en la Edad de Oro. La química entre Binder y Beck fue total, y la revista The Comics Journal escogió en 1999 el trabajo de ambos como uno de los cien mejores cómics del siglo XX.

Ya sabrán que DC demandó a Fawcett por plagio y ambas editoriales se pasaron litigando una década y media hasta que, en 1953, con el género de superhéroes en franco declive, alcanzaron un acuerdo. Fawcett indemnizó a DC y canceló las distintas series del personaje. A continuación, DC contrató a los principales artistas del Capitán Marvel (con la notable excepción de Beck) y los puso a trabajar en Superman, al tiempo que ampliaba el imaginario del krytoniano con otros conceptos derivados, al estilo de la familia Marvel. Irónicamente, en la década de 1970, DC adquirió los derechos del Capitán Marvel y lo incorporó a su universo, renombrándolo como Shazam, pues la vieja marca había sido registrada ahora por la editorial Marvel.

El volumen 75 años de Shazam presenta una selección de aventuras del personaje, la gran mayoría fechadas de 1970 en adelante, con una impresionante nómina de autores como Geoff Johns, Gary Frank, Grant Morrison, Roy Thomas, Gil Kane o Jerry Ordway. Va también el histórico debut del personaje, y esa joya de quince páginas que es la primera historieta de la familia Marvel, firmada por Binder y Beck en 1945.


Malaga Hoy

Vida de barrio

La Cúpula publica 'Pólvora mojada', el último trabajo de Isabel Kreitz y Konrad Lorenz


JOSÉ LUIS VIDAL
14 Febrero, 2018





¿Quién de los presentes no se ha criado y crecido en un barrio? A no ser que hayas nacido en las montañas y que tu única compañía hayan sido los animales, es bastante común que todos compartamos ese origen, ese microcosmos con sus fronteras (sabías perfectamente hasta donde podías ir, los límites en los que podías sentirte seguro) y sus personajes que, como fichas de un juego, eran imprescindibles para el funcionamiento interno de esa maquinaria imaginaria que hacía que las calles, los edificios, tuvieran vida.


Amigos, primeros juegos, peleas con chicos de otros barrios, largas tardes de verano, meriendas compartidas, bromas, amores en silencio… Todo esto y mucho más forman parte de esos recuerdos de infancia y juventud, en los que todo era más fácil (o quizá no tanto).

El dramaturgo, escritor y guionista de cómics Konrad Lorentz, junto a la dibujante Isabel Kreitz, nos vuelven a regalar un viaje al pasado de su país, Alemania. En su anterior obra publicada en nuestro país por Ediciones La Cúpula nos relataban con todo lujo de detalles las macabras andanzas del más famoso asesino en serie del país, Fritz Haarmann, con unos lápices extraordinariamente detallados, que se convierten en instantáneas de unos años oscuros (los posteriores a la Segunda Guerra Mundial).

Pues bien, en esta ocasión, este viaje titulado Pólvora mojada, adaptación de una novela autobiográfica del propio Lorenz, nos lleva a Hamburgo, concretamente al barrio de St. Pauli, un lugar golpeado por la pobreza y las restricciones a las que estuvo sometido el pueblo alemán, en concreto las clases más bajas. Los rigores de las contiendas bélicas dejan siempre un rastro de miseria por allá por donde pasa y, en el caso del pueblo alemán, aún más.

Sus habitantes, la mayoría mujeres y niños, viven una existencia en la que llevarse un plato a la boca es lo esencial. Y para ello tiran de estraperlo, involucrando a todos los miembros de la familia. Familia como la del joven Kalle, un niño que va a ser el hilo conductor de esta historia.

Vive con su madre y abuela, ya que su padre está desaparecido o muerto. Nada se sabe de él desde que terminó la Gran Guerra. Su madre se deja camelar por los pocos hombres que conviven en el lugar, en especial un doctor por el que bebe los vientos, aunque la decepción puede encontrarse a la vuelta de la esquina.

La abuela del chaval es la típica persona controladora que intenta, sin demasiado éxito, que Kalle se pliegue a sus órdenes y mandatos. El chico, está claro, tiene otras cosas en la cabeza, y es disfrutar de sus correrías con los amigos del colegio, con los que tiene una pandilla que siempre está maquinando algo. Ewu, Diantres, Fiete son sus nombres. Junto a ellos, o en solitario, siempre buscando unas monedas, se sacarán de la manga uno y mil chanchullos.

El barrio está 'controlado' por una perfecta red de información. Lo que habitualmente conocemos como 'Radio patio' aquí se ha perfeccionado y tiene en el papel de la abuela de uno de los niños, la perfecta vigía, que no pierde hilo de nada de lo que ocurre en las calles, llegando a utilizar en su 'labor' hasta unos ¡prismáticos!

Así van pasando los días, liando cigarrillos que su madre vende, haciendo pellas del colegio, huyendo del peligroso Manazas… Hasta que, de repente, su padre regresa de entre los muertos. Ludwig ha estado prisionero desde que terminó la guerra y ahora, una sombra de lo que era, vuelve con su familia, que ya no lo es tanto. La aceptación de éste por su hijo y esposa no será cosa sencilla y tan solo el tiempo irá limando asperezas, aunque el marido ha cambiado, compartiendo una oscuridad que solo conocen los que han visto el horror de cerca, como su amigo Arnold, que preferirá el olvido que se encuentra al final del cañón de una pistola…

La novela gráfica está dividida en dos partes, en la segunda Kalle ya es un joven, los años han pasado y ahora sí que sí, su atención está casi completamente centrada en conocer a una chica. Los carnavales serán el momento perfecto y en un baile se cruzará en su camino Anna, una chica con la que tendrá algo más que palabras y que, como todos los primeros amores, terminará rompiéndole el corazón.

Y en el barrio las cosas siguen más o menos igual: sus cotillas, el mercado negro, las maternales prostitutas (algunas, otras no tanto…) que sacarán a los protagonistas de más de un problema gordo… La vida seguirá para todos, no con un final (en la mayoría de los casos) sino con un punto y aparte.

Lorentz y Kreitz rememoran a la perfección unos tiempos duros de una manera perfectamente creíble en una lectura con la que en algún momento o suceso de los que se narran, nos podemos llegar a ser identificados.

Y es que, al fin y al cabo, todos somos chicos de barrio.


Malaga Hoy

Cinco cómics para leer después de ver ‘Black Panther’


Pantera Negra ha tenido una historia irregular en Marvel, pero con picos de mucha calidad





ENEKO RUIZ JIMÉNEZ

Madrid 14 FEB 2018

Pantera Negra tiene 52 años de historia en el universo Marvel. Conocer sus andaduras puede parecer inabarcable, pero, en realidad, no es tan complicado repasar sus momentos cumbres tras su primera aparición en Cuatro Fantásticos #52 USA, de 1966. Aunque sea uno de los personajes más distintivos del universo Marvel, el rey africano T'Challa ha contado con una carrera irregular en la editorial hasta el estreno este viernes de su película. Su color de piel seguramente no ayudó a asegurarle el éxito continuado de sus colecciones, aunque, pese a varios tropezones comerciales y momentos de sequía, un nutrido grupo de autores logró hacerlo florecer como uno de los personajes más políticos del cómic de supertipos.


Al fin y al cabo, Black Panther estuvo impregnado por cierto mensaje desde sus orígenes. Pese a que su primera aventura como enemigo/amigo de Los 4 Fantásticos es tan convencional como uno podría imaginarse, presentar al primer superhéroe negro ya daba de por sí un discurso. Cuando, además, el nombre de este título hereditario coincidió con el de la incipiente organización nacionalista negra que desafiaba la brutalidad policial en la vida real, la comparación ya no pudo evitarse (aunque lo intentaron cambiar por Leopardo negro, nunca prosperó: "Ni condeno ni apoyo a los que han tomado el nombre", decía en las viñetas para alejarse). Eso sí, la política llegó muchos después de la etapa de Stan Lee y Jack Kirby con el personaje. Ellos estaban mucho más centrados en la grandiosidad de la ciencia-ficción y los descubrimientos de una época del cómic que pasaría a la historia como pocas otras por su imaginación a raudales y personajes originales.

Pantera Negra de Don McGregor

Marvel Gold. Pantera Negra 1 (Jungle Action 6-24, Black Panther 1-15, Marvel Premiere 51-53 y Marvel Team-Up 100 USA)


Hasta que Don McGregor tomó las riendas del superhéroe en Jungle Action (un título de la antigua Atlas), Pantera Negra se había mantenido en un honroso segundo plano en el universo Marvel, con apariciones puntuales y como miembro de Los Vengadores. El éxito como protagonista solo llegaría cuando se separó del entorno estadounidense de sus compañeros y pudo forjarse su personalidad. El nuevo guionista lo tenía claro desde el título: Acción en la jungla. "Cuando tomé las riendas, todos eran básicamente héroes rubios de la jungla que llegaban para salvar a la población nativa. Todo bastante racista. No podía creer que Marvel publicara aquello", recordaba McGregor.

Las historias de T'Challa sucedían en la selva del país imaginario de la supertecnológica nación de Wakanda (esa vuelta a África que clamaban los seguidores de Malcolm X). Todos los personajes eran negros, tanto héroes como villanos. Sus tramas, como mandaban los rebeldes setenta, estarían marcadas por las reivindicaciones y la violencia. La lucha racial, los derechos civiles capitaneados por Martin Luther King, la violencia policial y el Ku Klux Klan estaban a la orden del día, así que los discursos no se se podían evitar en un cómic que recorría la experiencia negra, igual que las drogas y los hippies se colaron por en otras series. McGregor aprovechó un título que no importaba a nadie para lanzar todos sus mensajes. Su Pantera volvía a África para descubrir que ahora sus súbditos le tomaban por vendido.

En sus aventuras se presentaron, además, personajes como el villano Killmonger, su madre y reina Ramonda, su lugarteniente W'Kabi y su novia estadounidense Monica Lynne, mientras rompía con la convención de números autocontenidos. McGregor creaba para su primera saga todo un arco argumental de 13 números, como se pondría de moda años más tarde. El guionista y los dibujantes Rich Buckler, Gil Kane y Billy Graham diseñaban una Wakanda compleja y diversa, un escenario adulto y cuidadosamente pensado. Era inteligente en su narración y valiente en su perspectiva social. El reparto del primer arco era africano en su práctica totalidad. Ni siquiera había invitados blancos de otras colecciones: "Teníamos a una cultura africana escondida y aislada ¿de dónde iban a salir los blancos?", explicaba McGregor. En el segundo, T'Challa viajó hasta Georgia para combatir cara a cara con el Ku Klux Klan. Quizás demasiado para la época, y la serie, que no vendía demasiado, fue cancelada. McGregor era consciente e incluso se atrevió a lanzar discursos sobre sus ideales y contra la editorial en las viñetas, igual que hacía su compañero Steve Gerber en Howard el Pato. Era un momento complicado para vivir en el bullpen, las generaciones decían no a sus predecesores. Igual que sucedía a lo largo de EE UU.

El tomo en el que Panini recopila la primera etapa en el título de este escritor rompedor aunque olvidado (volvería 13 años después para narrar una historia en la Sudáfrica del Apartheid), así como el regreso del rey Jack Kirby al personaje tras esta aventura política y varias apariciones especiales, aunque deja fuera sus primeras apariciones en Los Cuatro Fantásticos, no las más recomendables para conocer a Pantera Negra.


Pantera Negra de Christopher Priest



Marvel Héroes. Pantera Negra de Christopher Priest 1 (Marvel Knights: Black Panther 1-25 y Deadpool v3, 44 USA)

La otra gran influencia en la adaptación cinematográfica de Pantera Negra es la serie de Christopher Priest (¡ya era hora de un autor afroamericano!) en los noventa, ubicada bajo el título callejero y más oscuro de Marvel Knights, sello que quería introducir una editorial más adulta. El guionista volvió a África aunque esta vez desde la perspectiva de un patoso burócrata como Everett Ross (Martin Freeman en la película) dispuesto a hacer la vida un poco más difícil a los mandatarios del país dominado de manera casi absolutista. Sí, el protagonista del primer gran guionista negro de Marvel era blanco. Era la estrategia de Priest, que lo describía como su Chandler de Friends, para evitar las consecuencias de convertirse en el autor de personajes negros. Su narración engancha desde el principio. La primera viñeta: Ross apuntando con una pistola a una rata. En esta etapa de más de 60 números fueron introducidas, además, las Dora Milaje, las acompañantes del T'Challa criadas para servir al rey y no serle infiel desde su nacimiento. El monarca, en su exilio neoyorquino, veía desde lejos cómo su país volvía a ser usurpado por Killmonger.

Priest, mucho menos pendiente de monólogos y enseñanzas que McGregor, no tenía miedo, sin embargo, por mezclar a Pantera con el lado pulp y divertido, con mucho humor negro y una narración casi sacada de serie de televisión. Pantera Negra era poderoso y llamativo, ni un superhéroe ni un salvador, sino un rey. Aun así, su etapa también parecía escrita antes de tiempo. Tras 62 números y un spin-off dedicado a un grupo de superhéroes negros llamado The Crew, Priest se convirtió en el segundo autor del personaje que desapareció durante décadas.




Pantera Negra de Reginald Hudlin



Marvel Collection. Pantera Negra de Hudlin 1 (Black Panther v4, 1-13 y X-Men 175 y 176 USA)

Mucho menos recomendable que las anteriores, pero accesible para los nuevos lectores que no se quieran romper demasiado la cabeza, esta etapa pasó de un arco autocontenido que actualizaba los orígenes de T'Challa contra Klaw, dibujado magníficamente por John Romita Jr. (pero con muy poca alma) para acabar siendo una serie que se cruzaba con los eventos y superhéroes Marvel y donde incluso se pergeñó un casamiento real con la mutante Tormenta. Reginald Hudlin (productor de Django Desencadenado y El Show de Bernie Mac) era simplemente el último en una moda en la que los directores y guionistas de Hollywood decidían, tras toda la vida leyendo Marvel, probar con el mundo del cómic. Pero ser fan no siempre es igual a ser un gran guionista.


Los Vengadores de Jonathan Hickman



Marvel Now! Deluxe. Los Vengadores de Jonathan Hickman 1 (Avengers v5, 1-6, New Avengers v3, 1-6 USA)

Pantera Negra es uno de los miembros más veteranos de Los Vengadores, aunque ninguna etapa afectó tanto a su porvenir como una de las últimas. Es verdad que T'Challa era solo un personaje más de todo un arco río con muchas tramas, pero Hickman supo tomarle el pulso e hizo su discurso personal y llamativo. Era un Rey que había llevado a su país a la destrucción absoluta y en quien sus vecinos ya no creían. Tragedia tras tragedia, el monarca se convierte en miembro de los Illuminati, el grupo llamado a combatir los grandes problemas del universo Marvel en la sombra. Juntos deciden tomar una decisión éticamente cuestionable que afectará el porvenir de todo el universo: comienzan a matar Tierras para que la principal sobreviva a un choque multiversal. Un relato de proporciones bíblicas que recorre desde el comienzo hasta el final de la humanidad y que sintoniza con el lado más oscuro de Pantera Negra, el de un rey que tiene que tomar decisiones difíciles para salvar a su pueblo. En España, Panini publicará el primer tomo recopilatorio en abril.



Pantera Negra de Ta-Nehisi Coates





"He amado Marvel toda mi vida. Fue uno de los primeros lugares que me inspiró a escribir. No podía rechazar una oportunidad para trabajar allí". Quien habla es Ta-Nehisi Coates, y, pese a parecerlo, no es ningún fanboy con ensoñaciones de escritor a quien la editorial de superhéroes llamó a la primera de cambio. Este afroamericano criado en las despiadadas calles de la Baltimore es periodista, ensayista y poeta. Ha sido catalogado como una de las voces más relevantes sobre raza en EE UU, y en 2015 ganó el premio nacional de no ficción por sus memorias, Entre el mundo y yo. Su fama incluso trasciende de la página y en sus ratos frente al ordenador, también escribe sobre personajes con mallas y extraños poderes. "Pantera Negra es donde voy a jugar", expresaba Coates en una entrevista con The New York Times cuando estaba a punto de lanzar su primer tebeo.

Coates tenía la responsabilidad de hacer una historia relevante y atractiva para que pudiera recopilarse antes del salto del héroe al cine. El rey africano de Wakanda, hijo de un linaje encargado de proteger un valioso metal, estaba a punto de lograr una visibilidad que nunca había disfrutado. Su Pantera Negra, todavía en publicación y sin recopilar en tomo en español, mantiene el escapismo, pero Coates no se censura, lo suyo es la filosofía. Su discurso no huye de la profundidad, pese a seguir utilizando malos muy malos, resurrecciones y tecnología imposible. En la base es un relato sobre la revolución frente al poder y la tradición, la historia de un golpe de Estado contra una milenaria monarquía absoluta africana. Inesperadamente el héroe se convierte en afligido líder contra el que luchar, mientras que el pueblo toma protagonismo con su mensaje feminista en las empoderadas Dora Milaje.

Sus guiones son densos y tardan en fluir. Sus arcos mejoran leídos de una vez y 20 páginas mensuales son insuficientes para su complejidad. Pero, al mismo tiempo, Coates erige a fuego lento su propia mitología. No deja de presentar personajes y espacios mientras reintroduce ideas de etapas anteriores gracias a una documentación que bebe de McGregor, su adorado Priest o Hickman. Y poco a poco se ha sentido a gusto. Llegó para hacer 12 números, pero ya lleva más de 25. Historias con carga geopolítica que articulan un debate sobre el peso y las consecuencias del poder humano y los enfrentamientos de género. Los superpoderes son un complemento, si bien poco a poco va cediendo espacio al universo Marvel. ¿Qué mejor medio para impulsar su filosofía sobre el choque de clases que donde se forja la mitología contemporánea?



El Pais

domingo, 11 de febrero de 2018

El gran wéstern europeo


JAVIER FERNÁNDEZ
07 Febrero, 2018



'Comanche. El Prisionero'. Hermann. Planeta Cómic. 96 páginas. 15,95 euros.

Comanche. El prisionero recopila una serie de historietas cortas realizadas por Hermann para la revista Tintin entre 1972 y 1982, así como varias ilustraciones, tan hermosas que sobresalen poderosamente en el conjunto. Dichos cómics son El prisionero (1972) y Recuerda, Kentucky (1972), ambos de estilo tosco y primitivo, el estupendo El Palomino (1979), con la estética del dibujante ya depurada, y dos rarezas de apenas una página: Falta de respeto (1982) y Matrimonio rosa (1982). Más adecuado para completistas que para lectores casuales, el álbum es un regalo para los aficionados a esa maravilla que es Comanche, uno de los mejores wésterns europeos de la historia y el trabajo que lanzó al artista belga a la fama.



Malaga Hoy

La trilogía de Heku

JAVIER FERNÁNDEZ
07 Febrero, 2018


'Las crónicas de Conan, 27'. Jim Owsley, Val Semeiks. Planeta Cómic. 264 páginas. 25 euros.

El vigésimo séptimo tomo de Las crónicas de Conan llega a librerías pocos días después de que se anuncie el acuerdo entre Marvel y Conan Properties International por el que el personaje de Robert E. Howard regresará a la Casa de las Ideas en 2019, casi veinte años después de que la editorial abandonara la licencia. En este tiempo, el bárbaro ha figurado en el catálogo de Dark Horse, que nos ha dado momentos maravillosos (aquellos primeros tebeos de Kurt Busiek y Cary Nord o el extraordinario trabajo de Timothy Truman y Tomás Giorello, una de las cúspides de las adaptaciones de Howard al cómic), pero también deslices imperdonables (estos prefiero no recordarlos). También Marvel, en sus tiempos, fue de más a menos o, mejor dicho, del todo a la nada, pues cómo medir la distancia entre la excelsa primera etapa de Roy Thomas, junto a Barry Smith, John Buscema y la impagable lista de entintadores filipinos, con los estropicios de, qué digo yo, Larry Hama y Barry Crain. Entre una y otra cosa, Marvel publicó un sinfín de tebeos vulgares, los de Michael Fleisher y compañía, con un Buscema en modo avión o un Ernie Chan de lo más cargante, que siguieron vivos en el mercado por la inercia del portentoso empuje inicial y el apoyo publicitario de las películas de Schwarzenegger. Ni el regreso del propio Thomas en los últimos tiempos pudo evitar el desastre, y eso que firmó algún que otro tebeo notable (no tantos, ni tan notables, como uno hubiese deseado).

En esa zona gris de Marvel hubo también espacio para un par de propuestas exóticas, poco respetuosas con la esencia del personaje, pero extrañamente excitantes. Me refiero al Conan the King de Alan Zelenetz en adelante y al Conan the Barbarian de Jim Owsley. Este último brilló especialmente cuando fue dibujado por Val Semeiks, y tiene su punto álgido en la trilogía de Heku, que se desarrolla en los primeros compases del presente tomo. Una compra más que recomendable para cualquier amante del género de espada y brujería. Acción y fantasía al más puro estilo Marvel.


Malaga Hoy


Veinticinco años de Spawn

Planeta Cómic está recuperando la obra de McFarlane en tomos que tienen su mayor atractivo en el espectacular trabajo del dibujante



JAVIER FERNÁNDEZ
07 Febrero, 2018

'Spawn integral, 5'. Todd McFarlane, Greg Capullo. Planeta Cómic. 456 páginas. 40 euros.



A comienzos de 1992, Rob Liefeld, Todd McFarlane, Jim Lee, Erik Larsen, Mark Silvestri, Jim Valentino y Whilce Portacio, seis de los dibujantes de cómics estadounidenses más exitosos del momento, se asociaron para poner en marcha la editorial Image, suma de los estudios creativos de cada uno de ellos (Extreme Studios, Todd McFarlane Productions, WilStorm Productions, Highbrow Entertainment, Top Cow Productions y Shadowline, respectivamente). Los títulos Youngblood, Spawn, WildC.A.T.s, Savage Dragon, Cyberforce y Shadowhawk llegaron al mercado a lo largo de ese año, y pronto le seguirían otros muchos con los que Image iría creciendo y diversificándose hasta convertirse en el sello respetado que es hoy. Aquellas primeras propuestas han pasado a la historia "por su carácter de fenómeno editorial iniciador de la línea Image", citando a Lorenzo Díaz, pero poco más. Desde el punto de vista artístico, son un puñado de cabeceras mediocres (con la posible excepción de Savage Dragon, bastante más entretenida que el resto) y solo WildC.A.T.s (o Wildcats, como se renombró posteriormente) ha sabido evolucionar en direcciones inesperadas.

De todas ellas, Spawn fue la más exitosa y se la sigue considerando el emblema de todo el movimiento. De inicio, vendió un 1.700.000 copias, tuvo una (infame) adaptación fílmica y generó distintos spin-offs, entre los que destacan las aventuras de la pareja de detectives Sam & Twitch, escritas por el guionista Brian Michael Bendis antes de convertirse en superestrella. Y es que una de las virtudes de McFarlane fue saber colocar sus criaturas en manos más capaces que las suyas. Muy pronto invitó a participar en la serie a escritores tan reputados como Alan Moore, Neil Gaiman, Dave Sim o Grant Morrison, y estos refinaron el universo de Spawn y lo poblaron de nuevos conceptos. La asistencia de estos y otros creativos permitió que McFarlane se centrara en el dibujo, aunque también acabaría delegando el apartado gráfico para centrarse en los argumentos y en labores puramente empresariales. Greg Capullo llegó a la serie en el número 16 (1993), a tiempo de colaborar con Morrison, y se convirtió en el dibujante regular en el número 26 (1994), elevando progresivamente la calidad de la puesta en escena. Con alguna que otra interrupción, Capullo permaneció en la cabecera nada menos que hasta su número 151 (2005), y este largo periodo es el de mayor belleza y consistencia estética de Spawn.

Planeta Cómics viene recuperando la serie en atractivos tomos integrales, de los cuales se han publicado ya cinco. El último de ellos abarca los episodios 51 a 68, todos con guion y tintas de McFarlane y lápices de Capullo. Violator, the Freak, Sam & Twitch, la cazadora Angela y un montón más de secundarios asoman por estas páginas, que tienen en el espectacular trabajo del dibujante su mayor atractivo. Como es habitual, el tomo se cierra con una amplia galería de originales (eso sí, reproducidos en tamaño pequeño) y las soberbias portadas de otros recopilatorios anteriores.


Malaga Hoy

El genio del hatillo

Bermudillo es un clásico de la historieta holandesa creado por el dibujante Piet Wijn y el guionista Thom Roed

La serie narra relatos ejemplarizantes aptos para todos los públicos

GERARDO MACÍAS
07 Febrero, 2018


'Bermudillo integral nº1'. Guion: Thom Roed. Dibujos: Piet Wijn. Dolmen, 2015.

Creación del dibujante Piet Wijn y del guionista Thom Roed en 1975, Bermudillo es un clásico de la historieta holandesa. Douwe Dabbert en el original, es un anciano de baja estatura que se enfrenta a seres sobrenaturales, recurriendo a un hatillo mágico del que puede extraer los objetos precisos para cada situación, y va deshaciendo entuertos allá por donde pasa.

En España, Editorial Bruguera publicó entre 1981 y 1982 los siete primeros álbumes en las revistas Zipi y Zape Especial y Pulgarcito, y en la colección Bravo. Bruguera dio al personaje el subtítulo de "el genio del hatillo", una rima en la línea de sus historietas españolas: Mortadelo y Filemón, Agencia de Información; Manolón, conductor de camión; etc…

Las historias que narra la serie son ejemplarizantes, para todos los públicos, y evocan a los clásicos cuentos de Andersen y los hermanos Grimm. El guionista realiza una sátira de la sociedad occidental, que hace que este cómic sea atractivo para los adultos, sin olvidar que transmite valores positivos a los jóvenes, como la amistad, el coraje y el optimismo.

Bermudillo consta de veintitrés álbumes y finalizó en 2001, cuando Wijn no pudo continuar por problemas de salud. Tras su fallecimiento, en 2010, la serie no ha sido retomada por ningún artista, lo que no impide que siga siendo popular en Holanda.

Además, Bermudillo se ha editado en sueco, danés, alemán, inglés, portugués, polaco e incluso indonesio. Otra muestra más de su enorme popularidad.

En la historieta La princesa mimada conocemos a Paulina, la malcriada princesa de un bucólico reino. Los malos modos de Paulina provocan un incidente diplomático al ofender al rey Sisebuto de Vecidonia, único proveedor de pepinillos, plato nacional del reino. El rey toma conciencia de que, para poder levantar el embargo de pepinillos y retomar las relaciones con el reino vecino, Paulina habrá de aprender buenas formas y, para ello, atender a las indicaciones de un tutor, que será Bermudillo.

En El reino secreto de los animales, Bermudillo recibe el aviso de que en cierta gruta se oyen extrañas voces. El enano barbudo llega hasta la fuente de las mencionadas voces: un reino de animales parlantes situado en un desconocido y aislado valle dentro de las mismas montañas. Bermudillo hace gala de su bondad, hasta el punto de que el propio rey de los animales lo invita a su mesa a disfrutar de un ágape.

En la última historieta, El falso médico, el reino medieval de Zebulón IV está en manos de un malvado médico que ha sumergido al rey en una falsa enfermedad del sueño imbuido por una droga. Como consecuencia de su continuo sueño, aprovechando los estados de vigilia del rey, el médico le hace firmar una serie de edictos con un único objetivo: su propio enriquecimiento. La princesa de este reino sospecha de este poco escrupuloso médico, pero carece de los aliados necesarios para devolver a su padre a un estado de conciencia debidamente racional. Pero la princesa tiene la suerte de que acierta a pasar por allí Bermudillo…

Piet Wijn (Hilversum, Países Bajos, 1929-2010) comenzó su carrera con dieciocho años de edad, trabajando para un estudio como animador. Pronto plasmaría los guiones de Walling Dijkstra en cómics históricos como De zwarte hertog (1948) o Verowin (1950-51). Otra serie de temática medieval, Aram van de Eilanden (1951-60) alcanzaría difusión internacional a través de multitud de periódicos. Entre 1977 y 1978 realizó también la serie Gloria van Goes, con Paul Deckers al guión, para la revista Tina. En 1984, obtuvo el Stripschapsprijs, el premio más importante para los historietistas neerlandeses, por toda su carrera.

Thom Roep nació en Amsterdam en 1952. Tras graduarse en la Pedagogische Academie de su ciudad natal, en 1973 ingresó como redactor en el semanario Donald Duck. Potenció la producción holandesa de material Disney, favoreció la reedición de material clásico -como las historias de Donald realizadas por Carl Barks- y fomentó la inclusión de historietas ajenas a Disney, como Bermudillo en 1975. Toda esta labor le valió ser ascendido en 1984 a redactor jefe de Donald Duck, cargo que dejó en 2013. En agosto del mismo año, recibió de manos del gobierno de su país el título de Caballero de la Orden de Orange-Nassau.

Malaga Hoy



El corazón de la mujer sola

Con este segundo volumen, concluye la impresionante y sensible obra del mangaka Kazuo Kamimura



JOSÉ LUIS VIDAL
07 Febrero, 2018






Tokio, años setenta. Al llegar la noche, en las calles del barrio de Shinjuku se encienden los luminosos y neones que anuncian locales, lugares dedicados al esparcimiento masculino, donde suelen acudir hombres con una holgada situación económica que, al terminar el trabajo, necesitan de ese relax que les provoca la conversación con otros compañeros de labor o, mejor, con las chicas que suelen trabajar en estos bares, las llamadas scorts, acompañantes que siempre van a ofrecer una sonrisa, y tal vez algo más.

Uno de estos sitios es El Club del Divorcio, un lugar que, como su nombre bien indica, está regentado por una madame, una mujer divorciada, que como todas sus empleadas también han pasado por ese trámite. Pero cuando entramos en él, no vamos a fijarnos en la calidad de las bebidas que ofrece, ni su decoración, ni siquiera la música que allí se escucha… Será la belleza serena de su propietaria, Yûko, la que nos obnubile y atraiga irremediablemente, como una polilla hacia la ardiente llama.

La guapa joven es una auténtica maestra de la seducción, sabiendo dar una de cal y una de arena a sus clientes que, en ocasiones, algo perjudicados por la ingesta de alcohol, pretenden llegar más allá de las simples palabras.

¿Pero quién es realmente Yûko? A través de los diferentes capítulos de esta obra vamos a conocer las interioridades de esta particular fémina, que esconde en su interior el dolor más profundo. Por una parte, el que la llevó a romper su matrimonio con un pianista atormentado por el alcohol y, sobre todo, a tener que alejarse de lo único bueno que esa rota relación había dado, una hermosa niña que dejó al cuidado de su madre que, claro está, no ve con buenos ojos la profesión de su hija. Un secreto a voces que casi todos conocen.

Pues bien, dentro del pequeño ecosistema del club está el joven camarero Ken, un chico que bebe los vientos por la, al principio, esquiva Yûko pero que, poco a poco, irá convirtiéndose en su eterno compañero y confesor.

La historia se sitúa en plena época de recesión de Japón, por lo que, en este segundo y final tomo veremos como la situación del local se agudiza, cada vez entran menos clientes y la situación personal de Yûko se aproxima hacia un invisible barranco. Solo hay una posible manera de salvar el negocio, o al menos, poder trasladarse a un local más pequeño, y para eso tendrá que pasar por las manos de un antiguo extorsionador, el Maestro Kuroi, cuyo dinero hará posible que, pese a la imprevista deserción de las mujeres que trabajaban para Yûko, ésta puede iniciar una nueva andadura, en esta ocasión sola con el joven Ken, que cada vez se siente más enamorado de su jefa.

Pero claro, las cosas no son nada fáciles para los protagonistas de este drama, y si añadimos la aparición de la protagonista en un programa de televisión, hablando sobre su divorcio y los incipientes celos del camarero hacia el benefactor de Yûko, la trama comenzará a complicarse.

Resulta increíble la maestría con la que el autor de este manga, Kazuo Kamimura, trata a los personajes, pero en especial a su protagonista, Yûko. Sabe meterse a la perfección bajo su piel y regalarnos una narración creíble al cien por cien, en una época en las que comenzaban a romperse al rígidas tradiciones niponas, sobre todo las que afectaban a las mujeres, que siempre habían ocupado un segundo lugar en una sociedad meramente machista. Esta Yûko, la regente del Club del Divorcio carga sobre su espalda no tan solo el haberse separado de su marido sino, además, el dedicarse a un trabajo muy mal mirado en aquella estricta sociedad y, a veces, hipócrita sociedad.

Kamimura nos da algunas pistas de su conocimiento de estos clubes, ya que en más de un capítulo se retrata a sí mismo como asiduo cliente del bar, en el que comparte conversaciones no solo con su propietaria, sino también con las otras scorts, las chicas que atienden a los hombres. Resulta curioso reseñar, como anecdótico guiño, que incluso en uno de estos momentos comparta una copa con el guionista Kazuo Koike (autor del que ECC Ediciones se está dedicando a publicar la totalidad de su obra junto al dibujante Goseki Kojima) con el que creó el manga Lady Snowblood, en el que se basaría posteriormente Quentin Tarantino para crear a uno de los personajes de su Kill Bill.

El autor, fallecido demasiado joven, se revela como un hábil observador del comportamiento humano y nos traslada a las páginas de su obra (como ya hizo en Historia de una geisha, también publicado por ECC), con un estilo gráfico de una belleza incomparable, la dramática historia de esta particular mujer, Yûko.


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martes, 6 de febrero de 2018

Los más listos de la clase

La obra, precuela de la publicada en 2013 por Gaiman, retrocede hasta 1915 y narra los sucesos anteriores a la caída al mundo del Señor de los Sueños


JAVIER FERNÁNDEZ
31 Enero, 2018


'Sandman: Obertura'. Neil Gaiman, J. H. Williams III. ECC. 224 páginas. 22 euros.

Neil Gaiman, Alan Moore y Grant Morrison figuran con méritos sobrados en el listado de los mejores guionistas de la historia del cómic. Los tres británicos se granjearon una fama internacional cuando fueron contratados por DC en la década de 1980, y no han dejado de producir grandes obras desde entonces. Todos han trabajado en las mejores editoriales estadounidenses, aunque buena parte de sus obras pertenecen al catálogo de DC (en sus distintos sellos y filiales) y han sido, o están siendo, reeditados por ECC en nuestro idioma. Este mes, sin ir más lejos, han visto la luz los tres suntuosos volúmenes que paso a recomendarles.


Sandman: Obertura es la maravillosa precuela de la magnum opus de Gaiman, publicada en 2013, casi dos décadas después del final de la serie del sello Vertigo. Con impactantes dibujos de J. H. Williams III y colores de Dave Stewart, la historia retrocede hasta el año 1915 y narra los sucesos anteriores a la caída al mundo del Señor de los Sueños. El talento de Williams III es algo fuera de lo común, y todos y cada uno de sus trabajos son delirios visuales, repletos de sofisticadas composiciones de página (el presente tomo contiene incluso varios desplegables) que realzan la rara belleza de su línea. ECC ya publicó Obertura en cuadernillos, y recopila ahora el conjunto con un montón de material añadido que incluye las portadas alternativas, bocetos, explicaciones del proceso de trabajo, entrevistas y otros textos.


El Asco (2002-03), por su parte, recupera uno de los títulos más inclasificables y personales del ya de por sí inclasificable y personal Grant Morrison. En la onda de Los Invisibles o Flex Mentallo, esta miniserie de trece números, también publicada originalmente por Vertigo, combina ciencia ficción y recursos metaliterarios para cuestionar la realidad y nuestra supuesta libertad. A diferencia de Los Invisibles, en la que el baile de artistas acaba restando potencia a la totalidad, El Asco fue dibujado de principio a fin por Chris Weston y Gary Erskine, de modo que posee una mayor coherencia visual. Morrison llegó a declarar que esta es su obra favorita, y ya es raro que la reseña de The Comics Journal, una revista habitualmente crítica con el escocés, afirmase: "El Asco es lo mejor que ha escrito jamás Morrison". El apartado de extras contiene bocetos y el guión completo del número 5, entre otras cosas.


Tras haber dinamitado el género de superhéroes con La Cosa del Pantano, Watchmen, Miracleman y demás, Alan Moore sorprendió a los lectores a mediados de la década de 1990 con una serie de colaboraciones desenfadadas para la naciente editorial Image. Así, en 1995, se hizo cargo de los WildC.A.T.s, título estrella del estudio WildStorm, a los que puso patas arriba con el fin de la guerra entre demonitas y querubines y la creación del enigmático Tao, un personaje que acabaría dando mucho juego. Son tebeos divertidos, trepidantes, que alcanzan su mayor nivel en las páginas dibujadas por Travis Charest y que ECC vuelve a ofrecer ahora en un solo tomo.


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Un homenaje a Jack Kirby

JAVIER FERNÁNDEZ
31 Enero, 2018

'El desafío de Kamandi, Vol. 1'. ECC. 184 páginas. 17,50 euros.

Ideado por Dan Didio como homenaje a Jack Kirby en su centenario, El desafío de Kamandi es un delicioso experimento que une dos conceptos clásicos de DC. Por un lado tenemos a Kamandi, el personaje creado por Kirby a comienzos de la década de 1970, y, por otro, una estructura colaborativa a lo DC Challenge, la cabecera de doce números publicada entre 1985 y 1986, en la que cada nuevo equipo creativo continuaba la historia a partir del cliffhanger planteado por el equipo anterior. El resultado es una miniserie de doce números publicados por ECC en dos tomitos, el primero de los cuales contiene el trabajo de artistas de primera fila como el propio DiDio, Bill Willingham, Keith Giffen, Neal Adams, Amanda Conner o Ivan Reis.

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Una precuela para disfrutar

JAVIER FERNÁNDEZ
31 Enero, 2018



'Antes de Watchmen: Minutemen'. Darwyn Cooke y otros. ECC. 264 páginas. 27 euros.

Sí, sí, lo admito, al final he caído, y la culpa la tiene Darwyn Cooke. Me prometí no leer las dichosas precuelas, me dije que podía pasar sin Antes de Watchmen, que me bastaba con la obra maestra de Alan Moore y Dave Gibbons… hasta que le eché un vistazo al tomo Minutemen. Y es que Darwyn Cooke era (cuesta trabajo usar el pasado) un genio de la narrativa gráfica y su interpretación del viejo grupo de superhéroes ideado por Moore es una auténtica preciosidad, un maravilloso disfrute de la primera página a la última. Además, la presente recopilación, que recoge la miniserie de seis números escrita y dibujada por el autor de La nueva frontera, se completa con el especial Dollar Bill, escrito por Len Wein y dibujado por otro virtuoso, Steve Rude, y los dos números de Moloch, nada menos que de J. M. Straczynski y Eduardo Risso. Quién podría resistirse…












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El alma de la máquina

Masamune Shirow es el autor del inspirador manga 'Ghost in the shell'. El japonés plantea un 'thriller' futurista en el que se confunden los límites entre lo natural y lo artificial


GERARDO MACÍAS
31 Enero, 2018




'The Ghost in the Shell'. Guion y dibujos: Masamune Shirow. Planeta Cómic, 2017.

El 31 de marzo de 2017 se estrenó en los cines The Ghost in the Shell, una película estadounidense de ciencia ficción, dirigida por Rupert Sanders y protagonizada por Scarlett Johansson. Esta película está basada en el manga japonés homónimo de Masamune Shirow publicado entre 1989 y 1990.

La comandante Motoko Kusanagi está al cargo de las operaciones encubiertas de la Sección Policial de Seguridad Pública, la Sección 9, especializada en crímenes tecnológicos. Ambientado en un entorno cyberpunk, en el año 2029, este cómic japonés revela que la propia Kusanagi es un ciborg que investiga grandes corporaciones y magnates corruptos. Un prototipo capaz de realizar hazañas increíbles, una mujer cuya única parte humana es el cerebro y la médula espinal. Kusanagi y su equipo se enfrentan tanto a peligros externos como a conflictos internos acerca de su propia naturaleza, debido a que son más máquinas que seres humanos.

La trama principal de este manga es la persecución de un criminal de medios electrónicos, conocido como El Titiritero, pero cuya identidad se desconoce, que ha cometido varios delitos con un único modo de operaciones: hackear las mentes de los seres humanos. El Titiritero ha conseguido incluso tener conciencia propia, partiendo de un simple programa volcado en la red. Este enemigo en la sombra es capaz de tomar el control de máquinas y seres, de hackear cualquier sistema y meter virus informáticos en los mismos cerebros de los seres artificiales.

The Ghost in the Shell es un thriller futurista, pero su autor, Masamune Shirow, nos plantea un futuro que, visto a día de hoy, no parece tan descabellado. Desigualdades sociales extremas, avances cibernéticos punteros, tramas políticas urdiéndose a espaldas de la sociedad, que parece anestesiada y desorientada…

Más allá de la trama, lo impactante es el marco temporal y geopolítico de The Ghost in the Shell, que nos muestra un mundo en paz, pero desgastado por las guerras, donde la población malvive en su mayoría hacinados en superpobladas ciudades y la minoría goza de privilegios que el avance tecnológico ha impuesto. La Sección 9 toma el protagonismo para que, a través de sus vivencias, podamos entender este futuro. Además de para fabricar robots dedicados en su mayoría al trabajo duro o la seguridad, la tecnología ha llegado a imitar el cuerpo humano y sus funciones de manera tan exacta que se vuelve difícil distinguir lo humano de lo artificial… incluso los seres artificiales pueden dudar de si alguna parte vital suya es en realidad orgánica.

Esta duda existencial sobrevuela constantemente a la protagonista de esta historia. Motoko no encaja en el mundo y no termina de descubrir por qué. Los seres artificiales han llegado a ese punto de perfección en el que desarrollan este tipo de duda, que es el síntoma del libre albedrío, del alma…, es decir, del Ghost (espíritu) al que hace referencia el título de esta obra.

En cada capítulo, la Sección 9 debe vérselas con un acto criminal que deben solucionar, y de paso, desvelar los motivos ocultos tras el crimen, que normalmente lo relacionan con altas esferas. Los delitos son cometidos, además, a distintos niveles: a la acción violenta física más primaria suele ir siempre unido un ataque hacker, pues no puede ser de otra manera en este mundo dominado por la gran red que puede asaltar ya no sólo las máquinas, sino la mente y el alma de las personas.

En cada página suele haber notas aclaratorias, pero estas son de tanta profundidad que el propio autor nos anima a leer el manga sin hacerles caso, y luego leer las notas en un segundo vistazo. El mundo que ha imaginado Shirow es tan detallado que requiere de toda nuestra compresión para entender hasta donde ha llegado la revolución de los implantes tecnológicos.

Este cómic japonés de 1989 dio lugar a dos secuelas tituladas Ghost in the Shell 1.5: Human-Error processor (1992-1995) y Ghost in the Shell 2: Man/Machine Interface (1991-1997). También se adaptó en seis teleseries de animación y cuatro largometrajes de dibujos animados, que fueron inspiración directa para Matrix, la trilogía de películas de ciencia ficción protagonizada por Keanu Reeves. Salieron además a la luz cuatro videojuegos entre 1997 y 2015.


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Juez, jurado y ejecutor

Recopiladas por Panini en un nuevo volumen, dos de las mejores historias protagonizadas por El Castigador





JOSÉ LUIS VIDAL
31 Enero, 2018

¿Sabéis quién es Frank Castle? Su nombre tal vez, en principio, no os suene. Él solo fue uno de tantos veteranos de la Guerra de Vietnam. Pero tuvo la mala suerte de que su camino y el de su familia (mujer e hijos) se cruzara con una vendetta criminal, terminando todos muertos y con un Frank desquiciado, roto por dentro para siempre y que clamaría venganza contra todo aquel que cometa un crimen, sea del tipo que sea.


El papel de vigilante, en este caso en un universo superheroico, nació, como en este caso, de aquellos hombres que tuvieron que soportar la peores condiciones en medio del vergonzoso conflicto bélico que terminó con el american dream: Dormir en agujeros, en medio del barro, sin comida, acosados por el enemigo… Supervivientes que regresaron, incomprendidos por sus propios vecinos, un ejército vencido, cabizbajo… (Por cierto, no os perdáis la magnífica miniserie Punisher: The Platoon, escrita por Garth Ennis y dibujada por Goran Parlov que nos traslada a la contienda bélica).



Uno de los personajes más conocidos que entran en ese perfil es el de John Rambo, protagonista de la magnífica novela Primera sangre, escrita por David Morell, que tuvo una buena adaptación a la gran pantalla y unas secuelas de las que más vale olvidarse…

Y si hablamos del subgénero del "aparentemente" hombre normal que es golpeado por la desgracia en forma de violadores y/o asesinos es muy común tanto en la literatura como en el cine norteamericano, la saga Death Wish (El Justiciero de la ciudad) es buena muestra de ello, protagonizada por Charles "Cara de piedra" Bronson (al que, por cierto, ahora toma el relevo, en forma de remake, Bruce Willis). Así nace lo que se bautizó como "vigilante".




Pero regresemos a las viñetas. Este antihéroe, El Castigador, había sido presentado en las páginas de Spiderman (de hecho, es clásica la portada en la que lo tiene en el punto de mira de su rifle) y que siempre ha estado en esa zona gris de la vida, regresa en este tomo que reúne dos historias narradas por un dúo de lujo, el guionista Steve Grant y, al dibujo, nada más y nada menos que Mike Zeck.

El primero se había ocupado de varias colecciones en Marvel desde que diera el salto del mundo del fanzine al de los cómic-books. Pero su primer gran proyecto lo catapultó, y todo gracias a meter de lleno el harbolied, una rama del relato negro, que se caracteriza por lo extremo de su violencia, lo expeditivo de sus métodos y, sobre todo, una total carencia de valores morales en la mayoría de las historias, que viene a ser protagonizadas por detectives que nada tiene que ver con Sam Spade (el Mike Hammer de Mickey Spillane es un buen ejemplo) o directamente por personajes que están al otro lado de la ley (Jim Thompson, James Hadley Chase y Donald Westlake fueron sus "padres").

Mike Zeck, por su lado, había conocido en Marvel las mieles del éxito al ilustrar el gran y primer evento que reunió a la mayoría de sus personajes, las Secret Wars. Y esta no sería la única, ya que además de las de El Castigador, dibujó una de las historias más potentes de Spiderman, junto al guionista J.M. DeMatteis, La última cacería de Kraven.

Pues bien, en la primera "aventura", nos encontramos a El Castigador sin su uniforme característico, ese gran cráneo que, recortado en las oscuridad, congela a los criminales, que saben que su muerte está más que próxima: Frank Castle ha sido apresado y encerrado en la Isla de Ryker, una cárcel en la que, como si de una personal galería se tratara, tiene que compartir el espacio con todos esos matones, violadores, chulos, narcotraficantes y asesinos que aún no ha podido borrar de su imaginaria lista de tareas.


Pero no os preocupéis, porque claro está, la bomba no tarda en explotar y la violencia llegará con dureza. Y será cuando Castle se encuentre con Puzzle, uno de sus mayores enemigos, al que marcó y desfiguró el rostro para siempre. Pero la venganza de este loco tendrá que esperar, ya que hay un plan en marcha para ejecutar la mayor fuga que se ha visto en este lugar.

Sin querer adelantaros ningún acontecimiento, solo os diré que Castle termina libre, trabajando para una misteriosa y poderosa organización llamada el Trust, un grupo secreto que parece querer lo mismo que El Castigador, limpiar las calles.

Pero en esta magnífica historia nada es lo que parece, y El Castigador las pasará canutas si quiere salir de una pieza.


El éxito acompañó al tándem creativo formado por Grant Y Zeck, y pocos años después regresaron con Retorno a la Gran Nada, una novela gráfica que comparte la dureza de la anterior, en la que el pasado en Vietnam viene a golpear de lleno a Castle, que se enfrentará a una organización de tráfico de drogas, y volverá a cruzarse en su camino con algunas caras conocidas de su etapa militar.

El tomo viene rematado por una impresionante galería de portadas, portafolios, páginas a lápiz… Lo que lo convierte, con estos extras, en una obra imprescindible en vuestra biblioteca Marvel.

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El crepúsculo de los dioses

JAVIER FERNÁNDEZ
31 Enero, 2018

'El cuarto mundo de Jack Kirby, Vol. 4'. Jack Kirby. ECC. 424 páginas. 37 euros.

El guionista y antiguo colaborador de Jack Kirby, Mark Evanier, confiesa en su largo y detallado epílogo la alegría que le produce contemplar los lomos de la reedición de El Cuarto Mundo: "He pasado gran parte de mi vida sentado en una silla en mi despacho, y a la derecha de la silla hay una estantería en la que, ahora mismo, están los tres primeros libros de esta serie, con un sitio reservado para una copia de este volumen [el cuarto]. No es que quiera tenerlos al alcance de la mano para poder releer mis episodios preferidos de Kirby siempre que quiera, aunque también es por eso. No, la auténtica razón de por qué estos libros están ahí es porque me hacen sonreír. Su existencia, el hecho de que el trabajo más personal de Jack - unos libros que me encantan de un hombre al que quiero - haya resistido el paso del tiempo, me provoca una sonrisa. Otrora tildados de fracaso, han demostrado su valor de manera constante e imperecedera a lo largo del tiempo, y ahora, además, han sido editados justo como Jack quería, en volúmenes de lujo en tapa dura con una impresión impecable. Estos libros fueron pensados para ser atesorados y releídos una y otra vez". Las palabras de Evanier expresan un sentimiento de felicidad compartido por miles de lectores de todo el mundo, entre los que me cuento.

Hoy, casi cincuenta años después de su aparición en 1970, la saga de El Cuarto Mundo, obra maestra de Jack Kirby, goza por primera vez de una edición digna (casi perfecta) en nuestro idioma, y hay que agradecer a ECC su acierto al traducir los cuatro tomos que componen la colección completa. El último de ellos contiene el cierre de las series The Forever People y The New Gods, junto con los nueve últimos episodios de Mister Miracle, el New Gods (reprint series) número 6 y la novela gráfica The Hunger Dogs, con la que Kirby pudo concluir la epopeya en 1984, diez años después de la cancelación de las cabeceras originales, todo acompañado de un grueso apartado de material extra. Arte pop en estado puro.


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Contracultura, tienes nombre de mujer

La editorial malagueña GasMask publicará próximamente 'Wonder Woman. Bondage y feminismo', clarificador y oportuno ensayo del crítico y escritor estadounidense Noah Berlatsky


PABLO BUJALANCE
Málaga, 30 Enero, 2018




Fue en enero de 1942 cuando la Mujer Maravilla vio la luz como tal en el primer número de la revista Sensation Comics. El impacto que causó en su momento la princesa amazona Diana de Themiscyra, nacida así en plena Segunda Guerra Mundial y dispuesta a enfrentarse en sus primeras aventuras al fascismo criado en la vieja Europa, resultó monumental por cuanto, además de la premisa, el lector podía encontrarse con una mujer dotada de superpoderes y desligada de cualquier partenaire masculino. No resultó extraño, por tanto que Wonder Woman iniciara casi de inmediato una serie propia en DC Comics que, con algunos paréntesis puntuales, se ha mantenido viva hasta el presente, incluida una galería de villanos harto interesantes a los que hacer frente. Detrás del personaje se encontraba otro auténtico personaje de novela, su creador, William Moulton Marston (1893-1947), psicólogo e inventor (suya es la primera patente reconocida de un detector de mentiras) además de autor de cómics. Empeñado en contribuir a la liberación de la mujer de su tiempo de unos cánones sociopolíticos fuertemente adscritos a la condición varonil, Marston alumbró en Wonder Woman una suerte de modelo nietzscheano que inspirara a sus lectoras a ponerse en marcha y aspirar a los mayores niveles de poder y emancipación. Bajo esta inspiración, no resultó precisamente extraño que la contracultura estadounidense de los años 60 abrazara a la princesa como referente pop del feminismo. Y ahora, en el siglo XXI, cuando el pensamiento feminista atraviesa un particular esplendor que ha facilitado (de paso) la llegada de Wonder Woman al cine por la puerta grande, la literatura en torno al personaje y su calidad simbólica vuelve a ser bien interesante en cuanto a alcance e intenciones. Uno de los ensayos más ambiciosos en este sentido es Wonder Woman. Bondage y feminismo, del crítico y escritor norteamericano Noah Berlatsky, del que podrá disponer el lector en castellano próximamente de la mano de la editorial malagueña GasMask.

Tal y como explica el responsable del sello, Miguel Ángel Villalobos, el volumen contará con un prólogo a cargo de la periodista Elisa McCausland (autora de otro libro sobre Wonder Woman, El feminismo como superpoder, recientemente publicado por Errata Naturae) y una introducción de Luis Alboreca a modo de semblanza de William Marston, quien, practicante de lo que hoy se conoce como poliamor (mantuvo una relación polígama y abierta con dos psicólogas, Elizabeth Holloway Marston y Olive Byrne, con las que convivió bajo el mismo techo y con las que tuvo varios hijos), introdujo en sus cómics de manera pionera "elementos propios de la teoría queer como el lesbianismo y el travestismo; además de tabúes como el incesto y la violación, todo en publicaciones que no dejaban de ser tebeos para niños de los años 40", apunta Villalobos. En realidad, Berlatsky (y aquí se encuentra tal vez su aportación más original respecto a otras publicaciones recientes) ahonda en los contrastes del personaje, concebido a la vez como poderosa y sumisa en la mente de Marston, quien decidió respetar ciertos arquetipos tradicionalmente vinculados al género femenino (en esencia, belleza y bondad) para el éxito de su revolucionaria criatura. Tal paradoja añade una leña pintoresca al fogoso debate actual. Mientras tanto, los malos siguen ahí fuera.


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martes, 30 de enero de 2018

El talón de Aquiles

A diferencia del héroe griego, el protagonista de esta historia creada por Greg es un pelmazo entrañable con pretensiones intelectuales que tiene numerosos puntos débiles y defectos


GERARDO MACÍAS
24 Enero, 2018


'Aquiles Talón integral Tomo 1'. Guion y dibujos: Greg. Trilita Ediciones, 2014.

En la mitología griega, Aquiles fue un héroe de la Guerra de Troya y uno de los protagonistas y más grandes guerreros que podemos encontrar en las páginas de la Ilíada de Homero. La epopeya Aquileida del poeta de la corte imperial y maestro Publio Papinio Estacio, que vivió en Roma en el siglo I después de Cristo, afirma que Aquiles era invulnerable en todo su cuerpo salvo en su talón. Aquiles fue hijo del mortal Peleo, rey de los mirmidones en Ftía, al sureste de Tesalia. La madre de Aquiles, la diosa Tetis, intentó hacerlo inmortal sumergiéndolo en la laguna Estigia, pero olvidó mojar el talón por el que lo sujetaba. Aquiles murió en batalla al ser alcanzado por una flecha envenenada en el talón. De ahí procede la expresión "talón de Aquiles", que alude al punto débil de una persona.


Basándose en esta misma leyenda, el historietista belga Greg bautizó a su antihéroe Aquiles Talón, un pelmazo entrañable con pretensiones intelectuales que en realidad no tiene un solo punto débil sino muchos, y sobre todo muchos defectos.


La serie, que fue titulada Achille Talon en el original, nació en la revista francesa Pilote en 1963, con guión y dibujos de Michel Regnier, que firmaba con el seudónimo Greg.

Aquiles Talón es el típico francés aburguesado, que pretende hacer ver que sabe de todo. Es orondo, calvo y con nariz prominente. Hay varios personajes de carácter fuerte en la serie: su padre, siempre con sus cañitas de cerveza, su madre, apasionada por la cocina, y su novia Virgulilla de Comillas, de aires aristocráticos.

El personaje que da la réplica al protagonista es su vecino, Hilarión Funestini. Es otro soltero, más sensato que Aquiles, que suele mofarse de él y no tiene más aspiraciones que cuidar su jardín. Sus rasgos físicos son una caricatura del propio Greg.

Completan la nómina unos secundarios arquetípicos: el comerciante capaz de todo con tal de vender sus productos, el militar retirado, el amigo extranjero de verbo ininteligible y el doctor que todo lo cura siempre que puedas abonar sus elevadas facturas.

Aquiles está enamorado platónicamente de una compañera de trabajo llamada Brígida. Aquiles trabaja como personaje de cómic en la sede de la revista Polite, parodia de la revista Pilote, donde se caricaturizan autores clave de la industria del cómic, como Goscinny, Charlier, Dargaud, Gotlib, Fred, Reiser, Bilal, el propio Greg, etc...

Aquiles Talón se sabe personaje de tebeo y se siente orgulloso de ello. A veces se dirige al lector, y juega con los elementos del cómic, rompiendo la separación entre viñetas para llegar antes al cuadro final, o acercándose para hacerse oír mejor, combinando todo esto con ocurrencias de corte más tradicional, basadas en el malentendido o las incomodidades de la vida en la ciudad.

De ínfulas intelectuales, Talón se marca unas larguísimas parrafadas de exuberante retórica, salpicadas por onomatopeyas, cuyos extensos bocadillos rebosan las viñetas.

La serie se desarrolla normalmente en entregas de una o dos páginas, aunque también se han editado varios álbumes con historias largas. Greg abandonó Aquiles Talón en 1996, pero con permiso del creador fue continuado por otros autores hasta 2009.

En 1975, el personaje conseguiría cabecera propia en Dargaud, que lanzaría la revista Achille Talon Magazine.

Greg fue guionista de series para otros dibujantes, entre las que cabe citar Comanche (1969) dibujado por Hermann, Luc Orient (1967) por Eddy Paape y Bruno Brazil (1968) por William Vance.

Greg nació en Ixelles, cerca de Bruselas, en 1931 y falleció en París en 1999. Creó personajes inmortales para las revistas Spirou, Pilote, y Tintín. A la edad de dieciséis años comenzó a publicar en las páginas del diario belga L'avenir.

Greg intervino en la adaptación al cine de animación de algunos álbumes de Tintín. Entre 1965 y 1974 fue redactor jefe de la revista Tintín, y en 1975 se convirtió en el director literario de la editorial Dargaud.

Los derechos para publicar en España Aquiles Talón fueron adquiridos en 1968 por Editorial Bruguera, que publicó esta serie en las revistas Bravo, Mortadelo, Gran Pulgarcito, Din Dan y Súper Pulgarcito, en bicolor o a todo color, con traducciones de Anna María Palé y de Jordi Bayona.



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Un tomo especial


JAVIER FERNÁNDEZ
24 Enero, 2018




'Astro City: Héroes cotidianos'. Kurt Busiek, Brent Anderson y Carmen Carnero. ECC. 224 páginas. 22 euros.

La dibujante malagueña Carmen Carnero se suma a los autores habituales de Astro City, Kurt Busiek y Brent Anderson (por los que parece que no pasa el tiempo), en el volumen titulado Héroes cotidianos, que contiene los números 26, 29, 30 y 37 a 41 de la reciente tanda de episodios de la serie dentro del sello Vertigo de DC, publicados entre 2015 y 2017. Se trata de un tomo realmente especial, pues se inicia con la conmemoración del vigésimo aniversario de esta cabecera de referencia del género de superhéroes y se cierra con el tebeo que hace el número 100 (sumando las distintas series, miniseries y especiales). En su interior, relatos del Samaritano, la Primera Familia, el Ahorcado y otros muchos habitantes de Astro City.


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Un personaje inolvidable


JAVIER FERNÁNDEZ
24 Enero, 2018




'Tom Strong: Libro 3'. Alan Moore, Chris Sprouse y otros. ECC. 304 páginas. 29,50 euros.

Tom Strong se enfrenta al fin del mundo (los lectores de Promethea sabrán a qué me refiero) en el tercer y último volumen de la recopilación de esta maravillosa serie. Strong es un personaje inolvidable que aúna elementos de aventureros pulp y superhéroes clásicos, tamizados por el filtro posmoderno de Alan Moore e interpretados visualmente por el talentoso Chris Sprouse. En palabras de Jorge García, en esta serie "hay espacio para la aventura, la comedia, el drama, la fantasía, la ciencia ficción, los viajes a través del tiempo, los animales antropomorfos, los cuentos de fantasmas, el wéstern, el misticismo, la parodia y el amor". El tomo recoge los números 26 a 36 originales (2004-06), en los que asoman también creadores de primera fila como Geoff Johns, Ed Brubaker, Jerry Ordway, Pasqual Ferry, Joe Casey, Paul Gulacy o el mismísimo Michael Moorcock.


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lunes, 29 de enero de 2018

Vigilancia internacional

JAVIER FERNÁNDEZ
24 Enero, 2018


'Grandes autores de La Liga de la Justicia: Keith Giffen, J. M. DeMatteis y Kevin Maguire - JLI'. VVAA. ECC. 200 páginas. 20,50 euros.

Grandes autores de la Liga de la Justicia inicia la esperada recuperación de una de las etapas más brillantes del supergrupo por excelencia de DC, la del relanzamiento de su colección en 1987 de la mano de los guionistas Keith Giffen y J. M. DeMatteis y el dibujante Kevin Maguire. El trío creativo se desmarcó de la tendencia oscura y ominosa que caracterizaba el grueso de los tebeos de la época y firmó una serie tan trepidante como desenfadada, marcada por el contraste entre los argumentos superheroicos y los diálogos y situaciones hilarantes. Como si de una sitcom se tratase, el foco principal de esta peculiar versión de la Liga de la Justicia reside en la química y la interacción entre los distintos personajes: el taciturno y permanentemente cabreado Batman, el grosero tocapelotas Guy Gardner, el melancólico Detective Marciano, los cómicos Blue Beetle y Booster Gold o el simplón Shazam, por nombrar solo a unos cuantos. Esta mirada distanciada e irónica prefigura el estilo de autores tan celebrados como Warren Ellis o Mark Millar, y también se halla ya en estas páginas la perspectiva global de títulos posteriores como Stomwatch o The Authority. La de Giffen y DeMatteis no es la Liga de la Justicia de América, sino la Liga de la Justicia Internacional, un supergrupo sin lealtades nacionales, al servicio de los intereses planetarios, tal como se narra en este primer tomo. La propuesta cuajó entre los lectores y acabó generando un puñado de spin-offs.

Buena parte del éxito se debió a los atractivos dibujos del joven Kevin Maguire (al que más tarde seguiría otro principiante de lujo, Adam Hughes), que borda muy especialmente las expresiones de los personajes, aporta un tono realista y sofisticado e imprime un ritmo particular a la lectura. El presente volumen contiene los números 1 a 6 de Justice League, más el 7 (con la cabecera ya renombrada como Justice League International), así como una larga introducción del editor Andy Helfer, otra de Keith Giffen y algunos extras dibujados por Maguire.



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