martes, 7 de agosto de 2012

Ugo Mulas

La mirada inovadora
por Adela R. Menéndez



Bar Giamaica, L. Silvestri e E. Mainini, Milano, 1953-54


La Italia de finales de los años cuarenta y los años cincuenta ha quedado magnífica­mente captada por las cámaras de Vittorio de Sica, de Luchino Visconti y de Roberto Rosellini, entre otros directores de cine italianos, que supieron captar con un lenguaje innovador la realidad sociocultural del país transalpino.
Ahora, la sala BBVA de Madrid, dentro de PhotoEspaña 2009, exhibe más de un centenar de fotografías de Ugo Mulas ( Italia, 1928-1973), fotógrafo audodidacta y uno de los grandes reno­vadores del lenguaje fotográfico en la Italia de lasegunda mitad del siglo XX, abordando diferentes géneros y cultivando una gran variedad de regis­tros plásticos, en una carrera profesional corta pero intensa. A través de la selección de fotografías rea­lizada por la comisaria, Enrica Viganó, se observa un talento natural a la hora de cazar imágenes de gran belleza, no exentas de intención.
Durante su juventud se relacionó con artistas e intelectuales de los años cincuenta. Su acercamien­tro a creadores como Piero Manzoni, Marcel Duchamp o Lucio Fontana, fue una búsqueda esté­tica y asimismo una introspección personal para



Milano, Stazione centrale, 1953-54


conocer mejor su agudeza plástica. Sus retratos y su viaje postrero a Nueva York, en un momento de febril actividad artística, le encumbraron como uno de los grandes fotógrafos de la época, la déca­da de los 60 del pasado siglo.
Dividida en varias secciones, por géneros y cronología, Mulas demuestra su olfato estético en imágenes originales como las del Bar Jamaica, cer­cano a la Academia de Bellas Artes de Brera en Milán, la zona actual de anticuarios y galerías de arte de la capital lombarda, sin olvidar ese conjun­to de 8 fotos de la periferia de Milán, con una esté­tica cercana al neorrealismo en la que Mulas esta­blece un contacto con la realidad, que recuerda a Rocco y sus hermanos, la certera película de Visconti.
El ojo de Ugo Mulas también estuvo atento a lo que acontecía en las Bienales de Arte de Vene­cia y en la exposición encontramos reveladoras fotos de Max Ernst en un vaporetto; Canogar, Chi­llida y Saura en el café Florian y la emoción en la cara de Alberto Giacometti cuando ganó el Gran Premio de la Bienal. En esos años conoce a Calder, Duchamp o Burri, pero también capta el ambien­te de las calles venecianas.
A mediados de los años 60, el fotógrafo se tras­ladó a Nueva York y allí robó con su cámara los espacios de creadores como Jim Dine, Rauschen­berg, Jasper Johns, Lichtenstein, la Factoría de Andy Warhol, de Barnett Newman, Stella o Rosenquist, junto a esa visión elegante de los edi­ficios de Nueva York.
En la última parte de la muestra cuelgan retra­tos de músicos como John Cage, escritores como Arthur Miller, Eugenio Montale, Albertí o de la periodista Oriana Fallaci, de Giovanni y Marella Agnelli, de pintores como Giorgio De Chirico, Miró y Tapies. Junto a ellos las arquitecturas urbanas de Génova y Milán, así como las escenografías para el Wozzeck de Alban Berg, e imágenes publicitarias de la moda italiana. La serie Las verificaciones, 1971­1972, donde investigó las implicaciones conceptua­les del arte fotográfico y plasmó su indudable talen­to para suscitar reflexiones en los creadores y en los aficionados al arte, no sólo a la fotografía, suponen su testamento de un artista fallecido prematuramente.
Sala BBVA. 7 Castellana, 81, 28046 Madrid, Del 2 de junio al 26 de julio de 2009.



Max Ernst sul vaporetto, Venezia, 1954

Soubrettes, Milano, 1957

Totó, Milano, 1957

Marc Chagall, 1958

Joan Miró, 1963

Sicilia, 1963



Sicilia, 1963

Robert Rauschemberg, New York, 1964

Andy Warhol, New York, 1964

Roy Lichtenstein, New York, 1964

Giorgio De Chirico, Roma, 1968

Marcel Duchamp, Trafalgar Square 1964 New York

New York, 1964

Roy Lichtenstein, New York, 1964

David Smith, Voltri, 1962

John Cage, New York, 1964

Per "Ossi di Seppia", Monterosso, 1962

Enrico Castellani, Biennale, Venezia, 1966

Pierpaolo Pasolini, 1966

Giangiacomo Spadari, Venezia, 1968

Campo Urbano, Como, 1969

Vittor Pisani, Vitalità del negativo, Roma, 1970


Marcel Duchamp, New York, 1965




Imágenes de la página de Ugo Mulas, aquí. Artículo de la revista Album Letras-Artes nº97

XIII

La Historia de siempre
por Lorenzo Díaz




¿Qué se puede decir de algo que se conoce desde siempre, pero que lo lees por enésima vez como si fuera nuevo? O que te gusta o que estás hasta las narices; depende de cada uno y de su aguante. Yo tengo mucho y sólo pido que me lo cuenten bien. Me da lo mismo sabér­melo ya. Y es que, en el fondo, no me lo sé. Me explico. Estoy hablando de historias con el mismo tema, la misma idea, o el mismo argumento base. Lo importante en una historia es cómo se cuenta y todo lo que conlleva esto. Hay una anécdota que yo achaco a Menéndez Pidal y en la que ofrecía a un alumno una idea estupenda para escribir la mejor de las novelas y revelaba dicha idea diciendo chico conoce chica.




El caso que nos ocupa es el de la historia de un señor amnésico que intenta descubrir su identidad mientras es perseguido por un montón de enemigos desconocidos. La idea debe remontarse a la era de las cavernas, pero se ha llegado a acusar a Van Hamme, el guionista, de haberla plagiado de un libro de Ludlum. Una estupidez como pocas. Vengo viendo variantes de esta misma historia desde que sostenía sólo el biberón, y para ello no he necesitado al Sr. Ludlum. Hasta yo mismo tengo un guión sobre el tema pensado hace unos diez años. Ya saben, el pasado es algo que nos escama a todos, y dicen que más cuantos más años tienes.

No necesito mucho para que me guste un tebeo. Sólo necesito que esté pensado, bien escrito, sin demasiadas tonterías, y no suelen irritarme los excesos cuando vienen a cuento o no molestan. También me gusta que las obras sean frescas y me sorprendan continuamente con alguna que otra vuelta de tuerca apretada en su momento. Lo del buen dibujo me es opcional, pero si lo hay pues mejor que mejor. El truco para que XIII funcione pese a ser un tema tan sobado es porque está hecho inteligentemente, planteando con mucha simplicidad, que no simpleza, las muchas vueltas de tuerca que se dan al largo tornillo del amnésico que busca su identidad.

El tornillo resulta sorprendente­mente nuevecito al prescindir de referencias y enfocar la historia in­genuamente, como si fuera la pri­mera vez que se cuenta, haciendo borrón y cuenta nueva de las ante­riores variantes sobre el tema, pese a las múltiples referencias cinema­tográficas que pueden encontrarse tanto en guión como en dibujo. El guionista no deja nada al azar y se limita a agitar los cabos sueltos como si fueran chorizos para que el lector los muerda y luego descu­bra que son sucedáneos. De hecho la maldad de Van Hamme es tanta que ni siquiera Vance, el dibujan­te, sabe de qué va la guerra más allá de las pocas páginas de ven­taja que le proporciona cada entre­ga de guión.

Ante tal falta de información para adelantarse a los acontecimientos, Vance dibuja con corrección, en ocasiones cansina, sólo lo necesa­rio para que podamos sorprender­nos más adelante revelando falsos su anterior identidad o bando en el que militaba, ya que no hay ideas preconcebidas a la hora de diseñar­los. Del mismo modo, hay pocos elementos en fondos y objetos que sirvan como pistas sobre lo que su­cede. Son funcionales y, curiosa­mente, carentes de perspectiva (in­tencionalmente, claro), siendo realizados siempre en una toma extremadamente frontal que, sin embargo, nunca elimina la profundidad de campo, quizá gracias a un co­lor correcto y efectivo, que no es­pectacular.

Los rumores apuntan comprensi­blemente a que la serie tendrá tre­ce álbumes, pero puede tener vein­te o treinta. Se acabará en el momento que el protagonista sepa quién es. Más de uno temió que el suspense se acabara en el quinto volumen, al revelarse de una vez por todas que XIII era Jason Fly. Pero no. Se acababa la intriga para apoderarse de la presidencia del país (un Estados Unidos ficticio), pero no se descubría al número 1 de la intriga, del mismo modo que quedaban bastantes cabos sueltos por resolver. En El dossier Jason Fly, lógicamente, se retoman algu­nos de los cabos sueltos, mientras el protagonista intenta averiguar quién era Jason Fly, o sea él mis­mo, ya que sólo dispone de un in­forme de su pasado y, además, está incompleto. Una sutil estratagema para continuar la serie unos cuan­tos álbumes más y partiendo otra vez desde el principio como si no hubiera averiguado nada en los cin­co anteriores, cosa que, por otro lado, es la más cruda de las verdades.

Lo más divertido es que cuando XIII, o sea Jason Fly, descubra cuál es el pasado de Jason Fly, y quién era Jason Fly, tendrá que descubrir quién es Jason Fly ahora y qué va a ser de Jason Fly en el futuro y si quiere seguir siendo Jason Fly, por­que, por lo que sabemos, pudo ser tanto un cerdo de mucho cuidado como la identidad secreta del Papa. O sea, que o mucho me temo que siempre estaremos como al princi­pio del primer álbum. Diabólico este Van Hamme cuando se lo propone y se dedica a proporcionarnos pes­cadillas que se muerden la cola.

Porque, repito, el gran truco, el gran defecto, la gran virtud, de to­dos los guiones de Vance es que utiliza recursos clásicos (léase conocidos, pero no viejos) para con­tar una historia clásica (léase cono­cida pero no vieja) con toda la sencillez del mundo y cuyo princi­pal recurso se basa en escamotear­nos continuamente el final y apun­tar a que cualquier final puede ser posible, para luego gratificarnos con el único final posible. Aquel que anticipábamos desde un principio y que olvidamos a medida que nos sumergíamos en la trama. En otras palabras, ¿quién está totalmente seguro, a pesar de que nos lo han dicho, de que Jason Fly es la autén­tica identidad de XIII?

Lorenzo Díaz.


Revista Krazy Comics Nº9 Junio 1990

El rostro de Roscharch

"Incluso el conocimiento instintivo de tan gran fuerza lógica como el principio de simetría empleado por Arquímedes puede inducirnos a error."
Ernst Mach- La Ciencia de la Mecánica


por Fernando de Felipe y Jaime Vane

Alan Moore visto por Glenn Barr


RORSCHACH nos devuelve la mi­rada. RORSCHACH es el abismo. La «aterradora simetría» de su más­cara es la única soución al conflicto humano: el bien y el mal que todos llevamos dentro es ASIMETRICO, como lo es el símbolo del YIN-YANG —no superponible a su imagen es­pecular, como nos pasa a todos al enfrentarnos a un espejo. Tan sólo una «cara» totalmente simétrica es capaz de enfrentarse a su reflejo, ca­paz de no sentir desasosiego ante esa trasposición óptica que nos ha­bla de la PARIDAD de nuestras vi­das. Tan sólo RORSCHACH es ca­paz de no desdoblarse ante el espejo, de seguir siendo él mismo —único, íntegro, simétrico...
«Y me hice una cara con que po­derme mirar al espejo.» (cap. 6, pág. 10, viñ. 9).
RORSCHACH ha comprendido que la terrible y verdadera perturba­ción de nuestro mundo es que es casi racional, pero no por completo (G. Chesterton). Ha comprendido que hay un lugar para el desequili­brio. la basculación, la alteración; un talFeynman se preguntaba «,,por qué es la naturaleza tan casi si­métrica?».
RORSCHACH comprende el por­qué, y se rebela contra él. Su SUE­NO habla de buenos hombres, de su padre, del presidente Truman... es curioso que el análogo tridimensio­nal del símbolo del YIN-YANG sea una pelota de BEISBOL, un elemen­to de SIMETRIA PERFECTA... un símbolo perfecto del SUEÑO AME­RICANO.
Pero ese SUEÑO tiene muchas caras.
EL COMEDIANTE vio el verdade­ro rostro del siglo XX y escogió «con­vertirse en aun reflejo, en una paro­dia». Por ello lleva una insignia: una chapa de «Mr. Smile» perfectamen­te simétrica.
VEIDT, el tipo más perfecto del mundo, representa su imperio en simbologías simétricas. Es curioso como, al culminar su más perfecta coartada —el atentado contra sí mismo— la «V» se refleja en el sue­lo/espejo, formando una «X» que nos «lleva» a la imagen de las tibias pi­ratas (cap. 5, pág. 12, viñ. 9 y pág. 13, viñ. 1).
El DR. MANHATTAN elige un símbolo simétrico, señalando inequí­vocamente su decisión de dejar de ser PURAMENTE HUMANO, de trascender del mundo en SU PER­FECCION ESPECULAR —¿será perfectamente simétrico, o tendrá un testículo más alto que otro como to­dos los mortales?
Alan Moore es un perfecto «relo­jero suizo»; el capítulo quinto, «Ate­rradora simetría», es un perfecto ejemplo de guión elaborado de acuerdo con una tesis interna. Hay «preciosas» metáforas del hombre como destructor de la posible per­fección/simetría de la vida, como aquellas en que los elementos simé­tricos (Mr. Smile, cartel budista, sím­bolos triangulares en furgonetas) pierden su perfecto equilibrio al mancharse de SANGRE o BARRO.
Sucesión de detalles sin interrup­ción, gravitando en torno a la idea central... Dan y Laurie reflejados en el espejo del restaurante (cap. 5, pág. 10, viñ. 7) preguntándose si tan sólo serán las SOBRAS. El náufra­go que, mirando al agua, ve «un loco con los labios cubiertos de sangre» devolviéndole la mirada desde el mundo INVERTIDO, «abajo, donde las gaviotas volaban en círculo» (cap. 5, pág. 12, viñ. 8). La perfec­tamente simétrica calavera, inverti­da en su reflejo del charco, pisada por RORSACH al dirigirse a la tram­pa que le hará perder su perfecta simetría (cap. 5, pág. 23, viñ. 1).
Y más adelante en la acción, la re­petida idea del hombre destruyen­do/alterando la vida, en la escena del «Mr. Smile marciano» que pier­de su perfecta simetría al derrum­barse sobre su ojo izquierdo la cons­trucción del Dr. Manhattan... (cap. 9, pág. 27, viñ. 1) Moore es un perfec­to relojero.
GARDNER, en «Izquierda y dere­cha en el Cosmos» dice: «la más li­gera pérdida de simetría, tal como la pérdida del ojo derecho, tendría



Roscharch visto por F. de Felipe.

 
un inmediato valor negativo para la supervivencia del animal». Cuando los policías le quitan la máscara a RORSCHACH, lo dejan histérico e indefenso. Uno de ellos proclama. «todo se equilibra» (cap. 5, pág. 28, viñ. 8).
No estamos de acuerdo.
Sin disfraz, RORSCHACH tan sólo deja de ser ANONIMO. El sigue siendo el ABISMO. Y el ABISMO si­gue siendo perfectamente simétrico.
Moore vuelve a relacionar un nue­vo factor a su análisis en el capítulo sexto: las manchas del test/másca­ra de RORSCHACH. No son nada concreto. No son la realidad. Las manchas son inofensivas, la realidad no. La narración se vuelve terrible y poderosa cuando se nos hace creer que el efecto de «montaje que relaciona MANCHAS y RECUER­DOS tiene un valor real.
«El auténtico horror es que al fi­nal sólo son unas manchas oscu­ras, vacías y sin sentido» dice el psiquiatra (cap. 6, pág. 28, viñ. 6).
RORSCHACH ya lo sabía: «Nin­gún significado. Sólo el que elegi­mos e imponemos» (cap. 6, pág. 26, viñ. 4). Esa era su arma frente al cri­men: ¿qué terrible expresión se es­condía tras las cambiantes y simé­tricas formas de su máscara?
Pero a veces las manchas, las sombras significan mucho. Como las de los amantes de Hiroshima; como las que proyecta el matrimo­nio Long sobre las paredes de su cada vez más desintegrado hogar  (cap. 6, pág. 8, viñ. 6 y pág. 13, viñ. 6).
Las sombras pueden recordarnos árboles frondosos o bonitas maripo­sas... pero es más fácil que se re­fieran a cabezas de perro partidas. Es éste el universo de manchas, si­metrías y reflejos que atormenta a RORSCHACH, el auténtico héroe de tragedia, desesperado, exiliado en su propia realidad... lleno de orgu­llo y «coherencia» al enfrentarse a sombras que le recuerdan el SIN-SENTIDO de la vida.
Las manchas de su máscara son sólo manchas, el disfraz de este per­sonaje íntegro, único, tristemente irrepetible. En el capítulo doce, Moo­re nos sirve la última pista: un mon­taje puramente estético/narrativo de las sombras de Dan y Laurie con las manchas de la máscara de RORS­CHACH (cap. 12, pág. 22, viñ. 7 y pág. 23, viñ. 1). La única significa­ción es el vacío.
Hollis Mason lo intuía: «desapa­recer no es ningún problema para un héroe disfrazado, sólo tienes que sacarte el disfraz». RORSCHACH lo sabe. Cuando la policía lo atrapo ya se dio cuenta; ahora, acepta su destino, su sacrificio... su SUICIDIO.
Se quita la máscara, pierde la si­metría y llora (iLLORA!) al enfrentar­se a su final, a su terrible final... no puede aceptar la mentira, la falsa perfección impuesta por Veidt. Y de­cide seguir fiel a sí mismo... y terminar.
Pero como el propio Dr. Manhattan sentencia, «nada termina nunca». Quizá lo sepa al haber intentado validar la TEORIA SUPER­SIMETRICA... ¿no?
Fernando de Felipe - Dic.-89  


O make me a mask (Dylan Thomas)
Tyger! Tyger! burning bright
In the forest of the night,
What immortal hand or eye
Could frame they fearful symmetry? (William Blake)


«Diario de Rorschach. 21 de oc­tubre, 1985». Historietas. «Primero, me quité la 'cara', la doblé, la guar­dé en la chaqueta. Sin mi 'cara', na­die sabe. Nadie sabe quién soy». Historietas. Tomar una historia, seg­mentaria en proposiciones, asignar una imagen a cada proposición. Te­niendo como referencia el orden de lectura en el occidente-norte, situar­las sobre un soporte, una tras otra, una línea. ¿La historia hecha histo­rieta? «Mi cara». Rorschach escribe su diario. Una palabra tras otra. Watchmen no es eso. Las manchas van metamorfoseándose. «Traté de ver un árbol frondoso proyectando una sombra a sus pies, pero no pude». Simetría. Dimensión gráfico-visual. Imágenes articuladas trata­das como imágenes. «Se parecía más a un gato muerto que encon­tré una vez, lleno de gusanos brillan­tes y gordos, unos encima de otros, recorriéndolo, huyendo de la luz». Si­metría. Organización sobre el sopor­te. Ordenación. Relación. Y también tiempo (¿también tiempo?). También línea. «Incluso eso es esquivar el ver­dadero horror». Cómo seguir toman­do una historia, segmentándola en proposiciones, asignando una ima­gen a cada proposición... después de esto. Y sentir que Watchmen no es una historieta con pretensiones de elitista o marginal. Puede hacer­se fuera de la burbuja. Seguro que Rorschach guarda otras formas, otros juegos, en su máscara. Quizás alguien los desvele. «El auténtico ho­rror es que al final, sólo con unas manchas oscuras, vacías y sin sen­tido». En otros medios apuestan por ellos, en otros medios «menos» gráfico-visuales.
¿Vacías y sin sentido? «Me sentí limpio. El planeta giraba bajo mis pies y supe lo que a los gatos les hace llorar como niños en la noche». Leer el poema de Blake. Recordar los tigres borgianos. Jugar con la idea de la velada escritura de un dios. Acaso son, las manchas del ti­gre, la escritura secreta de un dios. Acaso sólo son unas manchas os­curas, vacías y sin sentido. «La exis­tencia es azar. No hay esquema, ex­cepto el que imaginamos después de vivirla... Ningún significado, sólo el que elegimos e imponemos». El sentido de la vida. La vida no tiene sentido, noo es la escritura secreta de un dios. El tigre. El significado de las proposiciones o de las manchas. «Si miras al abismo...». Sólo cuer­pos. Sólo forma. Manchas sin alma.
Releyendo Watchmen, es fácil re­cordar a Wilde: que el que busca bajo la superficie y el símbolo lo hace a su propio riesgo; la rabia de Calibán viendo su rostro reflejado en el espejo; la crítica como una mane­ra de autobiografía. «Vacías y sin sentido». Parece una burla. «... Y me hice una cara con la que poderme mirar al espejo». También recordar los trabajos de Christian-Marie Pons, el trabajo con el soporte y con las formas que en él se organizan. La grammatextualité de Jean-Gerard Lapacherie, la dimensión gráfico-visual de un texto. Jean Ricardou y su textique. Jan Baetens profundi­zando en las líneas de Lapacherie y Ricardou. La narración figurativa de Antonio Altarriba, quizás un inten­to de trasladar al terreno de la his­torieta, y a otros medios de lectura fundamentalmente visual (no verbal; gramma, no scripto), los plantea­mientos de Lapacherie, Baetens, Ri­cardou y otros han propuesto para la literatura. La relevancia de la di­mensión gráfico-visual parece más evidente en la historieta. Quizás es más sencillo pensar que basta con tomar una historia, segmentarla en proposiciones, asignar una imagen a cada proposición,... que la semió­tica es válida herramienta para la lectura de cualquier texto y que para su dominio es suficiente llevar los bártulos en un capazo y haber asis­tido a unos cursillos de macramé, que basta con extraer la proposición de cada imagen y ayuntar los seg­mentos para llegar a la historia.
Se señala que gran parte de los trabajos derivados de la considera­ción de los planteamientos de la na­rración figurativa se quedan en sim­ple muestra de sus mecanismos, en presentación de un «truco». Eviden­temente, Watchmen no es eso. Dudo que Alan Moore haya oído ha­blar de narración figurativa, aunque su trabajo constituya una importan­te aportación a ese ámbito.
.. Y me hice una cara con que poderme mirar al espejo.»
«El auténtico horror es que al fi­nal, sólo son unas manchas oscu­ras, vacías y sin sentido.»
Jaime Vane, Diciembre 1989


Revista Krazy Comics nº5 Febrero 1990

Dave Johnson a.k.a Devilpig



Espectacular. La serie 100 Balas si ya de por sí era buena con los dibujos de Risso y el guión de Azzarello, las portadas de Johnson suponían un premio extra. Curioso lo del sobrenombre, en su página de Devianart, aquí, y muchos más dibujos en la página de Comicart Community, aquí, una especie de ficha técnica en la página de Comic Vine, aquí. Como ya digo, espectacular, hasta los pequeños dibujos con carbón y pastel.






































lunes, 6 de agosto de 2012

Lágrimas de Eros


Por
Joaquín Lledó

Endimión dormido, 
1822, Antonio Cánova

Una vez más -la decimotercera ocasión desde el año 2003- la Fundación Colec­ción Thyssen-Bornemisza y la Funda­ción Caja Madrid programan y exhiben conjuntamente una exposición. Lágrimas de Eros nos ofrece un fascinante recorrido por la diversa expresión artística de un tema siempre recurrente, el erotismo, y se articula a través de la dialéctica amor y muerte, placer y dolor. El comisario de la exposición, que es el propio director artístico del Museo Thyssen-Bonermisza, Guillermo Solana, ha seleccionado más de un centenar de obras proce­dentes de más de noventa prestadores internacio­nales. Como él mismo dice: "El título de la expo­sición procede del último libro publicado en vida por Georges Bataille, Les larmes d'Eros, 1961. Aquella fue la aportación final del autor sobre un problema que había indagado a fondo en su obra El erotismo (1957): la íntima relación de Eros y Tánatos, entre la pulsión sexual y el instinto de muerte. El punto de partida de Bataille es la cer­teza de que en la petite mort del orgasmo experi­mentamos un avant goût, una anticipación de la muerte definitiva. El recurso a imágenes de la ago‑


Andrómeda
1869, Gustave Doré

Lot embriagado por sus hijas
1635, Francisco Furini


nía para expresar el clímax amoroso y el lenguaje del éxtasis para representar la muerte no es desde luego una invención de Bataille. Lo encontramos en Wagner, en la poesía romántica, en Bernini y en Miguel Ángel, en los místicos españoles y en la lírica griega arcaica. Lo que Bataille cree haber hallado es un fundamento para la identificación entre Eros y Tánatos: tanto en la muerte como en la consumación erótica regresamos, desde la dis­continuidad de la vida individual, a la continuidad originaria del Ser".
Para explorar la íntima relación entre Eros y Tánatos la exposición dispone las figuras mitoló­gicas en un itinerario casi narrativo que avanza de la inocencia a la tentación, de la tentación a los suplicios de la pasión, y de ellos a la expiación y a la muerte. La primera figura, Nacimiento de Venus, es la diosa de la belleza y del amor en su estado prístino, todavía virgen. Tal como la vieronlos neoplatónicos del Renacimiento, Venus ana­diómena encarna la Humanitas pura. Su belleza intacta rechaza los impulsos animales y por eso mismo los despierta, los excita. "La belleza, escri­be Bataille en El erotismo, importa en primer lugar porque la fealdad no puede ser mancillada y por­que la esencia del erotismo es la mancha. La huma­nidad, significativa del interdicto, es transgredida en el erotismo. Es transgredida, profanada, manci­llada. Cuanto mayor es la belleza, mayor es la man­cha". El maculado origen de Venus es la castración de Urano por su hijo Cronos, la extrema trasgre­sión que cabe imaginar. Junto a las brillantes interpretaciones del tema de William-Adolphe Bouguereau y Eugéne-Emmanuel Amaury-Duval, figuran en este apartado la interpretación escultó­rica de Rodin, pero también algunas interesantes versiones modernas del mito, como la del nortea­mericano John Currin.



María Magdalena en una gruta
1876, Jules-Joseph Lefebvre



A lo largo de la exposición se alternan y se anu­dan los mitos paganos y las figuras de la tradición judeocristiana: a Venus le corresponde la Eva bíblica, Eva y la serpiente, tentada y tentadora al mismo tiempo, que encarna como ninguna otra la dialéctica prohibición/trasgresión. Como dice Solana, "Esa dialéctica, concebida por Bataille como una danza que combina un paso atrás, recul, y un salto adelante, rebondissement, domina tam­bién los capítulos siguientes, Esfinges y sirenas y Tentaciones de san Antonio. La terrible Esfinge encierra un secreto poder de seducción, mientras que las adorables ninfas y sirenas albergan la ame­naza latente de la muerte en el agua. En las prue­bas a las que es sometido san Antonio se revela de nuevo el vaivén de la Tentación, el voyeur oscila entre la resistencia y la complacencia, entre la dis­tancia visual y el acercamiento táctil".
Para ilustrar el tema de la serpiente, junto a versiones clásicas del siglo XVI y XVII y fotogra­fías modernas de Avedon (un retrato de la bellísi­ma Nastassja Kinski) y de James White, varias obras del inquietante Franz von Stuck —un pintormuy presente a lo largo de la exposición-, entre las que se encuentran sus famosos lienzos El pecado y El vicio, pero también un muy poco visto relieve en yeso procedente de la Mugrabi Collection. Esplén­didas las versiones de Gustave Moreau o Eliu Ved­der del tema de la esfinge, o el provocador Fauno y ninfa de Franz von Stuck. En el capítulo dedica­do a las tentaciones de san Antonio, una joya, la versión del tema de Paul Cézanne, y entre otras muchas, en las que no falta la lasciva visión de Franz von Stuck, las dos maravillosas y festivas versiones del tema de Antonio Saura
"Con los capítulos siguientes, El martirio de San Sebastián y Andrómeda encadenada, entramos en la consumación erótica, que entraña, como el sacri­ficio, una violencia ritualizada. San Sebastián y Andrómeda son dos versiones, masculinas y feme­nina, cristiana y pagana, de un erotismo de la dominación y la sumisión, en cuyas contorsiones se confunden suplicio y delicia. La culminación amo­rosa en la pareja, en el capítulo El beso, es un bon­dage o esclavitud mutua, donde los amantes luchan por superar los límites individuales para fundirse en un solo ser. Pero esa fusión no se producirá sin violencia, sin la pasión caníbal por devo­rar al otro o vampirizarlo".
Para san Sebastián y Andrómeda, esculturas de Bernini, óleos de Bronzano, Ribera, Rubens, Millais, Moreau, Doré , Dalí, junto a algunas obras nunca vistas, como la Octavia del marido de Lee Millar, Roland Penrose, o la alucinante Máquina de coser electrosexual de Oscar Domínguez. Y para El beso, también obras espléndidas, entre ellas, El vampiro de Munch y esa maravilla que es el Cristo y la Magdalena de Rodin.
Si la primera parte de la exposición, en el Museo Thyssen-Bornemisza, explora los peligros mortales de Eros, en la segunda parte, en la Sala de Alhajas de la Fundación Caja Madrid, es la muer­te misma la que se ve erotizada. "La muerte consi­derada en el doble aspecto: o bien suavizada y embellecida como la hermana del sueño, o bien presentada con rasgos terroríficos. En su versión eufemística, la muerte, como el sueño, posee el poder de infundir o intensificar el atractivo eróti­co. La muerte dulce desarma al cuerpo, le arrebata su resistencia y lo convierte en un pasivo objeto de


Salomé
1896, Lucien-Lévy-Dhurmer


deseo, Apolo y Jacinto y Endimión dormido. En la muerte de Jacinto, la mirada deseante es masculina; en el sueño de Endimión, la mirada es femenina, pero puede ser desplazada por el deseo homosexual masculino. Los efectos estéticos y eróticos de la muerte sobre el cuerpo de la mujer están ilustrados por las figuras de dos bellas suicidas, Cleopatra y Ofe­lia, cada una de ellas destinada a una aniquilación diferente: Cleopatra, a la petrificación marmórea, y Ofelia, a la disolución en el agua. En con­trate con la imagen eufemística de la muerte como un sueño, en los últi­mos capítulos de la exposición, Mag­dalena penitente y Cazadores de cabezas, entra en escena otra visión, alegórica y macabra, encarnada en la calavera y en la cabeza cortada. La calavera per­tenece a María Magdalena, imagen viva de la confusión entre la penitencia y la sensualidad, entre el dolor extremo y el éxtasis. En las historias bíblicas de Judit y Holo­fernes, Salomé y el Bautista, David y Goliat, la cabeza cortada adquiere una variedad de usos: como trofeo de caza, objeto de meditación, reli­quia sagrada y fetiche sexual". La lista de las obras que se exhiben en la Sala de Alhajas es verdadera­mente impactante, porque el acierto de esta expo­sición es el haber sabido ejemplarizar todos y cada uno de estos capítulos que jalonan el recorrido por estas Lágrimas de Eros, con obras procedentes de todas las épocas y estilos, y realizadas con las téc­nicas más diversas, pero todas ellas de excelente calidad –y entre las que, además, no faltan algunas de las más emblemáticas y famosas obras del géne­ro, que hasta esta ocasión nunca habían sido exhi­bidas en nuestra ciudad.



Los amantes
1928, René Magritte

Sin título
2004, James White


Album Letras-Artes nº98