sábado, 2 de febrero de 2013

De formato en formato hasta la victoria final

 La relación entre continente y contenido, es una vieja historia de aireados escarceos amorosos, sobre los que es mejor no insistir para evitar los tópicos y las trascendencias varias. Así que, situados bajo ese marco general, centraremos nuestra mirada en el caótico mundo de los formatos historietísticos: tiras, páginas dominicales, suplementos de diario, comic books, cuadernos apaisados, álbumes de todos los tamaños, libros gráficos... etc, un amplio muestrario, que evidencia más la dispersión que la riqueza de la variedad.




A caballo de la prensa escrita
Compañero de viaje o hermano menor de otros medios de expresión, el comic, busca en sus inicios acomodo en plataformas ajenas, especialmente en la prensa escrita, aunque también lo ha hecho en los libros, o incluso en algunas colecciones de novelas de bolsillo de la memorable Bruguera (Extra-Búfalo y Extra Bisonte creo que era su título). En todo caso la situación de la historieta en los diarios y revistas, sea en tiras o en páginas y suplementos, es de dependencia y su función es esenciamente la de apoyo, como complemento de una oferta cultural de carácter global dirigida hacia un público muy amplio y de opciones estéticas de tipo standard. El hecho de que, a pesar de estas limitaciones, algunos autores consiguieran obras maestras que han vencido el desafio de la provisionalidad y precariedad que limitaron su nacimiento, no contradice la norma general de producto de fácil consumo con una temática centrada en la evasión, sea esta humoristica, aventurera, romántica e incluso costumbrista. El paso del tiempo, la evolución del comic y sobre todo la competencia de los medios audiovisuales, han reducido el papel de las viñetas en la prensa yanqui, donde solo se mantienen las de tipo humorístico y con menores niveles de popularidad que




antaño. Y es curiosamente en estos momentos, cuando al otro lado del Atlántico el soporte prensa se halla en franca decadencia, cuando en nuestro país, y en general en Europa, toma un protagonismo que tampoco tuvo en épocas anteriores. Pero en este caso se trata de la combinación de dos tendencias, por una parte la de la prensa escrita que busca adornarse con elementos gráficos que amplíen su no muy numeroso público, y por el otro lado, la de la necesidad de conseguir soportes para la republicación por parte de la industria del comic, en un momento en que el formato y el concepto tebeo están en crisis de decadencia y desaparición. Por ello la vuelta de la historieta a las páginas de los diarios y de las revistas, presenta aquí y ahora unas características muy diferenciadas de las que se dieron en su aparición en la prensa de los U.S.A., ya que la relación de dependencia ha estado sustituida por una de mayor igualdad, o de menor desigualdad para ser más correctos, pese a todo ello se mantiene el condicionante de un público, que no es especialmente aficionado al cómic y que además es catalogado de antemano como infantil, ni tan siquiera juvenil, en la mayoría de los casos, aunque por fortuna las excepciones a esta regla empiezan a ser más abundantes. De todos modos este proceso es aun incipiente, y dada la peculiar estructura tanto de nuestra industria como de nuestra creación, aun es pronto para desechar futuras agra-dables sorpresas de carácter generalizado, aunque es de dudar que así sea, ya que este acercamiento entre los dos medios se produce desde una postura de gran ignorancia del mayor respecto del pequeño o menos desarrollado.


 Entre el cordel y la electrónica
El camino de la evolución de la historieta, dentro de las páginas de la prensa, tenía unos límites claros, marcados por la falta de autonomía, la dependencia del público y la necesidad de concebir las obras según el ritmo de aparición de los periódicos, circunstancia esta última que ha generado especiales habilidades, y también frustraciones en el tratamiento del gag y del continuará, pero que reduce las posibilidades creativas. Es normal pues que se utilizaran otros formatos, más aún si tenemos en cuenta que la literatura popular, la del cordel, folletín, pulp, era un antecedente de claras ligazones temáticas. Así surgen de una común raíz, aunque dispersos en el tiempo y en la geografía, los comic-books y los tebeos apaisados o en forma de cuaderno, como una continuidad de la narrativa de masas, pero en la vertiente de la imagen. En cierto sentido fueron un preludio de la hegemonía de la televisión y el video, que sería también el origen de su fin. Es cierto que los comic-book han conseguido conservar una parcela del imaginario popular, pero también lo es que cada vez más se modifican sus líneas editoriales hacia un nuevo tipo de producto, e incluso un nuevo formato, pero de esto ya hablaremos más adelante.


Renovarse para morir
El tebeo o la revista de historieta, es un formato muy europeo y que se corresponde con la existencia de un tipo de cultura más consolidada y jerarquizada que la de los U.S.A., que se resistió más al reconocimiento de valor comunicativo de la imagen y que segregó los avances historietísticos en el gueto generacional de lo infantil. Hacia finales de la década de los sesenta, los cambios socio-culturales que se desarrollaron alrededor de la movida de mayo del 68 se reflejaron también en la historieta, especialmente en la revista Pilote que inicia el proceso de actualización y modernización de los tebeos que habría de conducir paradójicamente hacia lo que ahora parece como su inevitable desaparición. Claro está que, sin ese aggiornamento, no sólo fenecerían igualmente, sino que lo harían sin llegar a crear la solución de un cambio que son los álbumes. Porque la evolución de las revistas hacia crisis ha venido marcada por una contradicción entre la evolución del medio y las restricciones que impone el formato. Las historias del continuará ya no se adecúan al nuevo lector y a la nueva historieta y la heterogeneidad temática y de calidad de la mayoría de los tebeos que aún quedan, genera confusión y rechazo en el que los lee. Es el fin de la era de la historieta dentro de la prensa y el inicio de su emancipación dentro del campo de la edición.


Inicio o final, según se mire
Hace pocos años, aún se discutía sobre la validez de la fórmula revista o sobre el futuro de los álbumes, hoy día la polémica es inútil y se halla sentenciada desde el mismo momento en que en Francia empiezan a cerrar revistas y los editores, ni todos ni de la misma manera, optan por la definición de las obras en función el formato álbum y no de su paso por la prepublicación. Aquí a pesar de que el número de álbumes ofertados ha crecido progresivamente en los últimos años, lo ha hecho en gran parte gracias a una masiva importación de obras del estado vecino, mientras que lo que se produce del país aún sigue estando en gran manera condicionado, por su paso por la correspondiente revista, que cada vez más se parece a un catálogo de ventas al extranjero, cuando no son una antología de viejas glorias o un escaparate de repetitivos apareamientos carnales. O sea que estamos aun en la base de la ola, cuando otros ya han abandonado su cresta, a este paso hasta los yanquis nos van a ganar, que los boys se están poniendo al día con sus prestige, sus novelas gráficas y sus ediciones de lujo; eso sin tener en cuenta a la excepcional Raw que podría ser considerada la propuesta de revista futura, minoritaria, aperiódica, experimental y concebida en cada número como si fuera única y diferenciada siguiendo la lógica de la edición y no la de la prensa. La consolidación de los álbumes no significa que se haya impuesto la standardización del formato, en realidad las formas son múltiples como respuesta a las presiones históricas, culturales y comerciales, que actúan sobre la historieta para resaltar: bien su aspecto pictórico, bien su relación con la literatura, o su condición de objeto-fetiche o de mercancía que adaptan a los vaivenes del mercado y de la industria. Las tapas duras o blandas, los diferentes tamaños, las tiradas limitadas, la relación con la novela y la ilustración, no son sino variables externas de la pugna por definir un espacio propio y específico para desarrollar el lenguaje de las viñetas, para asegurar el futuro de la historieta como un medio diferente, y con potencialidades aun por desarrollar. Nos haremos viejos leyendo tebeos, aunque sean otros tebeos.
■ Pepe Gálvez.



Krazy Comics nº extra (último número) oct/nov/dic 1993