martes, 5 de junio de 2012

Sherm Cohen





 Adoro la animación, contaban los primero animadores de largometrajes animados de la Disney que el esfuerzo es tremendo pero que una vez que ves tu trabajo en la pantalla no puedes dejarlo. He elegido este autor como podrían serlo miles. Entré en Devian Art y lo ví a él. No se si hay algún patrón en los animadores, aquí su página en Wikipedia.
Paul Sherman Cohen lleva trabajando en la animación desde 1994: Ren and Stimpy, Hey Arnold!, Bob Esponja y Phineas y Ferb. Formó parte del equipo original que creó Bob Esponja donde escribió, realizó storyboards y dirigió. Escribió un libro "Cartooning: Character Design" y también dio clases acerca del storyboard en The Entertainment Art Academy en Pasadena, California. Parte de esas clases formaron parte de un DVD de enseñanza llamado "Storyboard Elements"
Continúa en la Disney trabajando en más series de televisión. 

























































Mundo Comic

Ayer, daba una vuelta por un gran centro comercial y  de repente la sorpresa, una zona de la librería dedicada a los comics, y no solo eso, sino además con una bonita decoración. Yo iba ya de sorpresa en sorpresa y me encuentro que además tienen una página web: Crea tu comic .


Los que entren en la página web verán que la tienda que organiza esto es El Corte Inglés. Puede que se pregunten a que este interés por este evento, que por cierto está muy bien. Y es que todo sería perfecto si no fuese por el pequeño detalle de que surge, no lo se con seguridad pero bien podríamos apostar algo, que todo esto viene de los magníficos resultados cosechados por las versiones para el cine de los superhéroes americanos, de los que son el último y más increíble ejemplo Los Vengadores que van por los 1000 millones de dolares de recaudación y aún les queda cuerda, y no se lo que recaudarán los que vienen como Batman, Spiderman o Superman.
Así, volvemos a lo de antes, hasta que Hollywood no les ha hecho la campaña publicitaria, no había forma de encontrar un tebeo en un centro comercial grande, y ahora vienen con cita en Facebook. 


Como siempre, disfrutad lo que dure porque cuando se acabe la fiesta no quedarán ni las estanterías. Espero que les podamos sacar por lo menos un Salón en condiciones por aquí, nunca se sabe.


lunes, 4 de junio de 2012

Vendida la portada original de 'Tintín en América' por 1,3 millones


La cubierta subastada, dibujada por Hergé en 1932, muestra al personaje vestido de vaquero



Original de la portada 'Tintín en América', de 1932. / JOEL SAGET (AFP)




El original de la portada del tebeo Tintín en América, de 1932, ha sido vendido hoy en París por un precio récord de 1.338.509 euros (1.663.570 dólares), ha informado la casa de subastas Artcurial. En el dibujo, de 32 centímetros de lado, se ve al personaje vestido de vaquero —no con sus habituales pantalones de bombachos— a punto de ser atacado por unos indios mientras Milú mordisquea un hueso. En una subasta anterior, en marzo de 2008, el precio de este mismo ejemplar alcanzó los 764.000 euros (949.500 dólares). Esta portada es una de las dos originales que quedan en poder de coleccionistas privados (hay cinco en total). Artcurial no ha desvelado el tintinólogo comprador.

El dibujo del Tintín vaquero ha formado parte de los lotes de piezas de este personaje que se han subastado en la capital francesa, con cerca de 80 álbumes de ediciones raras, en su estado original. Entre ellos, títulos tan famosos como
 Tintín en el país de los sóviets, Tintín en el Tíbet y Tintín en el Congo, cómic que llegó a ir a juicio por racismo hace un par de años en Bélgica, algo que seguramente habría hecho exclamar con cabreo al capitán Haddock "¡Ectoplasma!". La mayoría de los álbumes vendidos en París tenían dedicatorias del propio Hergé.Hergé dibujó esta portada en la que el joven aparece con su fox terrier para la primera edición de Tintín en América, publicada inicialmente por la editorial del Petit Vingtième y luego por Casterman en la edición francesa. Solo dos años antes, en 1930, se había editado el primer álbum del intrépido periodista.
También se han sacado a subasta alrededor de 300 objetos derivados de la obra del dibujante belga, como esculturas y figurines.
De las aventuras de Tintín se han vendido en todo el mundo más de 200 millones de álbumes. El pasado octubre Steven Spielberg llevó el cómic al cine con una película en la que el actor Jamie Bell —Billy Elliot— encarnaba al héroe con tupé creado por Hergé.

Articulo publicado en El Pais, 2 de junio de 2012,

Un cómic para hacer historia


Lamia Ziadé traza un híbrido entre novela gráfica y documental para retratar la guerra de Líbano



Uno de los dibujos del libro Bye bye Babilonia de Lamia Ziadé

En julio de 2006, en medio de los bombardeos israelíes, los hoteles de Beirut todavía conservaban en las habitaciones el número de la revistaTime Out que anunciaba un concierto de Liza Minnelli aquel verano. Las guerras en Líbano son así: todo el mundo sabe que van a venir algún día, pero siempre llegan cuando menos se las espera. En 1975, cuando empezó la primera guerra, Lamia Ziadé era una niña de siete años a la que le gustaban los chicles Bazooka que compraba en Spinney's, el supermercado más moderno de un país conocido como la Suiza de Oriente Próximo que, de repente, se vio envuelto en una locura de destrucción y asesinatos sectarios que se prolongó durante quince años.
"Lo increíble de la guerra es que nos esforzamos por mantener la vida cotidiana como si nada ocurriese. A los niños nos enviaban al colegio después de toda una noche de bombardeos en la que no habíamos pegado ojo”, explica esta escritora, artista y diseñadora libanesa que acaba de publicar Bye bye Babilonia. Beirut 1975-1979 (Sexto Piso), que la próxima semana presentará en Madrid.
Es un libro muy difícil de clasificar: no es un cómic, pero en algunos momentos lo parece porque está apoyado en imágenes. No es una obra histórica, aunque sí ofrece un relato muy documentado del principio de la guerra civil libanesa. Es una autobiografía pero a la vez relata muchas cosas que no le ocurrieron a la autora. En cualquier caso, es una lectura más que recomendable: por la fuerza plástica de su planteamiento pero también porque logra explicar algo casi imposible de entender: la guerra civil libanesa. “He leído, he visto documentales, he rebuscado en mis propios recuerdos y en los recuerdos familiares”, señala en una conversación telefónica desde París, donde vive, aunque viaja con frecuencia al Líbano.
“Es una pregunta que me hace todo el mundo desde que entregué el libro a mi editor”, responde Ziadé sobre el género al que pertenece su libro. “En las librerías lo colocan normalmente en la sección de cómics pero no creo que lo sea”, agrega. La autora llevó a cabo un gigantesco trabajo de documentación, desde las armas utilizadas por las milicias hasta los uniformes, a cada cuál más surrealista, de los guerrilleros. Y explica muy bien las diferentes fases de la guerra civil libanesa, los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes, con los palestinos, las matanzas de civiles, la llamada guerra de los hoteles, cuando durante semanas las milicias se disparaban con lanzagranadas de un hotel a otro en el centro de Beirut. Describe a los diferentes líderes políticos y militares, las atrocidades, el saqueo de los bancos de la zona financiera de la ciudad, todo ello trufado por sus recuerdos y los momentos de paz en medio del caos. El estilo gráfico, aparentemente naif, resulta muy eficaz para describir la guerra.
“Era un libro que llevaba mucho tiempo queriendo hacer, pero nunca tuve el valor. Sin embargo, durante los bombardeos de 2006, me decidí”, explica Ziadé. Bye bye Babilonia se publica en España en un momento en que Líbano ha vuelto a los titulares, por el temor a que el contagio del conflicto sirio acabe por estallar de nuevo un país que nunca ha terminado de cerrar su guerra civil. Tras varios episodios de combates, en Trípoli y Beirut sobre todo, muchos libaneses teman que la guerra vuelva, como en 2006.
Aquel verano en que las bombas regresaron a Beirut también influyó en otra dibujante libanesa, Zeina Abirached. Pertenece a una generación muy diferente a la de Ziadé (es 13 años más joven) pero en sus dos tebeos, El juego de las golondrinas y Me acuerdo, Beirut(ambos en Sins Entido), relata la guerra desde un punto de vista a la vez personal y universal. En su caso, habla del final del conflicto. Las dos vivieron en el mismo barrio cristiano, muy cerca de la línea verde que separaba el este del oeste, y recibían los bombazos muy cerca al estar al lado del frente. Las obras de Ziadé y Abirached están profundamente conectadas: relatan el principio y el fin del mismo conflicto. Además, sus familias se conocían: el padre de Zeina, un abogado, aparece en una de las planchas de Bye, bye Babilonia. Pero lo que une sobre todo a estos libros, además de la fuerza de una ciudad incluso en sus peores momentos, es la idea de que las guerras solo se pueden contar a través de los seres humanos que las sufren. Por eso da igual el formato, saber si es un cómic, un libro ilustrado o un ensayo: es un relato de cómo la vida se abre camino en medio de la muerte.


El Pais, 2 de junio de 2012

Otra modernidad ANTONIO MUÑOZ MOLINA







En el relato canónico de la modernidad en las artes ese momento del origen imprescindible en todas las mitologías sucede en París, en 1906, en el estudio en el que Picasso pintaba Les demoiselles d’Avignon. En el pensamiento mágico el mito se confunde con la historia, y nadie imagina ya que no se corresponda con la realidad y menos aún que haya otras versiones posibles. Lo que solemos entender como la historia del arte moderno es una narración más o menos mitológica que urdió Alfred H. Barr, el primer director del MOMA. Otros museos derivan sus colecciones de la intención de representar la historia. El MOMA la inventó a su medida. No es que el MOMA coleccionara obras de arte moderno; es que una obra era arte moderno porque el MOMA la había adquirido.
No hay mitología sin héroes y sin auras religiosas. El héroe fundador era Picasso, que había tenido su predecesor en Cézanne como Jesucristo en el Bautista, y que había engendrado un solo linaje de discípulos. Y el acto fundacional, la explosión originaria cuya onda expansiva llenaba el siglo XX, era Les demoiselles d’Avignon, que de manera conveniente tenía algo de piedra angular de la colección del museo: tú eres Pedro y sobre esta piedra, etcétera.
Nada que objetar. El Picasso de las primeras décadas del siglo era un pintor de una fertilidad y una audacia inventiva arrebatadoras, y además estaba todavía muy lejos de convertirse en ese icono universal con algo de parodia y simulacro de su propio talento al que John Berger puso en duda tan lúcidamente en su Ascensión y caída de Picasso; y un mito, cualquier mito, tiene la ventaja de una claridad mucho más cautivadora que las ambigüedades, las incertidumbres y la mera sobreabundancia de los hechos reales.
Esta es otra historia posible, casi simultánea, pero que sucede en otra ciudad, con otros nombres: Viena, 1907; el taller de Gustav Klimt; una obra que consiste, igual que Les demoiselles d’Avignon, en una contemplación de lo femenino, y que también rompe con las convenciones académicas: el retrato de Adele Bloch-Bauer. Picasso pintó acordándose al parecer de las mujeres de un prostíbulo en la calle Avinyó de Barcelona y haciendo escarnio y rindiendo homenaje a los desnudos opulentos de Ingres; máscaras africanas negaban como tachaduras la tradición del parecido académico; planos como ensamblados a hachazos ponían fin a cinco siglos de ilusionismo visual.
Alex Ross dice agudamente de Ravel que supo revolucionar las profundidades de la música sin agitar la superficie. Hay algo de eso en los cuadros que Klimt pintaba en Viena más o menos al mismo tiempo que Picasso en París. Las reproducciones les han perjudicado, al contaminarlos de una familiaridad engañosa, que además simplifica su complejidad y suaviza sus aristas. Una lámina de El beso o del retrato de Adele Bloch-Bauer tendrá siempre una lisura decorativa que no existe en la realidad. Es al verlos de cerca cuando se descubre toda su novedad contenida, todo lo que hay en ellos, como en Les demoiselles, de recapitulación y de ruptura. Picasso levanta una marejada: Klimt revuelve las aguas profundas. Picasso escapa de la tradición gracias al exotismo de las máscaras, como Gauguin había escapado viajando a la Polinesia. Klimt se remonta a un periodo del arte no menos apartado de las referencias habituales, los muros dorados de los mosaicos bizantinos de Rávena. La figura de esa dama de la alta sociedad judía de Viena que tal vez fue su amante emerge de un resplandor liso de oro. Y el vestido, cuando se mira de cerca, es un mosaico alucinante de signos que parecen jeroglíficos egipcios y también células humanas vistas al microscopio y símbolos primitivos de fertilidad. Nada es en principio más convencional en la pintura que el retrato de una mujer rica. Klimt cumple el encargo y a la vez le da la vuelta, mostrando al mismo tiempo el rango social y la belleza y las ansiedades y los deseos que están latiendo por dentro, que se revelan en unos labios entreabiertos, en una mirada demasiado fija, en unas manos delgadas que se retuercen como a punto de quebrarse.
París es la capital obvia de la modernidad en esos años, pero en Viena estaban sucediendo cosas tal vez de mucho más calado, en las artes y en las ciencias, en los puntos de cruce entre unas y otras. En Viena, en la segunda mitad del siglo XIX, la medicina avanzó más que en ninguna otra parte para convertirse en una disciplina científica. Y es probable que en ninguna otra ciudad de Europa estuvieran tan mezclados científicos, escritores, músicos y artistas. La historia es conocida, y nos atrae más porque sabemos que su esplendor acabará en desastre. Por la Viena de Klimt, de Kokoschka, de Mahler, de Schnitzler, de Adolf Loos, de Freud, deambulaba el joven Hitler resentido y hambriento, privándose de comer para asistir a los montajes revolucionarios de las óperas de Wagner que dirigía Mahler. Y era allí también donde trabajó en una tienda de ropa femenina moderna una diseñadora joven que se llamaba Emilie Fölge, y que aspiraba a liberar a las mujeres de la opresión bárbara de los corsés, con prendas livianas y simples, dúctiles al movimiento.
Durante muchos años, Klimt y Fölge mantuvieron una camaradería que probablemente era también sexual, y que sin duda influyó en el modo en que Klimt dibujaba y pintaba a las mujeres. En la Neue Galerie, donde está el retrato de Adele Bloch-Bauer, el 150º aniversario del nacimiento de Klimt se celebra con una exposición que incluye otros retratos de mujeres y algunos de esos dibujos eróticos en los que el trazo mismo de los contornos tiene una cualidad impúdica y delicada de caricia. Fui a verlos el otro día y pensé en el modo tan distinto en que Picasso pinta y dibuja a las mujeres. Las mujeres de Picasso están vistas desde fuera. Tienden a ser modelos en el taller, o prostitutas, o estatuas ensimismadas, o caricaturas. Existen como proyecciones de la mirada del pintor. Las de Klimt habitan en un recinto de intimidad soberana, solas o en parejas, abrazadas a un hombre o a otra mujer, dueñas de su deseo, carnales y enjutas, olvidadas del pintor que las está dibujando o respondiendo a su mirada con otra mirada no menos directa.
El científico y premio Nobel Eric Kandel acaba de publicar un tratado formidable sobre las bases psicológicas y neurológicas de la percepción estética, The Age of Insight, que tiene su punto de partida en esa otra modernidad vienesa del principio de siglo, no menos radical que la de París, aunque con un final mucho más amargo. En la portada del libro de Kandel brillan los oros bizantinos del retrato de Adele Bloch-Bauer, su mirada inteligente y triste. Otros porvenires fueron posibles y quedaron malogrados, pero lo que sucedía en los estudios de los pintores y de los arquitectos, en los laboratorios de los científicos, en los cuartos de trabajo de los escritores de esa ciudad destinada al desastre, nos sigue alumbrando todavía. Y en el mundo visual de Gustav Klimt mujeres y hombres se relacionan con mucha más naturalidad que en el de Picasso.
Gustav Klimt: 150TH Anniversary Celebration. Neue Galerie. Nueva York. Hasta el 27 de agosto. www.neuegalerie.org.
The Age of Insight. The quest to understand the unconscious in art, mind and brain, from Vienna 1900 to the present. Eric R. Kandel. Random House, 2012. 656 páginas.

El Pais Suplemento Babelia 2 de junio de 2012

sábado, 26 de mayo de 2012

Homenaje de Liam Sharp a The Studio

The Studio, publicado en 1979 por Dragon Dreams, es un libro de ilustraciones que muestra el trabajo de Jeffrey Jones (Atlanta, Georgia, EEUU, 1944-2011), Michael Kaluta (Guatemala, 1947), Barry Windsor-Smith (Forest Gate, Londres, 1949) y Bernie Wrightson (Baltimore, Maryland, 1948). Dichos autores quisieron alejarse durante un tiempo de las exigencias del mundo de la historieta y dedicarse a la ilustración, mostrando su talento sobre el papel.


Recientemente, Liam Sharp (Reino Unido, 1968) ha homenajeado la portada de The Studio con The Shed, autoeditado por él mismo.