Las curvas. Los sentimientos. Las mujeres.
martes, 26 de agosto de 2008
domingo, 24 de agosto de 2008
Luz Antigua
Al principio…
Pero claro que nunca vemos el principio. Llegamos a la mitad, cuando ya se han apagado las luces, e intentamos enterarnos de lo que ha pasado hasta entonces. Preguntamos a los vecinos: "¿Quién es él? ¿Quién es ella? ¿Ya se conocían de antes?"
Nos las arreglamos
En este caso, imaginemos que nuestro vecino sea alto, vestido con ropas viejas, como de monje, la cara oculta en la sombra de su capucha. Huele a tiempo y a polvo, sin ser desagradable, y sostiene un libro en la mano. Cuando abre el libro (encuadernado en piel, sin duda, y cada palabra trazada meticulosamente a mano) oímos el clink del metal, y nos damos cuenta de que lleva el libro encadenado a la muñeca.
Da igual. Vemos gente aún más extraña en sueños; y las ficciones son sólo sueños congelados, imágenes unidas con una estructura ilusoria. No hay que confiar en ellas, no más que en la gente que las crea.
¿Soñamos?
Posiblemente.
Pero el hombre de los hábitos habla. Su voz es como el roce de viejos pergaminos en una biblioteca, entrada la noche, cuando la gente se ha ido a casa y los libros empiezan a leerse a sí mismos. Nos esforzamos en escuchar lo que ha pasado hasta entonces…
"No sólo era Roderick Burgess un hombre malvado, sino también orgulloso y presuntuoso. No se conformaba con riquezas, o con el liderazgo de la Orden de los Antiguos Misterios (aunque la orden no era antigua en absoluto, habiendo sido fundada hacía sólo dieciséis años, con el cambio de siglo, por el propio Burgess): deseaba notoriedad entre sus iguales, y ansiaba la inmortalidad física.
El año era 1.916. En el mundo exterior, la Gran Guerra continuaba, y en "Fawney Rig", su casa de Sussex, Roderick Burgess concibió un plan. Capturaría a la muerte, tendría prisionero al Segador.
Con una fórmula de un grimorio robado, realizó el grito de la Invocación. Sospecho que quedó sorprendido cuando la invocación dio fruto, cuando una figura tomó forma en el circulo, en el sótano de la mansión.
No era la Muerte.
El Hombre del círculo vestía de negro. Su cabeza oculta por un yelmo tallado de hueso, y cristal, y metal. Danzaban fuegos en la oscuridad aterciopelada de Sus ropas; alrededor de Su cuello colgaba una piedra preciosa, un rubí; y llevaba al costado una bolsa de cuero, atada firmemente con un cordón.
¿Supo entonces Burgess lo que había capturado? ¿Imaginó que fuerzas habian debilitado a Morfeo, el Señor de los Sueños; que su Canto de Invocación había representado una última gota para Alguien -Algo- que ya se encontraba al límite de sus fuerzas?
Lo dudo. Y si lo sabía, no le importaba.
Burgess despojó a la forma casi sin vida de ropas y objetos, encerrando a su huésped involuntario en una jaula de cristal sin aire, dentro del círculo, y Le dejó allí.
El Rey del Sueño fue capturado y encarcelado.
El impacto se sintió en todo el mundo: hubo niños que se durmieron y no despertaron. Sus vidas fueron canceladas… Unity Kincaid fue uno de ellos, quince años y perdida en un mundo de sueños. Enfermedad del sueño se llamó a la dolencia, y miles de víctimas la sufrieron.
Había cuatro personas que conocían la verdad sobre el Hombre de la jaula: Roderick Burgess mismo; su joven hijo Alexander; Ruthven Sykes, ayudante de Burgess; y Ethel Cripps, la joven amante de Burgess.
Todo lo que Roderick Burgess quería en realidad era vivir eternamente.
En Noviembre de 1.930 las cosas empezaron a irle mal. Se forjó un escándalo: Burgess fue demandado por los hijos de una anciana que legó su considerable fortuna a la Orden. El juicio trajo el caos y el escándalo a la Orden de los Antiguos Misterios. Entonces, Ethel Cripps y Ruthwen Sykes se fugaron juntos, en secreto, llevándose más de 200.000 libras. También se llevaron otras cosas: un Rubí, un Yelmo, una Bolsa…
Los amantes huyeron a San Francisco, donde entregaron el Yelmo a un demonio. Sykes necesitaba protección, y el demonio tomó el Yelmo a cambio de un amuleto, un ojo en una cadena. El Amuleto mantuvo a Sykes a salvo de cualquier mal durante los seis años siguientes. Si Ethel Cripps no le hubiese abandonado - llevándose con ella el Rubí y el Amuleto - le habría protegido por más tiempo.
La muerte de Ruthwen Sykes fue sangrienta, y desagradable, y en algún lugar, Roderick Burgess sonreía.
Burgess vivió otros once años, y luego murió, aún rabiando ante su prisionero, aún suplicando la Vida Eterna. Su hijo Alexander ocupó su lugar. En el sótano, en una jaula de cristal rodeado por un círculo de tiza, la piel pálida y los ojos ardientes como estrellas lejanas, el Prisionero esperaba. Tenía todo el tiempo del mundo.
Alexander Burgess no era el hombre que fue su padre. En sus manos, la Orden de los Misterios Antiguos se secó, se marchitó: el cuerpo murió, pero el espectro subsistía.
Más de setenta años después de que se dibujase el círculo en "Fawney Rig", éste fue roto. Morfeo escapó. Fue así de simple. Los Eternos tienen tiempo. Pueden esperar. Podría haber esperado hasta que todas las piedras de la casa fuesen polvo. Esperó en la oscuridad durante una vida humana, y ahora era libre.
Cuando escapó, la gente que se durmió tantos años atrás despertó… gente cuyas vidas habían sido robadas, arrancadas de la infancia hasta la vejez sin nada entre ambas cosas.
En un sueño, Morfeo llamó a Alexander Burgess y le condenó al Despertar Eterno. Escuchad: cuando Alex despierte de cada sueño, el corazón acelerado, el sudor frío pegado a piel anciana, se encuentra en otra pesadilla, peor que la anterior. En algún lugar, incluso ahora, está perdido en su mente, rezando por que alguien, de alguna manera le despierte. En sus sueños, cada segundo dura una eternidad…
La oscura figura hace una pausa. Intentamos distinguir los rasgos de su rostro, ver algo definido bajo las sombras de la capucha. Inútil. Quizá no hay nada bajo ellas.
Sueño es el hermano más joven de Muerte, volvió a su Reino. Imaginadle, debilitado, sin Sus herramientas, de vuelta a Su castillo.
Morfeo, Sueño -llamadle como queráis- no es la única entidad que vive -vivir, claro, es sólo una expresión- en el Lugar de los Sueños. Hay otros. Otros muchos. Los perdidos y los sin cuerpo, arquetipos y fantasmas y … otros. Son Sus sirvientes, sus criaturas, mientras viven en Su reino; y Él es su señor.
Encontró Su castillo destruido. Sus sirvientes desperdigados. Inició el proceso de restauración. Pero para ello necesitaba cosas que le robaron los Burgess mucho años atrás.
El Señor de los Sueños invocó a las Gracias, la Triple Diosa -Doncella, Madre y Anciana- y le preguntó que se hizo de sus herramientas: la Bolsa, llena de sus inagotables Arenas del tiempo; el Yelmo, símbolo de su cargo en otros Reinos; el Rubí, que creó su propia sustancia, y en el que tanto poder depositó, hace mucho, mucho tiempo.
Oye la pregunta que no hemos hecho.
¿Cuánto tiempo?
¿Os habéis preguntado alguna vez qué soñaba el planeta Tierra, al principio, cuando se enfriaba en su estado fundido, mucho antes de que un fino caparazón se formase en su superficie… por no decir una atmósfera? Fue entonces. Hace mucho.
El Señor de los Sueños acabó usando el rubí para las más simples manipulaciones del Mundo de los Sueños. Las herramientas pueden ser las trampas más sutiles.
Preguntó a la Hécate donde estaban Sus herramientas, y Ella le contestó, en cierto modo.
La bolsa se perdió durante años, y al fin fue adquirida por un inglés, John Constantine. El Yelmo estaba en el Infierno, llevado allí por un demonio. El Rubí había pasado de Ethel Cripps a su hijo, John Dee.
Gira una página. Tenemos tiempo de preguntarnos, quizá, donde estamos. Y nos preguntamos qué más hay escrito en el libro de nuestro vecino. Nos sobreviene la convicción irracional de que nuestro nombre está ahí… cada detalle de nuestra vida, todo, no importa lo ínfimoo desagradable que sea; todo nuestro pasado, todo nuestro futuro.
¿Quieres saber cómo vas a morir?
Empieza a hablar de nuevo.
La Bolsa fue robada a Constantine por una antigua amante, una mujer llamada Rachel. La había abierto, y había descubierto los placeres y alegrías de la Arena del Sueño. Nunca se terminaba. Siempre estaba allí para ella. Y tendida en la cama, la comía, la respiraba, la frotaba contra su piel, flotando en sus sueños perfectos.
Rachel ya no comía ni dormía. Pero aún soñaba.
Con la ayuda de Constantine, el Señor de los Sueños encontró a la mujer, y la Bolsa. Y, a petición de Constantine, concedió a la destrozada criatura un sueño para llevarse consigo en la muerte.
Gira otra página. ¿Están hechas de papel? Nos preguntamos si la piel humana, secada y tensada, haría ese sonido, encuadernada en un libro…
Viajó luego al Infierno, la Bolsa a Su lado. Y en el Infierno habló con el Señor Lucifer, antes el más bello y orgulloso de los ángeles, ahora Señor del Mundo Subterráneo, Amo de las Mentiras, Comandante del Triunvirato del Infierno.
El demonio que poseía el Yelmo era Chorozón, una de las criaturas de Belcebú, y el Señor de los Sueños se vió forzado a luchar con Chorozón por el Yelmo.
Venció en la batalla. Morfeo recuperó Su Yelmo, ganándose la enemistad eterna de Lucifer por Sus esfuerzos.
Dicen que se nos conoce por nuestros enemigos. Si es así, entonces Morfeo debe ser altamente considerado.
Recuperado el Yelmo, el pacto terminó, y el poder del amuleto que mantenía viva a Ethel Cripps (ahora Ethel Dee, y tan vieja como el pecado) se esfumó. Ella murió, y el amuleto pasó a su hijo, John.
De alguna manera, conocemos a su hijo, sin que nos hayan contado nada. Loco de atar, completamente chiflado, la piel de su cuerpo tensa sobre sus huesos descarnados. John Dee hacedor de sueños sin sueño alguno, último propietario del Rubí de Morfeo.
Dee escapó de la prisión donde había estado retenido muchos años, y se arrastró por la noche, buscando el Rubí.
Al mismo tiempo, el Rey de los Sueños también buscaba la joya. No sabía que Dee había manipulado su materia.
Al fin, en un almacén que guardaba un tesoro de artefactos perdidos, Morfeo encontró Su Rubí. Pero lo encontró deformado y cambiado: en vez de enfocar y aumentar Sus energías, empezó a absoberlas.
Le dejó débil y -literalmente- agotado. Dee tomó el Rubí de la mano del Señor de los Sueños, e hizo que empezara a destruir la mente de los débiles y los dormidos. Se divirtió a su manera, mientras esperaba.
Nos damos cuenta de que no queremos saber cómo se divirtió John Dee.
Morfeo yacía en el frío suelo del almacén, indefenso y casi insconciente; podía sentir, a lo lejos, las disrupciones en el tiempo de los sueños, la distorsión y el dolor. Le llevó más de un día recuperar alguna fuerza.
Y luego, encarnado, caminó la milla que le separaba del Rubí y su amo, que le esperaban, susurrando su mensaje de dolor y de locura al mundo.
Morfeo luchó en sueños con Dee por el control del Rubí, por su dominio. Pero luchó en vano: el Rubí le robaba Su esencia.
Es perfectamente concebible que Dee hubiese sido capaz de absorber totalmente a Morfeo al interior de la joya y dejarle allí, un fantasma congelado dentro de un cristal, y todo Su poder a disposición del loco. Perfectamente concebible…
Nuestro vecino deja de leer, levanta la cabeza. Bajo la capucha sólo hay sombras, pero sentimos que nos está mirando; y quizá no hay ojos de verdad debajo de ese hábito. Extrañamente, así nos parece que debería ser, y no nos perturba en absoluto.
Si esta parte de la historia tiene moral, y yo desconfío de ella como desconfío de los principios, es simplemente ésta: conoce aquello con lo que tratas.
Dee creyó que destruyando el Rubí administraba el golpe de gracia. Pero el Señor de los Sueños es de los Eternos, la raza que no son Dioses (porque los Dioses mueren, cuando sus creyentes desaparecen, pero los Eternos seguirán aquí cuando el último Dios haya ido más allá del Reino de la Muerte, hacia la no-existencia), y quebrar el Rubí no destruyó a su Creador.
Al contrario, le liberó. Más que eso, quizá. Liberó todas las energías que encerró en el Rubí desde hacía eones.
El Señor Morfeo llevó de vuelta a Dee a su prisión, y le dejó allí.
Aún escuchamos la historia, esperando algún tipo de conclusión, cuando nuestro vecino cierra su libro. Las frías cadenas que atan al ciego Destino con Su libro tintinean calladamente.
La historia, claro, no ha terminado en absoluto. Pero sabemos que no averiguaremos nada más de esta fuente, e incómodos, nos vamos. Las brumas se alzan, y es hora de volver.
Llegamos a la mitad, miramos por un tiempo, nos vamos antes de que enciendan las luces. Si no hay principios, no puede haber finales.
Estamos solos en la oscuridad. Cada respuesta provoca otra pregunta, y ocurren cosas a cada momento.
Eso es todo lo que necesitáis saber de momento. Confiad en mí.
La historia hasta aquí. Quizás es todo cuando podemos esperar…
Neil Gaiman en Sandman
miércoles, 20 de agosto de 2008
Dave McKean
Dave McKean
Estos dibujos pertenecen al episodio de Hellblazer nº27 (marzo de 1990), de la edición americana. Yo lo compré en un tomo retapado de Ediciones Zinco, cinco números que vendían como una “obra completa”. Obviamente con el episodio de Dave McKean y Neil Gaiman, titulado “Abrázame” daba por bueno el gasto.
Dave Mckean al considerarlo inabarcable, fuera de los límites de la razón y la lógica me centré en leer su obra y olvidarme de aprender de él, me superaba. Lean “Cages”.
En el prólogo del primero de los artículos dedicados a este autor en la revista “U” nº11 (julio 1998) se resumen perfectamente los motivos para asustarse de este autor:
“Dave McKean es un volcán. El habitual símil, tan empleado en el ámbito artístico para referirse a autores de marcado carácter explosivo, parece inventado para él. Leyendo datos de su biografía, siguiendo la sucesión de sus obras, uno casi puede imaginarse las placas tectónicas desplazándose lentamente, golpeándose con una violencia aparentemente tranquila superficie, sin nada que haga presagiar el estallido desatado de magma creativo que se avecina, que se desbordará en todas direcciones. Música, cine, teatro, pintura, fotografía, diseño, historieta o publicidad, ningún medio de expresión le es ajeno a este verdadero renacentista del siglo XX, y en todos ellos es capaz de encontrar un resquicio que le permita plasmar un estilo personal, inquieto y preñado de ideas.” Por José María Méndezlunes, 18 de agosto de 2008
Mike Mignola, o como la mesura es una gran virtud.
Mike Mignola
Este autor, uno de mis favoritos (se habrán dado cuenta de que tengo muchos, pero este realmente es uno de mis favoritos) contiene inquietudes gráficas muy interesantes: síntesis casi geométrica, esa extraña elegancia de línea estilizada y volúmenes masivos, ominosas y melancólicas atmósferas, un radical tenebrismo. Ecléctico en su reciclaje de mitologías, deudor de Lovecraft, minimalismo gótico y una lúgubre decadencia, todo ello bañado por el mórbido cromatismo de Matthew Hollingsworth.
Como decía antes, uno de mis autores favoritos.
domingo, 17 de agosto de 2008
Bob Deler por Cava & Keko
Hace un par de años (o puede que tres) un amigo fue a ARCO, esa magnifica fiesta del dinero, perdón, del ARTE, así con mayúsculas, y en una de las revistas que me trajo (EXIT) venía esta tira, inmensa, de dos de los autores más grandes que tenemos, así de sencillo. La acabo de encontrar ahora, al hacer un poco de limpieza.
He buscado en la red y me encuentro un comentario en la Carcel de Papel, aqui: http://www.lacarceldepapel.com/2008/02/23/%c2%bfarte-contemporaneo/ y los datos técnicos, aquí: Título: BOB DELER Autores: Cava & Keko Edita: EXIT Publicaciones Año: 2008 Idioma: Español Dimensiones: 28,5 x 23, 5 cm Formato: 57 páginas en color / Tapa dura ISBN: 978-84-934639-4-6 Precio: 20 € + Gastos de envío Pedidos: CATACLISMO. Tel. 91 404 97 40. E-mail: circulacion@exitmedia.net
La de cosas que se pierde uno a poco que te descuides.
El nacimiento de una revista
Páginas aparecidas en la revista Krazy comics nº9, junio 1990. Obra de Jordi Sempere y F. Perez Navarro. Las páginas tienen historia, pero a mi me encantan como construyen en tan poco espacio historias enormes. Humor del bueno.
sábado, 16 de agosto de 2008
El sueño de la Atlántida
El sueño de la Atlántida
CARLOS GARCÍA GUAL
CARLOS GARCÍA GUAL
El País Sabado 16/08/2008
La soberbia de un imperio despótico frente a la valentía de una ciudad heroica. Platón no imaginó la fascinación que su ficción suscitaría en la edad moderna. Varios libros rastrean este maravilloso espejismo
Hubo una vez hace mucho (hace casi diez mil años) una gran isla, próspera y bien poblada, que los griegos llamaron Atlántida, porque estaba en el océano occidental, más allá de las Columnas de Hércules, frente al Atlas africano. Y también porque su primer rey se llamó Atlas, primogénito del dios Poseidón y de la bella Clito. De la estirpe del prolífico dios marino fueron sus diez primeros reyes, cinco pares de gemelos. Ellos y sus descendientes afirmaron el poder monárquico y dieron leyes a un extenso imperio. En el llano central de la gran isla -más extensa que Libia y Asia Menor unidas- se alzaba una colina y en ella la espléndida ciudad de los atlantes. Estaba rodeada de varios anillos de tierra y mar -tres canales acuáticos y dos anillos terrestres- , que en un principio sirvieron de defensa a la población, pero luego se enlazaron mediante pasajes subterráneos y puentes. Y en sus puertos y astilleros albergaron una magnífica flota para su formidable talasocracia. Pues pronto los atlantes lograron grandes progresos técnicos y crearon un numeroso ejército.
La soberbia de un imperio despótico frente a la valentía de una ciudad heroica. Platón no imaginó la fascinación que su ficción suscitaría en la edad moderna. Varios libros rastrean este maravilloso espejismo
Hubo una vez hace mucho (hace casi diez mil años) una gran isla, próspera y bien poblada, que los griegos llamaron Atlántida, porque estaba en el océano occidental, más allá de las Columnas de Hércules, frente al Atlas africano. Y también porque su primer rey se llamó Atlas, primogénito del dios Poseidón y de la bella Clito. De la estirpe del prolífico dios marino fueron sus diez primeros reyes, cinco pares de gemelos. Ellos y sus descendientes afirmaron el poder monárquico y dieron leyes a un extenso imperio. En el llano central de la gran isla -más extensa que Libia y Asia Menor unidas- se alzaba una colina y en ella la espléndida ciudad de los atlantes. Estaba rodeada de varios anillos de tierra y mar -tres canales acuáticos y dos anillos terrestres- , que en un principio sirvieron de defensa a la población, pero luego se enlazaron mediante pasajes subterráneos y puentes. Y en sus puertos y astilleros albergaron una magnífica flota para su formidable talasocracia. Pues pronto los atlantes lograron grandes progresos técnicos y crearon un numeroso ejército.
El esplendor urbano y la riqueza de la ciudad de los atlantes evoca las maravillas de ciudades como Babilonia y Susa
Con apoyo divino la estirpe de los atlantes se multiplicó y logró inmenso poderío. Nunca una dinastía regia dispuso de tantas riquezas. La isla era extraordinariamente rica en metales: oro, plata, hierro, además del fabuloso oricalco, y en su flora y fauna. Con su variedad inagotable de plantas, fértiles cosechas y animales de todo tipo, incluidos los elefantes, ofrecía recursos y maravillas en cantidad ilimitada. La arquitectura y la ingeniería rivalizaban en mostrar su esplendor: las murallas refulgían recubiertas de hierro, plata y oro; marfil y oricalco se añadían al oro en los templos, rodeados de estatuas espléndidas; las animadas dársenas y amplios puertos, el gran hipódromo, los verdes parques y las piscinas completaban un espectáculo magnífico. Pero ese esplendor impulsaba también la ambición imperial de los atlantes que, embriagados de lujo y soberbia, se lanzaron con sus muchos miles de guerreros y navíos a someter a todos los países del Mediterráneo. Y casi lo habían conseguido ya cuando chocaron con los atenienses de entonces, dispuestos a luchar en defensa de la libertad.
La antigua Atenas, protegida por Atenea y Hefesto, era entonces una ciudad austera y organizada según severas leyes cívicas como las que Platón describió en sus proyectos de la ciudad ideal. Y sucedió que en una sola batalla, su ejército ciudadano derrotó al muchísimo más numeroso de los invasores atlánticos, con el mismo coraje heroico que empleó muchos siglos después contra el inmenso ejército de los persas de Jerjes. La derrota puso fin al afán imperial de la orgullosa Atlántida. Y poco después la isla entera desapareció. En un violento terremoto y un diluvio extraordinario, en un día y una noche, Atlántida acabó sumergida bajo las aguas del océano. La inmensa catástrofe fue, al parecer, un castigo de los dioses, un golpe del justiciero Zeus, a su soberbio esplendor y desmedida arrogancia.
Todo el relato mítico sobre la Atlántida es una fantasía del viejo Platón, que nos lo cuenta en dos diálogos tardíos: el Timeo y en el Critias. La intención del filósofo era oponer la desmedida soberbia de un imperio despótico a la valentía de su ciudad ideal, sencilla y heroica combatiente por la libertad. El esplendor urbano y la riqueza de la ciudad de los atlantes evoca las maravillas de ciudades orientales como Babilonia y Susa; la talasocracia atlántica, el legendario poderío naval de la minoica Creta. La arcaica Atenas que Platón describe tiene, como la ciudad de sus Leyes, reflejos espartanos. Por lo demás, el desmedido imperialismo atlántico evoca el empeño imperial de la Atenas demagógica, que se lanzó un día a la conquista de Sicilia de trágico final. Platón opone a la Atenas democrática y ambiciosa de su tiempo esa primitiva y virtuosa Atenas, educada según sus diseños utópicos. Para su lección juega con la trama mítica. La introduce, con hábil ironía, como una narración que un sacerdote egipcio (pues los egipcios conservan memoria de un pasado milenario frente a los griegos que, para los sabios egipcios, suelen ser como niños) refirió a Solón, el sagaz viajero, quien lo contó luego a Critias, el abuelo del Critias que, a su vez, lo relata en el Timeo. Al viejo Platón, un tanto melancólico, le encantaban los mitos, y en el Critias, que dejó inacabado, se deleita contando las maravillas de la Atlántida, un espejismo que él mismo creó y destruyó. (Esa destrucción mediante una catástrofe natural pudo inspirarse en diluvios de relatos míticos. Algún arqueólogo moderno sospecha que el cataclismo es un eco del gran terremoto que casi hundió en el Egeo la isla de Tera, en Santorini, y destruyó los palacios de Creta en el segundo milenio antes de Cristo).
Ni en sueños imaginó Platón la fascinación perdurable que su ejemplar ficción suscitaría desde el comienzo de la edad moderna, unos dos mil años más tarde de su invención. La Nueva Atlántida, de Roger Bacon (publicada tras su muerte, en 1627), y la famosa novela La Atlántida, de Pierre Benoit (1919), son sólo los dos ejemplos literarios más conocidos de los cientos y cientos de escritos sobre la isla fantasmal. En esos textos se han prodigado los mensajes exotéricos y las novelas utópicas y la ciencia-ficción. Incontables son los mapas que tiene la Atlántida dibujada en medio del océano entre Europa y América, desde el siglo XVII, y los ecos del mito y las sombras de los atlantes resurgen en las discusiones y fantasías sobre el Nuevo Mundo ya en el anterior. Desde luego, al mito no le faltaban ingredientes de enorme seducción: la Edad de Oro, la isla del paraíso (que combina la más pródiga naturaleza con la más refinada arquitectura), el fulgor de su perfecta geometría urbana, una monarquía de origen divino y el dominio de los mares, y, para culminar su fantasmagoría, la sorprendente y misteriosa catástrofe final. Sobre esa prodigiosa deriva imaginaria de la isla oceánica tenemos ahora el reciente libro de Pierre. Vidal-Naquet, La Atlántida. Pequeña historia de un mito platónico (Akal), que rastrea su estela inagotable y analiza la bibliografía de los últimos siglos. Es, sin duda, el mejor estudio crítico sobre el tema, y une su clara amenidad a su admirable erudición. -
La atracción del pasado
El País Sabado 16/08/2008
TRIBUNA: ROBERT HARRIS
En el verano de 2000 leí un artículo que me cambió la vida. Apareció en The Daily Telegraph, se titulaba ?Nuevas investigaciones sobre la destrucción de Pompeya? y contaba que la erupción del Vesubio en el año 79 después de Cristo estuvo precedida durante varios días por terremotos y por la interrupción del suministro de agua, y que la erupción en sí duró casi 24 horas y no terminó hasta que un viento huracanado de gas ardiente barrió una ciudad enterrada casi por completo bajo la piedra pómez y las cenizas.
Hasta ese momento, nunca se me había ocurrido escribir una novela situada en el mundo antiguo. Al contrario: había pasado más de un año intentando, sin éxito, escribir una novela situada en Estados Unidos en un futuro cercano. Pero entonces me pregunté si podía trasladar mi idea? sobre una comunidad estadounidense utópica que se ve amenazada? a la bahía de Nápoles y utilizar Roma como alegoría de Washington.
Pocas semanas después de leer el artículo del Telegraph, me encontraba en Pompeya, en una sofocante tarde de agosto, mirando hacia el perfil gris azulado del Vesubio, con el calor del sol en la espalda y un olor a humedad en la piedra polvorienta. Vi que el olor de agua procedía de un pequeño edificio junto a la puerta norte de la ciudad. Era el punto por el que el acueducto entraba en Pompeya; desde allí, se repartía el agua a través de tuberías a los 10.000 habitantes. Sabía que debió de secarse un poco antes de la erupción e imaginé a un hombre? un hombre práctico, algún tipo de ingeniero? subiendo al Vesubio a averiguar por qué?
Escribo sobre el mundo antiguo, no para destacar sus diferencias, sino lo que tiene de familiar. Pompeya es una novela sobre las cosas que, como el romano corriente de la antigüedad, damos por descontadas: soportales, túneles, tuberías, grifos, baños, duchas, retretes con cadena, piscinas, cemento impermeable. Igual que nosotros ignoramos alegremente las advertencias sobre el cambio climático y seguimos viviendo nuestras vidas, los ciudadanos de Pompeya ignoraron las señales en el verano de 79 después de Cristo. Mis personajes son, en su mayor parte, modernos y reconocibles: un ingeniero hidráulico, la cuadrilla de operarios que trabaja para él, un promotor inmobiliario, los cargos electos que gobiernan la ciudad. No me interesan los gladiadores, los sacerdotes ni los emperadores: lo que me fascina es lo que hacía que funcionara Roma.
Normalmente, cuando acabo un libro, estoy deseando pasar a un tema distinto. Pero los romanos me cautivaron de tal forma que me embarqué en un inmenso proyecto de ficción: describir la destrucción de la república romana a través de la política cotidiana de la ciudad y utilizando como hilo narrativo la ascensión y caída de Cicerón. Mi principal interés, una vez más, son los detalles prácticos. ¿Cómo funcionaban las elecciones romanas? ¿Cuántos hombres había en el Senado? ¿Cómo se recogían los votos? ¿Cómo conseguía un orador que le oyese un público de miles de personas sin la ventaja de la amplificación electrónica?
Cuando uno empieza a estudiar Roma de esa forma, las diferencias entre nosotros y los antiguos se desvanecen y nos da la impresión de haber atravesado un espejo en el que nos vemos a nosotros mismos. La novela histórica tiene la capacidad de ir donde no pueden llegar los estudios especializados? por muy brillantes que sean? y de dar al lector, mediante la invención de personajes, una empatía imaginativa con el pasado. ?Desconocer lo que ocurrió antes de nuestro nacimiento?, escribió Cicerón en Orator, ?es seguir siendo siempre un niño. Porque ¿cuál es el valor de la vida humana si no se relaciona con las vidas de nuestros antepasados a través de lo que nos cuenta la historia??. Ése es el atractivo del mundo antiguo.
Robert Harris (Reino Unido, 1957) es autor de Pompeya e Imperium (ambas en Grijalbo). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
martes, 5 de agosto de 2008
Los 100 años del cómic por Will Eisner
En todo el mundo, creadores, editores, libreros y lectores están celebrando los cien años del cómic.
Los cómics, tal como los conocemos, son una forma de arte literario que en realidad comenzó en tiempos prehistóricos y que emergió hace cien años como nuestra forma de expresión artística más popular. A lo largo de todo este tiempo, el medio introdujo en una gran comunidad de lectores un elenco de protagonistas familiares. En el proceso, los dibujantes que los crearon también tejieron un entramado mitológico que sirvió para aglutinar las diversas culturas de todo el mundo.
Los personajes creados por un dibujante para el público de un país llegaron a ser ampliamente estimados por el público de otros muchos paises. Pronto, los dibujantes se convirtieron en “narradores autóctonos” para el mundo entero. Los cómics evolucionaron hacia un lenguaje gráfico universal, el cual no sólo vehiculó mensajes políticos, sino que también entretuvo e instruyó a generaciones de niños rumbo hacia su etapa de adultos.
En el primer tercio del siglo XX, los dibujos que aparecieron en los periódicos se adaptaron al formato, desarrollando imágenes y texto en una secuencia. De esta forma, no solamente podían narrar chistes complejos, sino que incluso llegaban a articular historias de aventuras. Por aquel entonces, el cine y otras tecnologías comenzaban a cambiar el ritmo de lectura de la audiencia, y los cómics encontraron un público dispuesto ya que en ellos se combinaban imágenes y palabras en una forma acelerada de lectura. Los cómics consiguieron una aceptación indiscutible en el medio impreso.
En 1935, los cómics evolucionaron. A partir de la recopilación de tiras publicadas inicialmente en prensa, los cómics “books” desarrollaron un formato estandarizado, incrementando su coleccionabilidad y uso. El material de los comic-books evolucionó rápidamente hacia historias originales completas, y de ahí hacia las Novelas Gráficas.
Eso supuso un avance en la estandarización del dibujo y la sofisticación de las historias, que continúa madurando y mejorando.
Los años 1965 y 1990 vieron el incremento de las convenciones de cómics por todo el mundo. Esas reuniones internacionales de dibujantes, guionistas, editores y fans abastecieron el crecimiento del medio y aportaron a los creadores una repercusión global. El comic-book, ahora vehículo independiente de las tiras de prensa, ha encontrado un lugar en las librerías y bibliotecas. Lo más importante es que su aceptación popular trajo consigo unos ingresos respetables para sus creadores, lo cual atrajo lógicamente a dibujantes y guionistas de talento muy considerable. La comunidad de creadores que ahora trabajan en el cómic incluye a gente que proviene de las “bellas artes” y del mundo del teatro y la literatura. Ahora los cómics están considerados seriamente como una forma literaria en círculos académicos y en reputados premios nacionales.
Bien, ¿y qué pueden deparar los próximos cien años? La tecnología de la comunicación se expandirá y los vehículos de la comunicación como la imprenta y el celuloide se verán afectados. Pero uno no debe infravalorar el carácter práctico y la manejabilidad de lo impreso. El uno de imágenes (metáforas) se expandirá mientras se incremente la necesidad de la velocidad en las comunicaciones. Lo cierto es que los cómic ya no serán una novedad. Serán utilizados como recurso para narrar una historia. La gente continuará adquiriendo un conocimiento de la vida y vivirá a través de las historias de ficción.
La necesidad de humor y de imaginación no desaparecerá. El medio de difusión de esas ideas con palabras e imágenes será incluso más importante que nunca.
El nivel de los dibujantes, la habilidad de observar la vida y de reducirla a una majestuosa combinación de palabras y dibujos, la estructura esencial que construye un cómic, perdurará.
Catálogo 14º Salón Internacional del Cómic de Barcelona
domingo, 3 de agosto de 2008
Dulces dibujos
El dibujo al pastel fue una incursión al color, un aprendizaje tardío para unos novatos ilusionados con el de trabajo de los pintores, una evolución natural para gente obsesionada con los cómics, pero dependiendo de un aprendizaje autodidacta, lento y en cierto sentido absurdo.
Venantius nos enseñó a perderle un poco el miedo escénico al color con el pastel, y para empezar realizó un dibujo de algo que nos motivara, y que al mismo tiempo pudiésemos compartir. Así, ante mis maravillados ojos, con unos gestos de las manos, trasladó el póster de la película Matrix, la primera, al papel. La idea, terminar cada uno de los protagonistas, tres rostros, tres dibujantes. Nunca se terminó. Me quedé con el dibujo. No creo que se termine nunca. Hicimos más dibujos, yo nunca pasé de una fase simple, torpe. Mi amigo Francisco Miguel si dominó la técnica con soltura
martes, 29 de julio de 2008
Del uso y del abuso
La Historieta española. Historia basal, apremiada, de urgencia sobre un arte –un medio, una industria- que se fue debilitando en su propio cansancio, que se desplomó, exangüe, sin esperar a la llegada del tercer milenio.
Nuestra Historieta, la española, fue noble y esclavista, radical y pusilánime, pionera y plagiaria, guerrillera y doctrinaria, alucinada, servil, lúcida, abstrusa, apátrida, demente, feminal, imbécil, insumisa y, siempre, amante del octavo pecado capital: la comunicación.
Historietistas y editores, teóricos y censores, libreros y lectores abusaron entre sí, contra sí, para sí con sus pretensiones robinsonianas, y el futuro, distante en su lógica fría, les alcanzó con su cimitarra para el degüello final, inapelable. Náufraga, incomprendida, desvalida, arrinconada, nuestra Historieta, el pan con sonido de disparo, aún intentó una fuga tangencial, un desmaquillar, un revolverse meditado en el final del siglo XX. Demasiado tarde; el sueño terminó. Ya no es el pan de cada día.
Y es la hora del resumen ambiental, del compendio anotante, del aviso precipitado, de la clasificación, de la taxonomía, del diccionario. Por si un acaso, por si hubiera un después, por si el destino se aletarga, por si mereció la pena; que así fue.
Jesús Cuadrado
lunes, 28 de julio de 2008
Digamos, por decir algo
Digamos, por decir algo, que hay un niño. Alguien que mira el mundo que le rodea con unos ojos enormes, abiertos al máximo, curioso. No se detienen mucho tiempo en nada. Su curiosidad innata, por otra parte, le hace observarlo todo. No se detiene en leer, cosa que por otro lado aún le puede suponer esfuerzo, o no, quien sabe. Pero son las imágenes las que le fascinan. Recrea sus pensamientos en torno a lo que ve. Fascinado recorre una y otra vez las viñetas de eso, que sus mayores, le dicen, llaman tebeos.
Así ha ocurrido durante varias generaciones, utilizo la forma en pasado por que al parecer, ya no ocurrirá más.
Si durante más de cien años una serie de personas se han encargado de realizar un extraordinario trabajo, si estas personas han logrado que la palabra historieta, tebeos, cómics estén en la memoria popular (y la lista de personas, que me perdonen ellos, es enorme, y conste que no la reproduzco por su larga extensión en este texto) y sean un referente cultural de un calibre inimaginable, se debe a su trabajo abnegado y sincero. Estas personas digo, a largo de esos más de cien años, su ÚNICA recompensa es saber que algunas personas (pocas) conocen de su verdadero valor. Y son muy abundantes, los contras de haber realizado ese trabajo: los perjuicios, los sinsabores (y otra lista igual de grande de negaciones para esas mismas personas, a lo largo de esos más de cien años).
Pasados cien años de la aparición en los medios de comunicación de la historieta, esta parece agotada, exhausta. Sólo lo parece, entre la muy generalizada y agotada parálisis mental del conjunto de las artes creativas. Periódicamente surgen altruistas, utópicos soñadores, inconscientes e inútiles que creen que no, que no puede ser, que no me lo puedo creer, que no, no (aquí entra el firmante de esto). Y así seguimos durante años.
(Nota : Lamento no recordar de donde extraje el texto, aunque tengo una vaga idea. Espero el autor sepa disculparme, no me maldiga, y permita que reproduzca una impresionante explicación de algo que adoro)
La historieta, un medio menor.
Hace algún tiempo, un conocido mío observaba las revistas de un quiosco mientras esperaba nuestra cita. Cuando me incorporé a su lado. Me soltó: “Fíjate cuanto bombo le han dado a la muerte de Superman que ¡hasta han hecho un cómic de eso!”
Asentí entre divertido y desorientado para, más tarde, meditar sobre aquella manera de entender a los tebeos: como un campo desligado del resto de los medios de comunicación, merced a verlo sometido a ellos.
Rebusqué en mi archivo de recortes de prensa y, canastos, era cierto, Superman no era un personaje de cómic, se trataba de un personaje de película, tal y como afirmaban algunos de los más emblemáticos del país. Que duro golpe, ¡habíamos sido engañados todos los lectores del personaje durante décadas!
La explicación no es fácil darla. La estandarización del cómic como medio de comunicación de importancia menor no es que se haya producido, es que la masa no lo ha aceptado aún como tal medio, pese a la influencia que viene ejerciendo sobre los usos sociales y las artes, ante todo desde los años 70. Hoy en día, la no cesión de importancia al mundo de la historieta es copartícipe con la crisis de intelectualidad por la que navegan la narrativa, la pintura y el cine, atrapados todos en una estructura de mercado que los ahoga, los disuelve, en un caldo de cultivo listo para consumir por la nueva raza social y urbana, llamada por algunos sociólogos “el proletario de la psique”, los cuales no esperan nada y llevan una vida condicionada, rendida voluntariamente a la imagen efímera de los medios de comunicación.
Por estar el público acostumbrado a un tipo de estética fácil (conocen aquello que se anuncia a su lado, no aquello a lo que deben desplazarse para conocer), los tebeos se sumen en el pozo de la ignorancia, del producto basura para comprar y tirar que no deja rastro, deleble en la Historia y en la vida.
Los cómics que se dedican a obtener beneficios de los grandes acontecimientos cinematográficos son en parte culpables del olvido de su oriundez. Los Star Wars, Predator, Terminator y similares condicionan a la generalidad a considerar que cualquier tebeo de importancia socializante puede estar ligado, en su origen, al cine o a la TV por esa carestía que, desgraciadamente, se le da a la historieta como medio generador de ideas y cultura.
El caso de Conan es proverbial. Todo el mundo lo conoce, pocos saben que es un personaje de procedencia literaria y, a partir de 1980, un gran porcentaje de personas lo tienen asociado a la figura de cierto actor de cine. El producto que, entendido como tebeo, no alcanzaba por completo su difusión masiva, consigue su gran apapsis a raíz de convertirse en producto cinematográfico, hecho este que satisfizo todos los objetivos de su popularidad, sepultando bajo el olvido el esfuerzo del medio de la historieta (por no mencionar el de la literatura) de aupar al personaje en el conocimiento popular. Con la prostitución de medio a medio. Conan ganó puntos de aceptación, pero perdió pureza, como la sonata que retumba en la discoteca entre estertores de pretendida neo-renovación.
Y es curioso que, al igual que el anterior, Superman sea un personaje que haya naufragado en su propia puerilidad, el cine terminó por retratar el estilo del personaje añejo, el que caducó en los 80, no pudiendo luego renovarlo. Matarlo fue, pues, obligado; resucitarlo, sin embargo, no tiene visos de revolución sino de sumisión al mercado.
Manuel Barrero
miércoles, 23 de julio de 2008
Marvel versus Manga
La portada en la que me "inspiro" tiene veinte años, justos, de 1988, ¡que susto! Magnifica ilustración de Alan Davis para el Anual nº 11 de la Patrulla X. Y yo llevaba arrastrando el dibujo a lápiz desde hace cantidad de años, hasta por fin lo he terminado, o algo así. Una "versión" con Briareos personaje de Appleseed del autor Masamune Shirow. Me gustó mucho lo que hizo Jordi Sempere con Asterix y Obelix metiendolos en un museo viendo un cuadro que es una portada de Appleseed con ellos como protagonistas en vez de Briareos Hecatonchires y Deunan Knute. Discurso metalingüístico creo que le dicen. Yo os pongo sólo lo que yo he hecho.
lunes, 21 de julio de 2008
Hayao Miyazaki
Una leyenda viva en la animación. Un autor con obras personales, a pesar de ser películas laboriosas y caras. Trabajador incansable (ahora es un animador senior y solo trabaja diez horas al día), dibujante, pintor, diseñador. Fanático de los aviones, su familia tenía una fábrica de aviones antes de que la guerra lo cambiase todo en Japón.
He disfrutado de su extensa filmografía, poco a poco, a medida que he ido creciendo, con auténticos destellos gloriosos, curiosidades como "Laputa, un castillo en el aire" que pude ver en un festival de animación manga, allá por el año 1993 o 1994, no recuerdo bien, en la época furiosa de "Akira". Habrían de pasar diez largos años hasta que por fin pude volver a ver esa película. En fin, la nostalgia que me puede.
Hay una película de Miyazaki que comparte algunas pautas, o características con nuestro trabajo en "El Ojo de Melkart", como por ejemplo: bosques de épocas remotas; un contacto entre el hombre y los dioses, o al menos con la naturaleza; en definitiva, querer mostrar el pasado del hombre más allá de las pautas que recuerdan con detalle las crónicas y los libros, antes cuando la transmisión del saber era oral para que no cayese en malas manos.
Así, "La Princesa Mononoke", la película en cuestión, disfruta de pinturas para los fondos y escenarios que son auténticas maravillas que recrean bosques milenarios, antes de que el hombre los destruyese.
jueves, 17 de julio de 2008
La romanización II
Pero la explotación no se ceñía a llevar continuamente al erario cifras elevadas de oro y plata, que fomentaban la formación y el desarrollo del capitalismo, sino que abarcaba los más diversos aspectos. Ya se aludió a que lógicamente las minas andaluzas y de Carthago Nova debieron ser explotadas a un gran ritmo desde el primer momento de la conquista para evitar situaciones tan caóticas como las descritas por C. Escipión en el año 215, en que el ejército victorioso se encontraba en la indigencia. A Schulten deduce la explotación de estas minas de una inscripción que aparee en lingotes de plomo. Posidonio vio que trabajaban en ella esclavos indígenas. Se conocen otros datos en este sentido. Las explotaciones mineras hispánicas eran tan famosas en todo el Mediterráneo, que el libro primero de los Macabeos las presenta, como causa de la conquista romana de Hispania. Catón tenía a las minas de hierro y plata que se encontraban cerca del Ebro, y a una tercera de sal pura, por muy productivas.
La Península también pagaba contribuciones en especie, principalmente en trigo. En este aspecto, el tributo ascendía habitualmente al cinco por ciento de la cosecha de grano, además de las otras contribuciones; en lugar del trigo se podía cobrar su valor en dinero, pero según la estimación fijada por los pretores. Ya en el año 203 Hispania tiene que proporcionar, para la guerra en África, trigo y capas. Este mismo año exportó trigo a Roma en tal cantidad que motivó una enorme baja de precios; aportaciones en grano que eran tanto más estimables cuanto que en algunos momentos, los primeros de la conquista, el ejército de ocupación se había visto obligado a importar los víveres de Italia. Todavía en el año 180, a través de una noticia transmitida por Livio en boca de T. Menio y de L. Terencio Masaliota, se sabe que era costumbre enviar estipendio y provisión de víveres. Otros tributos de guerra exigidos frecuentemente eran de utilidad inmediata, como la entrega de sagos, muy necesarios para defenderse el ejército de un clima tan áspero y duro. También hay constancia de entregas de túnicas y togas.
Las continuas guerras hispanas favorecieron además el capitalismo romano proporcionándole grandes masas de esclavos. Estos figuran entre el botín tomado al comienzo de la conquista en Cesse; en el año 212, al liberar los Escipiones Saguntum del poder cartaginés, sometieron a los turboletas y los vendieron como esclavos; después de la batalla de Baecula (208), el Africano vendió por medio del cuestor las tropas africanas capturadas, mientras que dejó libres a los indígenas; lo mismo hizo Catón con los vergistanos en el año 195; en el 184, A. Terencio vendió a los habitantes de Corbion, en la Citerior. Esclavos figuran entre el botín que Escipión llevó a Roma. Estas citas y el derecho de guerra autorizan a admitir que la costumbre era, siempre que se hacían prisioneros, venderlos; y las cifras a ese respecto, en estos años son bastante elevadas.
Las guerras hispanas fomentaron considerablemente el desarrollo de la clase dedicada al comercio. Menciones de mercaderes en este periodo se conocen dos: una de ellas refiere que los habitantes de Astapa capturaron a los sirvientes de armas y mercaderes desperdigados por el campo; otra, que debían de ser muchos, y sus ingresos muy lucrativos, ya que eran ellos los que compraban el botín – al que se conocen tantas alusiones en las fuentes- y los esclavos. Por otra parte, las relaciones marítimas con Italia eran continuas lo que favorecía el comercio y la formación y desarrollo de compañías navieras, puesto que, como hemos dicho, el ejército romano se vio obligado en los primeros momentos de la conquista a traer las provisiones de ciudades de Italia, como Ostia y Puteoli. Los mercaderes eran los que abastecían al ejército de trigo y Catón los mandó a Roma alegando que la guerra se alimentaba ella misma.
La explotación de la Península fue total, continua, despiadada, y ello originó las continuas guerras y sublevaciones indígenas hasta la llegada de T. Sempronio Graco, que, gracias a su política de ecuanimidad, logró que Hispania disfrutase de veinticinco años de paz. Baste citar dos hechos que confirman la dureza de la explotación por parte del capitalismo romano. Ya dijimos que al rendirse Gades en el 206, se estipuló que no residiría en el ciudad prefecto cuyo objeto fuese obtener dinero; pero no se cumplió esta clausula hasta que en el año 199 los gaditanos se quejaron a Roma, lo que prueba también el poco caso que los romanos hacían de los tratados; y lo mismo se vuelve a confirmar con la defección, en el año 197, de las antiguas ciudades fenicias de Malaka y Sexi. Hispania provoca la introducción del tribunal jurado, en el año 171, para los excesos en la provincia; se trataba de la acción judiciaria contra tres pretores: M. Titino, de la Citerior (170-166), P. Furio Filón, igualmente de la Citerior (174-173), y M. Matiello, de Ulterior (173). Patronos de los iberos fueron Catón, Escipión y Paulo I. Esta creación indica que, si los excesos eran frecuentes, también hubo algunos gobernantes de los que los indígenas conservaron buen recuerdo. Los hispanos lograron que las autoridades romanas no fijaran el precio del trigo y que no se colocaran recaudadores en las ciudades para cobrar los tributos.
En particular, la Península contribuyó valiosamente al lucro de la clase ecuestre, que era la que tomaba en arriendo, como en el resto del Imperio, las aduanas establecidas con motivo de la creación de las dos provincias en el año 197, la contribución sobre el trigo, la recaudación de los tributos y la explotación de las minas. De este modo Hispania aportó mucho al crecimiento y vigor de esta auténtica oligarquía plutocrática, que ahora se encontraba en proceso de formación.
El impacto de la conquista de Hispania alcanzó además, hasta las mismas instituciones civiles y militares, que se vieron obligadas a evolucionar rápidamente. El poder militar sufría, al comienzo de la conquista de la doble traba de la anualidad y de la colegialidad que la constitución imponía a su ejército. Las guerras sostenidas en la Península obligaron a cambiar la constitución porque las operaciones imponían la permanencia en el mando por más tiempo. Ya al principio de la conquista, con la muerte de los Escipiones, se dio un caso verdaderamente revolucionario para la mentalidad del Senado: el ejército reunido en comicios militares sin esperar el envío de nuevos generales desde Roma, entregó el mando supremo a un simple caballero, L. Marcio Séptimo, que por sus éxitos, arrojo, y decisión, se había hecho digno de tal honor.
La intervención de los soldados, aunque atenuada por las caóticas circunstancias en que el ejército se encontraba, constituía un acto sin precedentes en el Estado romano; el Senado no ratificó la elección y se apresuró a enviar un general. Pero el año siguiente se produjo otro hecho más significativo todavía, de grandes consecuencias en la carrera del protagonista: P. Escipión, hijo de uno de los generales muertos, joven de apenas veinticinco años, que no había desempeñado más cargo que el de edil, ante la falta de hombres que quisieran hacerse cargo del ejército en Hispania se presentó al pueblo y solicitó el mando. El pueblo se lo otorgó con el título de procónsul y de forma excepcional. Escipión es , pues, primer priuatus investido con el imperium proconsular. En el año 210 desembarca en Hispania y, gracias a la forma legal de la prórroga, ya documentada durante la Segunda Guerra Púnica (su tío Cn. Escipión había mantenido el poder en Hispania durante ocho años seguidos: 218-211), retiene el mando a lo largo de cinco años consecutivos. Cónsul en el año 205, P. Escipión es el primer general que quiere contar con el apoyo del ejército que ha servido a sus órdenes para obtener el consulado, lo que prefigura ya el mando, sostenido por el ejército, de Mario, Sila y César. Conquista Sicilia después y prepara el ataque a Cartago. Desde el año 204 al 202 dirige al ejército en África y el año 201 entra triunfante en Roma. La duración de este mando era un hecho insólito en la historia romana y significa, como ha visto L. Homo, que el poder militar romano avanzaba a pasos agigantados hacia la dictadura. Escipión el Africano es también el primer romano que fue aclamado como rey varias veces en la Península. Los sucesores de Escipión iban a ser nombrados con el mismo poder que él (205-198) y por el mismo procedimiento.
Las guerras de la Península eran de unas características tan peculiares que los casos de mando ejercido durante muchos años, y contra la costumbre de prolongarlo a los procónsules y propretores por un año o a lo sumo dos, no fueron sólo los de Cn. Escipión y su sobrino; P. Cornelio Léntulo y L. Manlio Acidino retuvieron el gobierno respectivamente durante cinco (205-201) y seis (205-200) años. En 200 tuvo lugar otro hecho nuevo y opuesto a la costumbre establecida: el Senado, por unanimidad y contra la oposición del tribuno Tito Sempronio Longo, concedió el triunfo con ovación al procónsul Cornelio Léntulo a pesar de que no era ni dictador, ni cónsul, ni pretor. En la Península lo normal es, pues, la excepción; así se concede el mando a simples particulares con poder proconsular, como se indicó (P. Cornelio Escipión, C. Léntulo, L. Manlio Acidino, C. Cornelio Cetego, Cn. Cornelio Blasio, L. Estertinio). En el año 197 se aumentó el número de pretores de cuatro a seis a causa de las dos provincias hispanas, que a partir de este año se encontraron mandadas por pretores proconsulares. A estos pretores acompañaban doce lictores en lugar de los seis que seguían a sus colegas de otras partes. La división en dos provincias impidió que funcionara la colegialidad de los pretores, designados individualmente como gobernadores de cada provincia. La costumbre que el Senado seguía con respecto a las provincias de Hispania fue la de prolongar el mando (en virtud de la lex Baebia) a los pretores. A. Schulten ha podido escribir con toda exactitud que “en la historia de la administración provincial, Hispania marca una época”, y Oman que “la primera ocasión en que se hubo de contrastar el arcaico sistema municipal de gobierno, como sistema aplicable a la administración de lejanas provincias, fue con la adquisición de los dominios cartagineses en Hispania […]. Estos territorios separados de Italia por los de la costa meridional de las Galias aun no sometidos al Imperio, no eran accesibles para llegar a la Península Ibérica sino mediante una larga travesía marítima […] que en ciertas épocas del año era evitada a toda costa. Por esta causa los procónsules tuvieron en Hispania desde el principio, una libertad de acción que ningún gobernador había tenido hasta entonces”.
En lo militar también el impacto de la conquista de Hispania fue grande. Ante todo, Roma necesita por vez primera un grueso ejército de ocupación permanente. Entre los años 186 y 179 residieron cuatro legiones. Se ha dicho que los romanos muy probablemente copiaron el vestido, el sagum, de los indígenas, que llegó a ser el “uniforme militar romano por excelencia”. También adoptaron armas como el gladius hispaniensis, que los macedonios conocieron por primera vez en el año 200, y el pilum, cuya descripción coincide con la de la falárica ibérica. Con toda razón ha podido escribir Schulten que “puede decirse que forma época para los romanos la guerra en Hispania en cuanto a trajes y equipo de guerra”. Por otra parte, los romanos frecuentemente impusieron a los indígenas un tributo en tropas, y en la Península por primera vez admitieron mercenarios en sus ejércitos: celtíberos en el año 212.
La Península contribuyó al embellecimiento de Roma: en el año 197, L. Estertinio, con el producto del saqueo, levantó dos arcos en el Foro Boario, delante del templo de la Fortuna y del de la diosa Mater Matuta, y un tercero en el Circo Máximo, y sobre ellos erigió estatuas doradas. Años después (172), Fulvio Flaco levantó, en cumplimiento de un voto hecho durante su lucha contra los celtíberos un templo consagrado a la Fortuna ecuestre.
El impacto de la conquista de la Península fue también para Roma de signo negativo: las continuas bajas del ejército y los frecuentes reclutamientos autorizados por el Senado contribuyeron, ya en los comienzos del siglo II a. de C., a la ruina y desaparición de la clase media, como después de las guerras celtíberas y la numantina. Ya Tito Livio nos informa de que en el año 180 era difícil encontrar, en la corporación ciudadana, los elementos necesarios para completar las legiones.
Del libro "Ciclos y temas de la Historia de España: La Romanización" autor- José María Blázquez
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